GLOBOS DE ORO 2011: LA CRÓNICA

Lo más productivo de interesarse por este primer gran asalto de la temporada de premios cinematográficos es darse cuenta del rasero bien diferente con el que la Hollywood Foreign Press Association mide a las dos grandes industrias de la ficción audiovisual: el cine y la TV, especialmente en cuanto a sus respectivos “galardones mayores”. Mientras que con la gran pantalla cumplen a rajatabla el rol de antesala de los Oscar, al cual se intentan anticipar (y parecer) a toda costa, siendo el resultado tremendamente previsible, y por ende, anodino, con la (cada vez menos) pequeña pantalla no hay año que nos dejen boquiabiertos con alguna decisión inesperada. Ni siquiera los ciclos aparentemente incontestables como el de Mad Men tienen su continuidad asegurada. Mucho más interesante y emocionante, ¿no creéis? Y lo mejor de todo, es que su relación con los Emmys parece basarse en una histórica dinámica de llevarse la contraria a propósito, algo en buena parte posible gracias a la amplia distancia temporal de ambas ceremonias y a su diferente arco de valoración.

Así es que nuestras quinielas han tenido resultados dispares. En la fílmica sólo hemos tenido un error (si bien algunas de las apuestas eran dobles); en cambio, en la catódica apenas hemos acertado un par de resultados. Mientras en cine el paseo triunfal hacia el tío Oscar de The Social Network, Colin Firth y Natalie Portman ha sido todavía más allanado, en la TV la HBO recupera su trono por todo lo alto y rompe la hegemonía de Mad Men, a la par que el fenómeno gleek recupera con creces el asalto que Modern Family le arrebató en los Emmy, marcándose un inesperado triplete.

Al margen de vencedores y vencidos, o sorpresas y decepciones, se puede resumir se debe puntualizar que la ausencia de categorías técnicas evita que la cantidad doblegue a la auténtica calidad (uno de los grandes problemas de los Oscar, en los que muchas veces el resultado final acaba desbordantemente hinchado) y permite una ceremonia ágil sin grandes diferencias de intensidad/interés entre los diferentes apartados. Aunque no se puede (ni se debe) comparar con el soberbio espectáculo que Jimmy Fallon se marcó en los pasados Emmy, un Ricky Gervais mordaz como siempre y sucinto como pocas veces condujo con gran agilidad una ceremonia interesante, cuyos mejores momentos podréis ver tras el repaso de los premiados.

CINE: LA ANTESALA NO SE SALE DEL GUIÓN

Desde que empezó el recital de nominaciones allá por diciembre, todo pintaba que iba a ser el año de La red social, de Fincher y de Sorkin. El triunfo de ambos, al margen de otras valoraciones más inmediatas, puede marcar un punto de inflexión en la complicada noción de autoría en el cine norteamericano mainstream. Recordemos que el film ya se vendía en sus trailers como obra de ambos, director y guionista, algo bastante insólito por mucho que se trate de una realidad más que evidente y nada nueva. Una bicefalia creativa, completamente armónica y simétrica, que por fin sale sin miedo a mostrarse como tal (recordemos el fuerte conflicto que tuvieron Alejandro González Iñárritu y Guillermo Arriaga tras la disgregación del tándem). Cuatro estatuillas en total, ya que también se unió a la fiesta el otro dúo, los compositores Trent Raznor y Atticus Ross, cuyo triunfo iniciará, probablemente, una tendencia de las bandas sonoras hacia la música electrónica en el cine considerado “serio”.

Estoy completamente convencido de que La red social dista bastante de ser la mejor película estrenada en 2010, y sigo pensando que la mejor de todas las nominadas se encontraba recluida en el apartado de animación. Pero sí está claro que el film de Fincher, que por fin se ha ganado un reconocimiento oficial (con Benjamin Button se quedó a las puertas de todo) es la producción que encaja más en el perfil académico que buscan los Oscar, y por extensión, una prensa extranjera que siempre les intenta seguir la corriente: un drama de armazón clásico pero de estética y espíritu moderno (su ventaja con respecto a El discurso del rey, la otra gran favorita), con cierto molde de biopic narrando con el justo grado de criticismo y sin complacencia la trayectoria ascendente de un hombre de éxito eminentemente contemporáneo, con su Rosebud particular que es un abandono sentimental, y en manos de un director y un guionista altamente reputados a los que le faltaba la guinda definitiva. En el año en que Zuckerberg ha sido nombrado “Person of the Year” por la prestigiosa revista Time, la película que narra con atrevimiento y acertada visión crítica su ascensión y no caída está a unas semanas de convertirse en el título del año para el gran público.

