LA UNION HACE LA FUERZA (Y HULK EL RESTO) – ‘LOS VENGADORES’, de Joss Whedon

LOS VENGADORES – The avengers (2012) de Joss Whedon

No podemos evitar ser victimas de las modas, con el paso de los tiempos las reglas cambian, unas reglas que no tienen por qué variar repentinamente su rumbo (hacia caminos totalmente diferentes), sino que la mayoría de las veces suelen mutar dando vueltas sobre si mismas para llegar a ser lo que fueron entonces. El blockbuster, esa máquina perfecta diseñada para romper las taquillas, ha ido transformándose con los años en pro de una búsqueda cada vez más fácil y rápida del éxito instantáneo. Como la música el blockbuster ha ido perdiendo naturalidad (si es que alguna vez la tuvo), agarrándose con furia ciega a las modas, el de ahora, es un diseño muchísimo mas manufacturado, teñido de premura, rápido y ruidoso, el cual parece tener prisa por hacerse notar, y aunque Michael Bay pueda haber tenido gran parte de culpa en ello, son los tiempos de la música estruendosa, de los realities descontrolados, de las velocidades extremas y del estrés urbano, los que dictan las normas. Si no hay paciencia para ver mas allá de lo superficial, conformándonos en mirar a unos planos que vuelan a más de cuatro fotogramas por segundo, si parece haberlo para saborear una cultura del tuning que en su vacuo conformismo ansía la prontitud como única aspiración sociológica.

Joss Whedon, avispado creador de mitos televisivos, ha conseguido con Los Vengadores (sin restarle mérito alguno en su esfuerzo), sacar pecho a la hora de manejar por primera vez en su carrera un presupuesto multimillonario, y abrir, con la responsabilidad que otros no han tenido, ese circo de tres pistas que Marvel guardaba como pieza final de un más que productivo rompecabezas. La propia naturaleza de Whedon viene a desmentir aquella teoría de que en el cine palomitero todo parece estar perdido, y asume uno de esos espectáculos totales donde el escapismo es la única condición para argumentar una película tan disfrutable, dinámica, y sincopada, que haga parecer lo fácil (una historia sencilla pero entretenida, personajes carismáticos, diálogos que no traten al publico de lelo y humor inteligente), en el mas difícil todavía de los películas de superhéroes.

Whedon, sin ser ni mucho menos un autor, ha rebasado esa barrera infranqueable de artesanos al servicio de la causa de un estudio que ha visto como en poco tiempo sus franquicias han constituido el presente y futuro más beneficioso de la actual era del entretenimiento hollywoodiense, y ha querido atar en corto sus productos para salvaguardar un nombre que hoy por hoy es garantía de éxito asegurado. Whedon hace las veces de J.J. Abrams, y se luce por encima de los Jon Favreau o Joe Johnston, en una realización directa, muy fiel al espíritu de los comics, que no evita la consumación de un clímax insuperable que justifique por qué esto debe ser la gran peli de Marvel hasta la fecha (plano secuencia aparte, la batalla final es una de las set pieces más divertidas y frenéticas de la historia del cine de superhéroes), pero que tampoco corre descocado hacia ese grave error de cálculo que es dar mucha acción (miles de tiros y ruidos por segundo) y poco o nada de enjundia entre una explosión y otra. Aquí el creador de Buffy cazavampiros, respira y hace respirar a sus personajes, tomándose su debido tiempo en presentar a cada uno de ellos (aunque sin profundizar más de lo debido puesto que para eso ya están las películas individuales), y controlando mejor que bien los momentos que deben de tener en pantalla todos y cada uno sus juguetes sin que tengamos que quedarnos con la sensación de que unos están por encima de otros (a pesar de que Iron Man y Capitán América son las dos autenticas divas de la función).

