JAVIER OLIVARES: “LAS SERIES QUE SE HACEN PARA GUSTAR A TODO EL MUNDO SON UNA MIERDA”

Boom! Film & ComicBOOM! FILM & COMIC – Encuentro con Javier Olivares, creador de El Ministerio del Tiempo

La primera edición de la novedosa convención Boom Film & Comic, que reunió el pasado viernes y sábado en Vigo a fans de la ciencia ficción, los cómics y los videojuegos, tuvo como plato fuerte en su primera jornada la presentación de la serie española El Ministerio del Tiempo, que en apenas tres episodios se ha convertido en todo un fenómeno de público, hasta un punto inesperado. Acudió a la cita nada menos que uno de los padres de la criatura, el guionista y productor Javier Olivares, que estuvo encantado de dialogar con los asistentes.

Influencias

Uno de los primeros aspectos por los que siempre se mide a las series, especialmente las de género, son las influencias, la inspiración. Olivares afirma no haber leído la saga de La Patrulla del Tiempo, de Poul Anderson, pero sí, en cambio, Un yanqui en la corte del Rey Arturo, de Mark Twain, a la que ve más cercana su serie. Pero, desde luego, la verdadera vara de medir y de comparar es Doctor Who y el amplio universo que lo rodea. El creador aseguró haber mantenido un intenso duelo con los whovianos en las redes sociales, el cual evolucionó de un rechazo inicial a la aceptación e incluso el entusiasmo una vez emitidos los primeros episodios. Se declara whoviano convencido, y de hecho, admite una fuerte influencia de Torchwood, spin-off del doctor, con una mención especial al episodio Out of time, de la primeram temporada.

Javier OlivaresOlivares tiró también de memoria hacia el imaginario patrio, reconociendo un homenaje a las series de aventuras de la era previa a la irrupción de las cadenas privadas en el parque televisivo español. De hecho, manifiesta que la presencia misma de Jaime Blanch supone un tributo a la televisión de aquella época. En general, sostiene que el caldo de cultivo de El Ministerio aúna tanto referencias a obras anteriores y aspectos puramente personales, como es el caso de su evidente amor por el Atlético de Madrid, que le llevó a incluir en el guión un guiño a la ficticia Puerta 58 del Calderón, la cual daría acceso a un etéreo Tercer Anfiteatro, desde el cual viven los partidos los colchoneros que ya no están entre nosotros, como su hermano Pablo, co-creador de la serie, fallecido el pasado mes de noviembre (con la producción viento en popa) tras una cruenta batalla con la ELA. El propio Pablo le confesó, con El Ministerio ya tomando forma, que habían hecho su serie “más familiar, sin quererlo”.

“El Ministerio y sus funcionarios remiten a la españolidad de Berlanga y de Atraco a las tres.

En cuanto a la inspiración del universo de la serie, la idea de partida consistía en hibridar lo fantástico con lo realista. Necesitaban una referencia fuerte en el plano de lo real, y de ahí nació la idea de centrar la acción en un Ministerio, con sus funcionarios, su día a día,… algo que remite inmediatamente, en sus propias palabras, a la “españolidad” berlanguiana, al fenómeno de la gente ordinaria con vivencias extraordinarias, con una mención explícita a la mítica Atraco a las 3. Precisamente sobre ese concepto de gag situacional elaboran sus juegos con personajes de la historia de España de ayer y de hoy, punto fuerte del relato.

Ante la pregunta referente a un hipotético inicio de una tendencia a la “alta cultura” televisiva en España, Olivares califica El Ministerio de “serie bipolar”, rara y popular al mismo tiempo, y en definitiva, un fenómeno pop, en el que encontramos referencias tan dispares como Terminator y Chiquetete, juntas como si nada.

