‘LA VIDA DE ADÈLE’ EN TRES MOMENTOS

La vida de Adèle (2013) de Abdellatif Kechiche LA VIDA DE ADÈLE – La vie de Adèle (2013) de Abdellatif Kechiche

(Tres instantes clave para una película de tres horas)

1. El polvo: el primero también es el último en muchos sentidos. No volverá a haber otro como ese en el que la película refleje de manera tan natural y transparente el nervio y la inquietud de Adèle (Adèle Exarchopoulos) –pelo alborotado, boca entreabierta y ojos fascinados– por echarle un pulso a la vida y abrirse paso de la mano de Emma (Léa Seydoux). No importa quiénes forman la pareja, pocas veces se ha conseguido en una secuencia tan carnal una sensación de identificación mayor con el espectador al que, convertido en voyeur de esa compenetración de piel y huesos, se le interpela directamente en planos que se prolongan hasta lo incómodo, como si hubiera una silla en esa habitación reservada para nosotros.

Es de las pocas secuencias en La vida de Adèle en las que no abundan los primerísimos primeros planos, aunque el realismo de Abdellatif Kechiche no elude el detalle en ningún momento. Se trata de hacernos sentir no cerca de la protagonista, sino dentro. El ritmo lo marca el movimiento de los cuerpos y fluidos, otra constante en una película que mezcla lo físico y lo poético hasta confundirse. Aquí lágrimas, babas, mocos y hasta manchas de espagueti tienen tanto peso como un mechón enrevesado, una mirada de soslayo o un sollozo a la hora de traducir la voracidad del deseo juvenil. Para llegar hasta aquí, antes ha tenido que producirse el encuentro –nocturno, convencional y nada romántico– en un pequeño bar de lesbianas de una ciudad de provincias. Una jugó la carta de la experiencia y la seguridad, la otra era incapaz de ocultar el vigor y la inocencia.

Un par de citas diurnas más tarde desembocan en este momento pasional marcado por el ansia y el desgarro que, sin embargo, también funciona como una decisión racional y valiente de quien sabe que ya no está perdida, que acaba de coger las riendas de su camino. En esta secuencia directa e exhibicionista –de hasta diez minutos– Adèle pasa la última página de ‘La vie de Marianne’ y comienza a modelar su identidad, su educación sentimental. Su vida acaba de ser sacudida.

La vida de Adèle (2013) de Abdellatif Kechiche2. El café: en la que probablemente sea la secuencia más violenta de toda la película no están involucrados polvo o pelea alguna, sí una mesa de un solitario y lúgubre café a media tarde. No hay momento en el que quede más patente el excepcional trabajo de Exarchopoulos y Seydoux que cuando la primera bordea la mesa con su mano y la coloca en la entrepierna de su compañera, en el último intento, mudo y desgarrado, de recuperar un paraíso perdido. Es un acto contenido pero visceral que ahora ya no tiene lugar en la intimidad de un dormitorio, sino en un espacio público y ante incómodas miradas. El acoso escolar que sufrió Adèle cuando sus amigas descubrieron su posible homosexualidad parece una broma ante el abismo que le acaba de mostrar la realidad. Se le ha revelado uno de tantos desastres de los que nunca se recuperará y su vida traspasa el punto de no retorno.

La vida de Adèle (2013) de Abdellatif Kechiche3. La exposición: físicamente, Adèle ha cambiado. Aunque parece más decidida a explotar su feminidad, ya no queda en ella ni rastro del nervio vivo de la primera parte. Tampoco el azul parece ya un color tan cálido. El tono general se ha vuelto más sombrío y frío, y muestra el desencanto de una joven que no parece especialmente torturada por un reencuentro en el que, por primera vez y a pesar de la diferencia de edad, las dos mujeres pueden mirarse de igual a igual. Para cuando Adèle dobla la esquina y nos ofrece su espalda, ya hemos adquirido consciencia del tiempo que ha transcurrido desde que la vimos por primera vez saliendo de casa. Pero como testigo de su recorrido vital, el espectador sabe que ya nada puede ser igual, sobre todo para un personaje que encarna de manera tan auténtica e intensa el retrato universal de la postadolescencia. Adèle ya se aleja y sus heridas viajan con ella.

Ficha técnica

 

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