REALPOLITIK – ‘ALL THE WAY’, de Jay Roach

All the way (2016) de Jay RoachALL THE WAY (2016) de Jay Roach

En plena antesala de unos comicios presidenciales estadounidenses que se antojan como una elección entre Guatemala y Guatepeor (ni la más desenfrenada de las sátiras políticas podría imaginar un escenario en el que un fantoche como Donald Trump fuese un serio candidato a la Casa Blanca), por un lado, y en plena efervescencia del movimiento Black Lives Matter, ante la anacrónica brutalidad policial selectiva en “la tierra de la libertad”, por el otro, llega en el momento perfecto la gran apuesta del año de la HBO en el formato del telefilm. La cadena busca repetir el éxito crítico y académico de Game change (hace cuatro años) y de El recuento (hace ocho), y para ello, nadie mejor que el mismo realizador, Jay Roach, y un envidiable reparto con Bryan Cranston al frente (que ya trabajó a las órdenes del cineasta el año pasado en Trumbo, un reto muy similar), demostrando por enésima vez su versatilidad y riqueza interpretativas en cualquier tipo de registro, probando a su vez Roach, una vez más, su gran valía como director de actores.

DixiecratsCurtido en el drama político, pero también en la comedia (sagas Austin Powers y Los padres de ella), el director repite la fórmula de Game change de la parodia y la hipérbole de baja intensidad, esta vez para retratar tanto a un Lyndon B. Johnson más histriónico de lo esperado (ante la falta de suficientes referentes, pues poco ha explorado el audiovisual la figura del “presidente por accidente”, al menos de manera central) como sobre todo al ala más conservadora, racista y retrógrada del Partido Demócrata, la sureña, cuyos integrantes no desentonarían a día de hoy como afines a Trump (lo mismo aplica al siempre inquietante J. Edgar Hoover). Y aquí se encuentra realmente el meollo, pues nuevamente, y de modo igualmente acertado, el biopic se centra en un marco espacio-temporal muy específico, el de la controvertida y ardua aprobación del Acta de Derechos Civiles impulsada por Martin Luther King, estando a la vuelta de la esquina las elecciones en las que Johnson tendría que someterse al veredicto de las urnas y dar la reválida a su primer mandato, fugaz tras el repentino asesinato de Kennedy.

La concreción del marco y el contexto a un lapso breve de la Historia estadounidense, pero crucial para la posteridad y plúmbeo en su naturaleza, permite definir, desarrollar y jerarquizar mejor tanto los conflictos, como los mensajes, como las intenciones de la película, que puede escapar así de la indefinición, morosidad y superficialidad “atrapalotodo” del que adolecen tantos biopics y dramas políticos. También huye, al igual que en Game change, de discursos heroicos y glorificadores, de ensalzar al personaje histórico de turno en clave mesiánica, pero al mismo tiempo, sus movimientos desmitificadores se quedan en lo muy latente e implícito, lo suficiente para dotar de realismo y pragmatismo al relato sin por ello despojarlo de fluidez e intensidad.

All the way (2016) de Jay RoachPorque precisamente ahí, en el pragmatismo político, es donde se encuentra la clave semántica de All the way y donde radica su validez como narración histórica y sociopolítica de un tiempo pasado pero a la vez con un innegable factor de rabiosa actualidad. No llega al nivel de Game change porque ni Johnson ni King albergan, ni de lejos, el potencial cómico de Sarah Palin y, por ende, su factor espectáculo (tratado sobre el espectáculo que suelen ser las campañas políticas en EE.UU., más bien), pero sí la clava a la hora de mostrar los entresijos de la realpolitik, la toma de decisiones con arreglo a la práctica, más allá de idealismos y con la clarividencia de lo prácticamente imposible que resulta contentar a todas las partes contratantes, especialmente en conflictos de tal calado.

En un escenario con frentes tan encontrados, ambas partes tuvieron que ceder, tanto los demócratas más segregacionistas y retrógrados, quienes tuvieron que rendirse a la lógica de los tiempos, como la comunidad negra, rebajando sus pretensiones iniciales de cara a la consecución gradual de metas mayores. El árbitro, la piedra catalizadora de todo esto, fue Lyndon B. Johnson, no por idealismo ni por sentido de Estado, sino por su propio interés de ganar las elecciones y renovar su corto mandato, a riesgo de perder el voto afroamericano, por un lado, y de que medio partido se le amotinase, por el otro. Ese rol de intermediario interesado es, al fin y al cabo y esencia, el meollo semántico de All the way en particular y de la realpolitik en general.

Ficha técnica

 

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