El Ministerio del TiempoDesarrollo

Interrogado acerca de las referencias de la HBO y los grandes canales de cable en cuanto al tratamiento de los personajes, aseguró que no asume esa misma transformación progresiva de los personajes, pues constató que estos están minuciosamente definidos y estudiados. En efecto, los actores fueron convencidos tras leer el guión. Destacó, en otro orden de cosas, el modo de construir las temporadas de su admirada Doctor Who, que reparte cada hornada de 13 episodios (lo habitual en las cadenas de cable estadounidenses) en dos bloques autónomos de 6 entregas cada uno más, un especial navideño, evitando así el giro culebronesco de las tramas horizontales que ocurre cuando el número de episodios por temporada es elevado. Y defendió el sentido del humor, otra de sus marcas de la casa, como mejor manera de tratar el drama.

En lo tocante a la expansión transmedia de la serie, tranquilizó a los asistentes informando de que, continúe o no El Ministerio en pantalla, ya está confirmada una serie de libros. En cambio, sobre la extensión a otro tipo de medios o formatos, como juegos de rol, por ejemplo (en la línea del público objetivo del festival), ahí ya reconoció una mayor dificultad, dado que los derechos de explotación, en España, pertenecen a la cadena en la que se emite, no al creador o el productor.

“No quisimos meternos en la “ciencia ficción dura” en ningún momento”.

Sobre el argumento en sí mismo, los espectadores más curiosos preguntaban sobre una línea temporal hacia el futuro, lo cual Olivares negó en rotundo. Prefiere trabajar con líneas de tiempo sencillas, poco aparatosas, puesto que define la serie como fantástica y de aventuras, más que de ciencia ficción. Las explicaciones de los viajes en el tiempo se encuentran más en la magia (la cábala judía, por ejemplo) que en el razonamiento científico, en esa “ciencia ficción dura” en la que no quiso entrar en ningún momento.

En cuanto a las preguntas sobre la enigmática Lola Mendieta (Natalia Millán), a quien se compara con una suerte de Carmen Sandiego, su “papá” no la encaja en ningún arquetipo definido: ni heroína, ni como antiheroína, ni como villana. Adelantó asimismo un episodio homenaje a 24, con pantalla partida incluida. Y atención, el deseo de tantos se hará realidad: confirmó un cameo puntual de Jordi Hurtado, “longevo” presentador de Saber y ganar.

El Ministerio del TiempoAudiencias, éxito y continuidad

Otro punto interesante del encuentro fue el debate en torno a las audiencias, los audímetros y el movimiento generado en redes sociales, diferentes maneras de valorar el éxito de un programa televisivo, así como su grado de validez y fiabilidad en cada caso.

Twitter no es audiencia”, constata Olivares, a la vez que se pregunta quiénes son verdaderamente los ‘frikis’, es decir, los espectadores entusiastas y activos, o qué sector del público consume preferente y activamente series de televisión, por encima de cualquier otro tipo de formato. Aspectos que escapan a la medición de los audímetros, los cuales, por otro lado, hay que tener siempre presentes, pues no queda otra. En este aspecto, destaca otro tipo de hitos de recepción de la audiencia, como el conseguir que tramas, personajes y referencias episódicas (Lope de Vega, Atapuerca) lleguen a trending topic en la red social del “pajarito”, o que las entradas en Wikipedia en torno a la serie se hayan cuatriplicado en menos de un mes.

Otro gran problema de los audímetros tradicionales, asegura, radica en la omisión la audiencia en diferido, a la que la HBO, sin ir más lejos, otorga especial relevancia, hasta el punto de prohibir revelar los datos de audiencia hasta que no se sumen los espectadores en diferido (dispositivos de grabación, vídeo bajo demanda, servidores web, etc.). Los audímetros se centran además en un tipo muy específico de consumo televisivo, el familiar, cuando a día de hoy la manera de ver televisión se ha diversificado de manera inconfundible e irreversible.

“¡Qué menos que ser agradecido con los espectadores entusiastas!”

Por otra parte, lamenta el sesgo en el tratamiento que los principales medios realizan de la actualidad televisiva. Por mucho que El Ministerio del Tiempo esté copando las conversaciones en redes sociales o tenga unos datos de audiencia sobresalientes, lo tendrán muy difícil para protagonizas las portadas ante cualquier desplante de algún famoso-basura de turno, o mismo ante los grandes datos de alguna serie extranjera de éxito.

