LA CODICIA DEL REY LOCO – ‘MACBETH’, de Justin Kurzel

Macbeth (2015) de Justin KurzelMACBETH (2015) de Justin Kurzel

En ocasiones a uno le tiemblan las piernas antes de entrar al cine. Siente emoción por lo que está a punto de ver pero no puede evitar un cierto recelo. La película, sobre el papel, pinta deliciosa: Shakespeare, Fassbender, Cotillard. Lo que puede salir de ahí es un sabroso festín. Pero le da a uno por pensar, en parte por culpa de un serio déficit de atención y una grave tendencia a la imaginación dispersa, que no siempre la unión de buenos ingredientes garantiza una estrella Michelín. Se me ocurre: ostras y Nutella, Robert de Niro y cualquiera que sea el proyecto en el que esté metido ahora mismo, o Serena (la película de Susanne Bier con Bradley Cooper y Jennifer Lawrence, ¿os acordáis? Probablemente no porque no la visteis e hicisteis bien). Por eso a uno le entra susto. Porque Shakespeare es mucho autor y Macbeth mucha obra. Además, Kurosawa ya hizo todo lo que se podía hacer. ¿O no?

Macbeth (2015) de Justin KurzelArranca la película y la incertidumbre perdura aún unos segundos. La primera escena de lucha es impresionante, pero aún hay que esperar para ver si el conjunto se va a parecer a un capítulo extremadamente estilizado de Juego de tronos o si la cosa va a tomar otros derroteros. Entonces las brujas comienzan a profetizar y Macbeth empieza a recitar, y a uno se le va el tembleque, así, de repente, y se relaja en la butaca, porque la cosa pinta muy bien, porque Fassbender habla el idioma shakespeariano con la facilidad con la que uno da los buenos días, y Cotillard le sigue en la retaguardia, una Lady Macbeth ambiciosa pero muy humana, y la fotografía de Adam Arkapaw (Top of the lake, True detective) no sólo es envolvente sino que ayuda a crear un estado de ánimo, sombrío y sangriento.

Macbeth (2015) de Justin KurzelEra difícil no caer en la impostura, pero el conjunto se siente natural, fluido, al mismo tiempo clásico y moderno. No es fácil encontrar buenos ejemplos de adaptaciones shakespearianas en los últimos tiempos. Se me ocurren: El rey león, César debe morir o House of cards. La primera acercó Hamlet a los más pequeños, la segunda se adentraba en Julio César en un experimento carcelario y la tercera cogió prestados algunos ingredientes de Macbeth, en especial a través del personaje de Robin Wright, aunque es obvio que una serie que lleva tres temporadas, camino de la cuarta, debe encontrar historias y arcos dramáticos propios que narrar. Antes de todas ellas tuvimos en West Side story la actualización musical y con acento portorriqueño de Romeo y Julieta. Por no hablar de Star Wars. Lo que quiero decir es que, pese a la obviedad de que Shakespeare está presente, en mayor o menor medida, en toda la narrativa actual, no siempre el resultado es óptimo. El Macbeth de Justin Kurzel se cuela con honores en la lista de los que sí lo lograron.

Macbeth (2015) de Justin KurzelFassbender ha hecho doblete de genios este año: el dramaturgo inglés en Macbeth y Aaron Sorkin en Jobs. Sorkin tiene tantos admiradores como detractores, aunque observando su currículum (El ala oeste de la Casa Blanca, La red social, The newsroom) resulta complicado restarle méritos. A lo que voy: Fassbender ha encarnado este año a uno de los personajes más influyentes de la literatura universal, por un lado, y a uno de los más influyentes de la cultura popular contemporánea (Steve Jobs), por otro. No he visto Jobs y aunque la veré con mucho gusto (de Sorkin me trago hasta sus panfletos más descarados, como un bobo), me resulta difícil de creer que Fassbender realice una interpretación más poderosa en ella de la que ofrece en Macbeth. ¿Por qué, entonces, se postula como uno de los frontrunners en la carrera por el Oscar por Jobs y no por Macbeth? Insisto, no he visto aquella y en este punto de la crítica he llegado a una fase de pura charlatanería, especulaciones sin fundamento, y soy plenamente consciente de que en los premios cinematográficos, como en las campañas presidenciales, lo que mueve los votos es, a menudo, el presupuesto que el equipo está dispuesto a emplear en lanzar a sus candidatos.

¿Y qué pasa con Marion Cotillard? Su monólogo en primer plano (To bed, to bed”) no difiere demasiado del que le valió el Oscar a Anne Hathaway por Los Miserables (I dreamed a dream). Supongo que es más fácil de asimilar el futuro truncado de un personaje cuando viene acompañado de una bonita melodía que cuando está recitado en un inglés del siglo XVII. Ya nos advirtió Mary Poppins, no os hagáis los locos ahora: con un poco de azúcar esa píldora que os dan pasará mejor”.

En fin, que uno sale del cine como entró, con tembleque en las piernas, pero en esta ocasión por la emoción de comprobar cuán vigente sigue Shakespeare y qué vivo está el cine.

Ficha técnica

 

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