Los héroes que somos

En esta doblez, Whedon pone en práctica un atractivo discurso sobre los héroes, posicionando una lectura hermosa acerca de la necesidad de creer en estos (aun con la que esta cayendo), para mantener intactas las esperanzas de una sociedad que crea y destruye iconos con cruel condescendencia. Parece clara la diferencia establecida por Whedon entre la heroica del pasado, un Capi noble, íntegro, y por qué no, ingenuo, y la heroicidad moderna de un Iron Man egocéntrico, individualista, cargado de defectos pero con enormes ganas de sentirse útil. La distancia que une a ambos carácteres es la que marca la intención de Whedon en mostrar un cine de antes (Spielberg, Donner), que se asoma (con diferente perspectiva) por el mismo hueco que el de ahora (Nolan, Singer), o lo que es lo mismo, la ingenuidad y belleza del joven que no teme a nada (un Chris Evans nacido para ser Capitán América), y el adulto que asume sus miedos y pretende expiar sus culpas con una redención a la altura de las circunstancias (la hazaña final de un Tony Stark/Downey Jr. muchísimo mas matizado y estelar que en la torpísima Iron Man 2).

En eso, los héroes, Whedon supedita los parecidos razonables que pueden tener los problemas e inquietudes del hombre moderno con la esencia de la mitología del cómic, una basta contracultura que habla de temas espinosos y de conciencia política escondiendo en los trazados coloristas de sus viñetas una mala uva que no todos ven. Queda claro que Whedon no sólo la ve, sino comprende que, sin necesidad de dotar de frialdad o trascendencia a su película, Los vengadores es el resultado definitivo de lo que la comunidad aficionada al cómic necesitaba ver.

Además Los vengadores tiene la obligación de juntar a sus héroes (un dream team invencible), por el mero hecho de justificar una de las prioridades de su guión, y por donde Whedon y Zak Penn andan en línea recta: la unión del grupo para salvar el mundo, la metáfora del trabajo en equipo, unificar todas las partes para crear un único todo. El todo (la comunión de los elementos) es la finalidad, unirse para vencer (“divide y vencerás” es lo que pretende Loki, descafeinado villano de la historia), lo prioritario en una cinta donde los egos pueden anular cualquier atisbo de triunfo.

Donde no hay duda es que Whedon sabe hacer reír al personal con chistes extraordinarios (y no todos necesariamente en boca de Stark) y un aprovechamiento máximo del gag visual (Hulk se lleva los aplausos mas sonados de la sala), y del montaje (140 minutos y al acabar deja sensación de tráiler), acierta en muchas cosas aunque no puede darle profundidad al villano, que de por si es la mera excusa para que los vengadores sean los verdaderos protagonistas, pero le da algunos momentos de gloria (el interrogatorio a lo El silencio de los corderos entre Viuda Negra y Loki), que ni en Thor (siendo lo mejor de la fallida película de Branagh), pudimos intuir.

La música de Alan Silvestri, a años luz de los terribles sonidos “zimmerianos”, es la otra ayudita extra para reconciliarnos con un cine comercial renovado y clásico al mismo tiempo (algo muy parecido al lavado de cara que experimentaron los X-Men de Matthew Vaughn), un mainstream que reviente taquillas (200, repito, 200 millones de dólares en el primer fin de semana en USA) sin tener que escupir directamente a la inteligencia del espectador.

Ficha técnica

 

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Comments
7 Respuestas to “LA UNION HACE LA FUERZA (Y HULK EL RESTO) – ‘LOS VENGADORES’, de Joss Whedon”
  1. Daniela Campos dice:
    Es de mis películas favoritas, y a pesar de que no soy muy fan de los cómics, la película Los Vengadores logró atraparme de principio a fin, por los personajes, la historia y increíbleslos efectos que tiene esta cinta.
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  1. […] antes de que estos se les escapen de las manos), toma tierra en medio del éxito desbordado de Los vengadores y el abultado hype del tercer Batman de Nolan. Una sin duda mala ubicación estratégica como […]
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  4. […] puro cine palomitero. Pero es que ni con esas. Os podéis imaginar, pues, mis sentimientos hacia Los Vengadores, el “¿No quieres caldo? ¡Pues toma dos tazas!” hecho película. Pero veo Deadpool y […]
  5. […] blockbuster del verano, Escuadrón Suicida (intento de DC de emular el éxito de Marvel con la saga Los Vengadores), pese a haber sido usado como principal reclamo en los vídeos promocionales de la […]


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