CLASICISMO RETRÓGRADO – ‘LA RED SOCIAL’, de David Fincher / CRÍTICA II


LA RED SOCIAL – The Social Network (2010) de David Fincher

¿Cómo contar una historia cuando ya hemos visto y leído todas las historias? Esta pregunta que atraviesa todo el trabajo de Jean-Luc Godard debería ser un punto ineludible a plantearse cualquier cineasta que se precie. Todas las historias han sido contadas ya, todas han sido leídas; donde se juega realmente la diferencia es en la forma, aquello que nos dirá qué hay realmente en el interior de las cosas, como bien sabe el cineasta francés. David Fincher en su última película no ha querido plantearse esta delicada cuestión y ha optado por un estilo clásico, perfecto, homogéneo, sin fisuras, con unos flashback que tienen una sabor añejo y unos diálogos acartonados. ¿Pero sabrá David Fincher que el espectador contemporáneo, igual que el cine, hace tiempo que perdió la inocencia? ¿de que no es posible contar una historia como se contaba en los años 40 y 50 en Hollywood, sin caer en una visión simplista y tópica? ¿que la complejidad del mundo y de las relaciones humanas quedan en meros esbozos con un estilo tan férreo? Algo debe sospechar Fincher, ya que a mitad del filme decide rodar una desaforada y moderna escena de una regata, totalmente desvinculada con el resto de la película. Una escena narrativamente vacía y que no tiene ningún peso. Como si Fincher hubiera pensado que lo que estaba haciendo hasta ese momento pecaba de un clasicismo extremo para los tiempos que corren.

Con esto, si David Fincher peca de simple y elemental, también lo hace el público que se siente reconfortado. Los mismos poseedores de todas las novedades tecnológicas que la modernidad puede proporcionar, los mismos que saben utilizar enrevesadas funciones y aplicaciones en sus teléfonos, ésos tan modernos que están a la última con sus gadgets, son los mismos que alaban una película retrógrada, tópica y simple. Éso sí que es una flagrante incongruencia propia de la modernidad -que Umberto Boccioni dejó patente con esta frase: Público moderno en vida, retrógrado en el arte.

La “gran reflexión” que David Fincher plantea con La Red Social es la siguiente: el creador de Facebook, Mark Zuckenberg, es un ser misántropo, asocial y retraído. Esta contradicción está planteada a través de una realización sin matices, plana, llena de lugares comunes y manidos. Mark Zuckenberg, como no podía ser de otra forma, es un friki informático, un nerd con una inteligencia desbordante y una mente privilegiada; o el ambiente de Harvard retratado de forma muy novedosa, por cierto, un lugar lleno de pijos, hijos de papá que hacen fiestas alocadas pero elitistas, ese lugar donde habita la jet set intelectual y económica del país, lleno de premios nobeles y mentes brillantes. Y podríamos seguir con los ejemplos. En parte, la responsabilidad de este desastre lo tiene Aaron Sorkin, gracias a unos diálogos excesivamente brillantes e ingeniosos que acaban sonando acartonados y falsos; unos personajes que hablan igual que escriben en su ordenador, esto es: sin ninguna duda, sin ningún titubeo, completamente seguros de si mismos; unos diálogos “cuya dicción y puesta en escena nos remiten a las screwball comedies de Howard Hawks” dice Carlos F. Heredero, pero que en pleno siglo XXI suenan artificiosos y espúreos. ¿A alguien se le ocurriría alabar a un escritor que en pleno siglo XXI escribiese como Shaekespeare o Cervantes ? ¿y a un artistas que pintase con el estilo de Leonardo da Vinci ? ¿Por qué, en cambio, al público le encanta que le cuenten las historias como se ha hecho siempre en el cine?

A mí, como a Slavoj Zizek, lo que realmente me inquieta son esos iconos como Bill Gates y Mark Zukenberg. Esos gamberros marginales que ahora se presentan como respetables empresarios. Sus rostros afables y cercanos, de persona cualquiera, que esconden según Zizek “una nueva figura del amo que es nuestro igual, nuestro semejante, nuestro doble imaginario y por esta razón se ve fantasmáticamente dotado de otra dimensión, la del genio del mal”. Por supuesto, esto a David Fincher le da igual y nos presenta al creador de Facebook como un ser torturado, solitario y egoísta que asiste a reuniones en pijama y zapatillas de andar por casa (agudo retrato de la incomprensión) -algo que me llama la atención, ya que el director americano siempre ha estado interesado en la representación del mal mostrando una visión nada complaciente de la humanidad como en Seven o el Club de la lucha. Más interesante hubiese sido que la película plantease cómo el sistema capitalista permite que un solo individuo detente tanto poder y dinero en sus manos.

La visión que Fincher nos ofrece de Mark Zukenberg no es tan descarnada como parece. Está muy lejos de los desilusionados y desencantados retratos que tanto F. Scott Fitzgerald en el Gran Gatsby o Orson Welles en Ciudadano Kane realizaron sobre la vida de sus personajes. El final de La Red Social está marcado más por la esperanza de que Zukenberg pueda recuperar el amor de Erica Albright, su Daisy, a través de la Red, que por el pesimismo y la tristeza del que sabe que su vida está condenada a la soledad y el aislamiento.

Esta es la crítica de nuestro compañero Horacio Muñoz Fernández. Os ofrecemos la otra cara de la misma moneda en la crítica FINCHER & SORKIN: AGREGAR A MIS AMIGOS, de nuestro también compañero Pablo Giraldo.


 

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Comments
6 Respuestas to “CLASICISMO RETRÓGRADO – ‘LA RED SOCIAL’, de David Fincher / CRÍTICA II”
  1. Pilarcita dice:
    He leído la crítica. Me ha gustado mucho la cita de Boccioni respecto al arte. Leyéndola, me he planteado si tiene también equivalencia inversa; es decir, si los modernos del arte somos unos retrógrados de la vida. Puede ser.
    Un saludo y enhorabuena por vuestra web.
    Pilarcita
  2. servidor dice:
    esta crítica destila un barato ‘frontismo’ que apesta…
  3. Horacio Muñoz dice:
    Servidor me gustaría que argumentases un poco tu respuesta y que me explicases que es frontismo porque por mucho que busco en la RAE ,esa palabra no existe. Gracias
  4. Chuchi dice:
    No he visto la película “La Red Social”, pero sí he decidido leer esta crítica. Y está bastante bien aunque algunos apuntes no los comparto. Creo que el cine concebido de una forma parecida a la literatura, no es más que un método para contar historias ficticias que, como diría Horacio, entretengan (deleiten) y, a su vez, formen. Por ello me quedaré siempre con el modelo cinematográfico de Clint Eastwood antes que con el del empalagoso Godard. Es una opinión más, y como ya se sabe: para gustos, los colores.
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