En cuanto al resto, un camino de rosas para Natalie Portman y Colin Firth, como estaba previsto. La israelí llega a la cima de un prometedor recorrido desde que nos encandiló a todos, siendo sólo una niña, en León, el profesional (1994), demostrando una vez más que la crisis y autodestrucción de la estrella prematura no es para nada una regla matemática. El inglés contaba con la amenaza de un aspirante de la talla James Franco, en pleno camino ascendente, pero este sí va a ser su año, a no ser que le toque sufrir la matemática y remota cuota de sorpresa que siempre se intenta exigir el tío Oscar de vez en cuando. Ya había dado un aviso la temporada pasada con Un hombre soltero, en la que demostró que vale para mucho más que dramas de época y comedias románticas. Y a la segunda fue la vencida.

En los apartados de comedia/musical las disputas estabas más abiertas, aunque ninguno de los resultados causó desconcierto. The Kids Are Alright vence en una categoría en la que tampoco había demasiado que rascar, y que cada vez redunda más en un mero trámite, cuya ganadora ni siquiera es capaz de colarse entre las nominadas al Oscar (y eso que ahora son el doble). Con esto tampoco pretendo restarle mérito a uno de los títulos indie del año, que también le valió el galardón a una de sus co-protagonistas, Annete Benning, por encima de su partner Julianne Moore, actriz maldita en los premios un año más. En el lado masculino, el escrutinio se antojaba impredecible, y fue finalmente Paul Giamatti quien se llevó el gato al agua por El mundo según Barney. Un todoterreno infravalorado que se impuso a Jake Gyllenhaal y a un Johnny Depp doblemente nominado pero por títulos bastante mediocres: la cantidad no supera a la calidad, y no piensen lo mismo de Meryl Streep porque no es el caso.

El recorrido del circuito de premios fue consecuente con Christian Bale y Melissa Leo, actores de reparto de The Fighter. Al inglés (que lucía melena y barba al más puro estilo Jesucristo) no le hacía falta ninguna medalla para seguir siendo considerado uno de los mejores actores de los últimos años, al que cierto malditismo y una total heterodoxia en la elección de papeles le han tenido distanciado del reconocimiento “oficial”. Del lado femenino no estaba tan cantado, ya que Mila Kunis se intuía una firme aspirante (he aquí uno de las casillas que puede cambiar de cara a los Oscar), pero resulta igualmente de recibo acordarse de una veterana televisiva como Leo, descubrimiento tardío (y agradable) para el cine. Frozen River sólo fue el principio: Melissa llega para quedarse.

El galardón a la Mejor Película de Animación era tan sumamente unánime que no deberían haber nominado a otros títulos, y que los responsables de la magnífica Toy Story 3 subieran directamente a recoger el trofeo, sin espera previa. Como ya he dicho, la enésima joya de Pixar supera con creces a la gran mayoría de las nominadas en las categorías “reinas” (incluso la mismísima ganadora). Pero, tal como comentamos de madrugada entre varios twitteros, ni la industria ni la academia están listas para que el cine de animación compita directamente con el de acción real.

La Mejor Película Extranjera fue finalmente para la danesa In a Better World (una de nuestras dos opciones), de Susanne Bier, realizadora que ya tuvo su incursión en la industria yankee con Cosas que perdimos en el fuego. Vale que aquí la Academia nos da portazos como el del año pasado, en el que condecoraron a la muy respetable El secreto de sus ojos por encima de La cinta blanca o Un profeta. Pero si el pronóstico se invierte, será para la gracia de Io sono l’amore, pequeña joya admirada por la crítica con una protagonista internacional de la talla de Tilda Swinton, pero nunca de Biutiful. La poca y pobre participación española (recordemos que la película de Iñárritu va representando a México) ya se puede ir despidiendo de oler alguna medallita este año.