Aunque también reconoce orgullosamente que “es la única serie con la que me ha parado gente por la calle”, algo insólito con un creador, una persona detrás de las cámaras. Más allá de eso, Es más, celebra que El Ministerio haya generado tanto debate, algunos incluso que transcienden lo puramente televisivo y creativo: acerca del público y los públicos que se acercan a la serie, la claves de su inesperado éxito, la posición de los relatos de género en la ficción española, etcétera. Y en última instancia, Olivares defiende su interacción con el público devoto como algo sano y necesario, un gesto de gratitud: “¡Qué menos que ser agradecido con los espectadores entusiastas!”.

El Ministerio del TiempoPúblico

El debate sobre la fuerte presencia e interacción de los públicos en redes sociales estuvo todo el tiempo acompañado de reflexiones sobre dichos públicos, sobre el concepto de público en sí mismo y las obsoletas y caducas maneras de acercarse al mismo por parte de los productores de ficción españoles. Estábamos en una convención claramente ‘friki’, la serie absorbe a un público también catalogado como ‘friki’, con lo que, ¿es el grupo objetivo de El Ministerio es esencialmente ‘friki’? El principal público objetivo responde a un posicionamiento ante espectadores jóvenes, de esos que raramente consumen ficción española. A este respecto, destacó como todo un aliciente el claro posicionamiento (positivo) al respecto del crítico Alberto Rey, habitualmente azote de las series patrias.

“Es más ‘friki’ quien ve a Belén Esteban que quien ve Doctor Who“.

Olivares no tuvo pelos en la lengua para parafrasear a David Simon y espetar que “las series que se hacen para gustar a todo el mundo son normalmente una mierda”. De hecho, entre las preguntas del público, salió a colación la famosa “señora de Cuenca”, referencia sociológica arquetípica de productores televisivos a la hora de evaluar nuevos proyectos. Un tópico ciertamente infame del cual el creador asegura desmarcarse por completo, e incluso orgulloso de que se afirme por ahí que se lo han cargado con esta serie.

Volviendo al concepto de ‘friki’ y su aún persistente rechazo social, al menos a la hora de vender un público para un producto en España, proclama que “es más ‘friki’ quien ve a Belén Esteban que quien ve Doctor Who. Esa tónica en la que imperan el amarillismo y la telebasura pertenecen, dice, a un “mundo falso”, que quieren crear desde instancias con poder mediático, con el que se normalizan ciertos comportamientos y se vilipendian otros.

El Ministerio del TiempoCoyuntura

El Ministerio del Tiempo nace en una época de bajón de producción de ficción propia en TVE, a consecuencia de la retirada de la publicidad, hace ya cinco años. “Con publicidad en TVE, la serie sería un chollazo para los anunciantes”, constata enérgicamente Olivares. Esta serie era la gran ilusión de su malogrado hermano, Pablo. Así pues, realmente tenía que ser el producto que ellos querían. Afortunadamente para ellos, fue la primera vez, en su dilatada experiencia televisiva (Los Serrano, Doctor Mateo, Isabel), que les dieron completa libertad, sin concesiones. No sólo en lo argumental y narrativo, sino también en la elección del reparto y de buena parte del equipo.

“Crear cultura cuesta años. Convertirla en mierda, un día”.

A Javier le preguntan habitualmente, con cara de sorpresa, cómo consiguieron vender un producto de estas características a TVE, así que decidió contarnos los antecedentes. Por aquel entonces venía de completar un proyecto de adaptación de la serie francesa Les Revenants, adquirido por una cadena catalana, pero que no pudo llegar a buen puerto por no haberse conseguido los derechos. Fue posteriormente a venderle el mismo proyecto a TVE, a la vez que El Ministerio, y finalmente los ejecutivos de la casa se quedaron con la segunda. Relata con especial sorna el momento en que les empezó a hablar a aquellos de viajes en el tiempo, lo que los asustó, pero después leyeron el guión y les encantó. Recalca que no mencionó el término “ciencia ficción” en ningún momento del pitching.