TV: EL RETORNO DE LA REINA Y EL NUEVO ORDEN

Si por algo se ha caracterizado 2010 es por el retorno por la puerta grande de la reina de la ficción televisiva, la Home Box Office (HBO). La AMC, que había estado cuestionándole el trono, con éxito durante los tres últimos años, se va esta vez de completo vacío justo cuando más carne tenía en el asador. Mad Men no alcanza su cuarta corona consecutiva justo cuando le llega un competidor a la altura, y eso que su cuarta temporada fue, sencillamente, fabulosa. Bryan Cranston, cabeza visible de la olvidada Breaking Bad, pagó cara la lejanía de su 3º temporada, pese al Emmy, y se quedó sentado en la que era todavía, increíblemente, su primera invitación. La Showtime no perdió su baza fija (actriz de comedia, con tres nominadas sobre cinco) pero se quedó en eso; su estandarte en el terreno del drama, Dexter, sigue siendo la gran olvidada de periodistas y académicos, ya que sólo el año pasado consiguieron estatuillas, y para sus actores, no para el conjunto de la serie.

La cadena de cable de pago por excelencia, la que ha elevado la calidad de la ficción televisiva a unas alturas insospechables, ya intuía que iba a ser su gran noche cuando Steve Buscemi, algo contra pronóstico, triunfaba en su apartado, sin duda el más reñido de todas, por su espeluznante creación del infame y contradictorio Nucky Thompson, tesorero y gangster de Atlantic City. Poco después, su serie, Boardwalk Empire, el mejor estreno televisivo de los últimos años, triunfaba en la sección principal. La heredera de Los Soprano y gran competidora de Mad Men, con la que librará en los próximos años unos apasionante y reñidos duelos de maestría narrativa e interpretativa al más puro estilo Alain Prost vs. Ayrton Senna, no pudo completar su particular triplete ya que la siempre sensacional (e infravaloradísima) Kelly McDonald se quedó con las ganas.

Se puede decir sin miedo que fue la noche de la cadena, filial de la Time Warner, que en cambio se llevó un chasco precisamente donde parecía tener el triunfo grabado a fuego: los formatos breves. La victoria de la multipremiada The Pacific en la categoría de Mejor Miniserie o Telefilm se daba por descontada, pero se quedó compuesta y sin novio, y no por culpa de Los pilares de la tierra, la segunda en las apuestas, sino por la francesa Carlos, miniserie dirigida por Olivier Assayas (y estrenada en cines con metraje reducido) centrada en la figura de Carlos el Chacal, terrorista venezolano, actualmente en prisión, que luchó durante años defendiendo causas de inspiración comunista por todo el Globo. No se trata sólo del sorpresón de la noche, sino de la temporada.

Así y todo, los siempre lujosos telefilms que la HBO año tras año le valieron la estatuilla esta vez a Claire Danes, actriz en plena progresión, y a Al Pacino, leyenda viva que en los últimos años busca en la TV lo que no encuentra en el cine, así y le va de perlas. Comparaciones son odiosas, pero de esto última debería tomar nota su coetáneo y “compatriota” Robert de Niro, condecorado con el honorífico Cecil B. de Mille, cuyo montaje de repaso a su grandiosa carrera nos recordó que, para él, cualquier tiempo pasado fue mejor.

El otro gran aliciente de la noche fue el inesperado regreso del vendaval Glee, justo cuando parecía que Modern Family le había comido definitivamente la tostada tras los Emmy. La comedia estrella de la ABC se fue incomprensiblemente de vacío, los chicos y profesores del McKinley High los doblegaron en los tres asaltos directos que tuvieron. Al margen de valoraciones comparativas, la relación de ambas series con Globos de Oro y Emmys, respectivamente, parece completamente análoga a la que mantenían Nadal y Federer con Roland Garros y Wimbledon hace unos años: terrenos vedados impenetrables para el otro. El producto transmedia de Ryan Murphy, la nueva gallina de los huevos de oro de la Fox, no solamente reeditó el triunfo en la categoría de Mejor Serie de Comedia o Musical (donde, por cierto, es la única que esa coletilla final del nombre, que de tan innecesaria debería haber sido eliminada hace tiempo), sino que se marcó un desconcertante triplete, quizás algo excesivo, teniendo en cuenta que, pese a regalarnos algunos episodios para el recuerdo, ni la segunda entrega de la primera temporada, ni la primera hornada de la segunda, han recuperado la frescura de esos primeros 13 episodios que los llevaron a la gloria.

Con todo, no se puede restar merecimiento alguno a sus galardonados actores de reparto, sobre todo con los grandes competidores que tenían en frente. Los pronósticos los empezó a romper el completamente imprevisto triunfo de Chris Colfer, que tenía en frente a pesos pesados de la talla de Eric Stonestreet (nunca mejor dicho) o el cinematográfico David Strahairn. Por su parte, Jane Lynch, pese a su reciente Emmy, se topaba ante dura y áspera lista de competidoras: nada más y nada menos que Sofía Vergara (el gran rostro de la comedia televisiva, con permiso de Tina Fey), Kelly McDonald en su regreso a la primera línea y Julia Stiles, el gran fichaje de Dexter. Que nadie se atreva a justificarlo como una obligada cuota LGBT: nada más lejos de la realidad. Kurt Hummel (Colfer) está teniendo una acertada y profunda evolución en esta segunda temporada, donde su personaje tiene cada vez más centralidad, y la incorregible y rocosa Sue Sylvester (Lynch) mantiene sus heterodoxas maneras tan frescas como el primer día, pero con hueco para sus sensacionales momentos de redención y de cura interior.

Y si Steve Buscemi, un rostro indie por excelencia, se beneficia de esa tendencia tan cantosa de la prensa extranjera a premiar a las estrellas de cine cuando se pasan a la TV, la igualmente consagrada Laura Linney (aunque no especialmente centrada en el mainstream) no iba a ser menos, y se llevó la estatuilla por su omnipresencia en The Big C, la única comedia debutante galardonada (aunque sea más bien una dramedia), su particular vehículo de lucimiento (ella misma es productora de la serie), que destila una egolatría que pronto comenzará a cansar y a dañar el conjunto si no la administra con mas tino. Aunque ya os haya contado varias sorpresas mayúsculas, el mayor WTF de la noche (tras la derrota de The Pacific) fue ver a Katey Sagal subir a recoger el premio a la Mejor Actriz en Serie de Drama por Sons of Anarchy, serie de culto bastante olvidada por periodistas y académicos.

Quizás sea un largo efecto de compensación a interés fijo, tras aquellas cuatro nominaciones no fructíferas por su involdibable Peggy Bundy en Matrimonio con hijos, pero lo cierto es que cualquier otro resultado sería más esperado: las quinielas apuntaban a que repetiría Julianna Margulies, o en todo caso, Kyra Sedgwick por el peso del Emmy, o bien Elisabeth Moss, ya sin el lastre de verse perjudicada por la sempiterna victoria de su serie, lo que hubiera sido todo un detalle con Mad Men que ni siquiera tuvieron la molestia de conceder. De ganar tres años seguidos a irse de vacío, así es la industria, y en Madison Avenue lo saben mejor que nosotros. El efecto Emmy sí se cumplió con Jim Parsons, que recibió el premio al Mejor Actor de Serie de Comedia de manos de su compañera Kaley Cuoco. El fin del reinado de Rockefeller Plaza y la paulatina decadencia de The Office ante la inminente marcha de Steve Carell son ya unas realidades irreversibles.


Mejores momentos de la gala

– Ricky Gervais se quiso quitar protagonismo y permaneció en un correcto segundo plano, aunque no dejó de repartir estopa cuanto pudo, y se acordó bien de Charlie Sheen en el monólogo inicial.

– Aunque sin duda, la mejor perla del humorista británico llegó a la hora de dar entrada a la sección de Mejor Película Extranjera, “la categoría que no importa a nadie en Estados Unidos”. Un apartado, por cierto, presentado inexplicablemente por Robert Pattinson,…

Andrew Garfield, miembro del trío protagonista de La red social y el nuevo Spiderman, se llegó a atropellar hasta cinco veces seguidas al intentar pronunciar correctamente “inspiring”, cuando subió a presentar el clip de la película a la postre ganadora.

– La numerosa comitiva de Glee saltó de júbilo y emoción (ay, Lea Michele) cuando Colfer fue llamado al escenario, donde, estupefacto y emocionado, hizo gala de su activismo y denunció la situación de acoso escolar de muchos homosexuales en los institutos estadounidenses (un tema tratado en la serie).

– Todo el reparto de Glee, todo (incluso secundarios recurrentes), subió al escenario junto con los responsables de la serie. Dedicaron el premio a todos los profesores de secundaria del país, cuya ardua tarea diaria retratan en la serie.