El Ministerio del TiempoEn otro orden de cosas, declara que resulta difícil luchar contra el entorno mediático y sus corsés sociológicos y mercantiles. “Crear cultura cuesta años. Convertirla en mierda, un día”. Olivares cree en la televisión como un fundamento de la sociedad, el siguiente en importancia tras la educación y la sanidad. De hecho, entiende el medio televisivo como uno de los pilares de la educación, junto con los centros académicos y el entorno familiar. En ese aspecto, lamenta que no exista en España una mejor regulación de contenido, por encima de intereses puramente mercantiles, como sí ocurre en otros países europeos.

Lamenta, por otro lado, el poco tiempo que se deja en España para los ensayos, así como la poca cancha que se le da, en general, al creador, al showrunner, figura sagrada en la ficción anglosajona moderna, cuyo margen de maniobra en nuestro país, en cambio, depende de su participación simultánea como productor. Por dicha razón creó una productora de ideas, de formatos, algo nada revolucionario, pues se trata de una fórmula habitual en Estados Unidos en los últimos 30 años. Se acordó asimismo de mandar un recado a la Academia por haberse olvidado de Cobeaga y San José en los últimos Goya.

“Al creador de Black mirror le encanta La cabina, de Mercero”.

En lo referente a la posibles influencias de la serie hacia el panorama televisivo nacional, tampoco cree que el éxito de El Ministerio vaya a iniciar una tendencia a las series de género, ya que, pese a la creencia tan extendida en la opinión pública española a día de hoy, la ficción española nació mucho antes que Médico de familia y las series del ramo (aunque lo generalizado de dicha creencia, errónea, le supone un motivo para el pesimismo), considera que ha habido muy buenos formatos de género en España. Por citar un par de ejemplos, afirma sin pelos en la lengua que la española Desaparecida le parece mucho mejor que la británica Broadchurch, de temática y fórmula similares. O que Charlie Brooker, creador de la aclamada Black mirror, le confesó su admiración por La cabina, de Mercero. En definitiva, que el público español no se da cuenta a menudo del gran patrimonio audiovisual que tiene a sus espaldas.

El desprestigio de las series de género en España viene como resultado, en su opinión, de la obsesión por copiar y pegar tendencias de fuera en vez de crear unas propias. Hace falta riesgo, y pensar en todo ese público que no recogen los audímetros. Esa ha sido la clave del éxito de aclamadas series no anglosajonas, entre las que menciona la israelí Prisoners of war (génesis de Homeland), la italiana Gomorra las producciones alemanas recientes.

Comments
3 Respuestas to “JAVIER OLIVARES: “LAS SERIES QUE SE HACEN PARA GUSTAR A TODO EL MUNDO SON UNA MIERDA””
  1. Conancio dice:
    Primero, el título del post es la farsa total… Ya que parece que va a orbitar sobre un tema que me parece muy relevante con respecto a la serie, pero que apenas se toca. El tema de que una serie que le tenga que gustar a todo el mundo es una mierda es algo que comparto con Olivares, pero ¿No es El Ministerio del Tiempo lo mismo?
    Actores que explican la trama, diálogos genéricos para todos los personajes, humor blanco… La verdad me parece una buena (buenísima) idea que ha sido maltratara y limada para poder ponerla en TVE para todos los públicos, y me parece que se resiente creando un clima de antinaturalismo… Es como repudiar una clave del realismo que aporta inherentemente el cine.

    En defitiniva, me toca la polla leerme este post PROMOCIONAL bajo un título morboso y que sea el mismo regurgitar gangoso de siempre. Di alguna razón por la que la serie es buena, resalta algún matiz de la puesta en escena, HABLAME LA ACTUACION DE UNOS POBRES ACTORES QUE TIENEN QUE LEER COSAS COMO “DIANTRES”.

    Iros todos a la mierda.

    • Si lee atentamente, se dará cuenta que esto no se trata de una crítica, crónica o artículo de opinión sobre la serie, en la que exista un posicionamiento, sino una reproducción, en estilo indirecto libre, de lo más destacado del encuentro con el público que ofreció Javier Olivares el pasado viernes en Vigo. No mate al mensajero.
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