Robert Downey Jr. entregó la estatuilla de Mejor Actriz de Comedia haciendo gala de su donjuanismo disidente, y dedicó perlas en formas de piropo pícaro a cada una de las nominadas.

– Penny emuló a Penélope. Kaley Cuoco, Penny en The Big Bang Theory, se emocionó en plan Pe cuando leyó el nombre de su compañero Jim Parsons en el sobre. Sólo le faltó soltar: Sheeeldooooonnn¡¡

La auténtica Temple Grandin estuvo con el equipo de su biopic, y Claire Danes, su intérprete, no dejó de acordarse de ella cuando subió a recoger el premio.

– Hace tiempo que la carrera de Robert De Niro que carece de títulos resaltables, pero el montaje que nos recordaba lo mejor de su carrera nos recordó qué grande es este actor y por qué está ahí. Empezó con imágenes de El Padrino II acompañadas de su inolvidable sintonía y acabó con los grandiosos “abogadoooo” y “Are you talkin’ to me”. Piel de gallina.

– Tom Hanks y Tim Allen, voces protagonistas de Toy Story 3, presentaron el apartado de Mejor Comedia. El speaker introdujo primero a Tom Hanks como un reputado actor y productor, ganador de numerosos premios, etc., y a continuación a su compañero: “el otro, es Tim Allen”.

Michael Douglas reapareció públicamente tras haber vencido al cáncer de garganta, pero con claros signos de deterioro. Presentó el último apartado, la categoría reina, y en cuanto salió al escenario, el auditorio del Beverly Hilton se volcó por completo en un largo y caluroso aplauso, todo un ejemplo de solidaridad y reconocimiento.


…y en Twitter

Para terminar, destacaré algunas de esas anécdotas de la nada desdeñable experiencia de compartir estos premios en Twitter, en directo con todo el mundo, incluso con alguno de los presentes en la gala. Cory Monteith (Glee) lanzó mensajes de júbilo en los tres momentos en que su serie fue galardonada. Sofía Vergara, fanática twittera, se lamentó, con su tono desenfadado, de haber quedado otra vez “sin corona”. Una prueba de que se lo tomaron con humor fue la foto que posteó su compañero de Modern Family Jesse Tyler Ferguson, titulada “Look at these losers”, en la que podíamos verla a ella y a Eric Stonestreet, derrotados de la noche, de mejor buen humor que nunca: (ver foto). Y es que es cierto, esto no es como los Oscar, la distribución de los invitados y el servicio a mesas te lo hace pasar bomba y lo de ganar o no ganar es poco más que bonus. Por último, el omnipresente Michael Ausiello, en su primera edición con su recientemente creada TVLine, pasó de realizar comentario alguno y se limitó a postear las fotos que se iba haciendo con todo el mundo.

Lista completa de premiados

 

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Comments
7 Respuestas to “GLOBOS DE ORO 2011: LA CRÓNICA”
  1. JULIO C. PIÑEIRO dice:
    FE DE ERRATAS: nuestro colaborador Gonzalo Suárez nos confirma que “Io sono l’amore” no competirá al Oscar de Mejro Película de Habla No Inglesa, ya que, pese a haber sido estrenada comercialmente en California, no ha sido la seleccionada por la Academia italiana para representar a aquel país en esta edición, condición indispensable para que una película pueda competir en dicha categoría.

    Por tanto, las opciones de “Biutiful” parecen ahora más esperanzadoras, puesto que, de tener lugar la ocasional inversión del resultado, la película hispano-mexicana sería la hipotética beneficiada y no la tercera en discordia.

  2. Gonzalo dice:
    La candidata seleccionada por la Academia italiana era “La prima cosa bella”, por lo que el revuelo en la industria transalpina ha sido importante al ver la nominación al globo de oro de “Io sono l’amore”. Si la hubieran preseleccionado para el Oscar será siempre un misterio. En cualquier caso, Italia tenía mucho donde elegir pero nada realmente destacado, creo yo.

    Y lo de “Biutiful”, no sé… También se decía que la separación de Álex de la Iglesia y Guerricaechevarría no traería nada bueno al presidente de la Academia… y Tarantino le dio dos premiazos en Venecia y cuenta con 15 nominaciones a los Goya, por mucho que todo premio a “Balada triste de trompeta” me parezca injusto.

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