VENECIA 2022: MONICA, de Andrea Pallaoro

MONICA: UN RETRATO ÍNTIMO

El tercer largometraje de Andrea Pallaoro no parece haber copado la atención de los medios presentes en la Mostra veneciana, pero es una pieza de cine sólido. El aplauso generalizado del público en el Palabiennale, en la isla del Lido, parecía confirmarlo.

La ausencia y las elipsis son la materia prima de un director que sabiamente deja que una buena fotografía, en formato 4:3, enmarque la rotundidad de cuerpos, posturas, bailes, gestos, sobre los que se apoya una narrativa que, por momentos, adolece de cierto encorsetamiento formal, aunque brilla en secuencias donde se deja arrebatar por referentes estéticos, musicales, cinematográficos, como el cine de Xavier Dolan.

La obra se va construyendo en la mente del espectador a través de retazos de información, en conversaciones, en mensajes de voz que la protagonista deja compulsivamente por teléfono, en esos pequeños detalles gestuales, miradas, que revelan más de lo que los protagonistas son capaces de verbalizar.

Ahí radica el virtuosismo de la obra, en ese foco sobre unos cuerpos, que, sin apenas necesidad de diálogos, evidencian la profundidad de los conflictos interiores que el director muy hábilmente nunca llega a explicitar.

En Monica volvemos al pasado, nostálgico, exiliado, familiar. Poco a poco iremos descubriendo los pormenores de las emociones encontradas que despliega en su camino de vuelta, que tendrá principalmente que ver con el deseo de aceptación, hecho que permea toda la obra.

Una elección magnífica de actriz protagonista, Trace Lysette, que evoca belleza y una fortaleza melancólica, no exenta de momentos de fragilidad, pero capeados por una resiliencia que prevalece.

Una madre (Patricia Clarkson) en un intenso proceso de reconciliación, y un sobrino que parece reavivar fantasmas familiares, completan la trama de una historia sobre la identidad, y la posibilidad de redención y esperanza aún en los momentos más duros de una vida.

La película, eso sí, se toma su tiempo en desarrollarse, lo que podría inquietar a algunos espectadores, en dejar respirar las imágenes, en deleitarse en la corporeidad, deteniéndose en el rostro de la protagonista, como si de un cuadro se tratase, manteniendo una presencia en la pantalla que por momentos podría evocar, por ejemplo, a alguno de los retratos más imponentes de Maruja Mallo.

Imagen de la película junto a una pieza de Maruja Mallo, artista con obra presente en la 79ª edición de la Bienal.

Sería interesante contextualizar que la Mostra transcurre este año en paralelo a la famosa bienal de arte contemporáneo de la ciudad, que en esta edición, con abundante presencia femenina, tiene entre sus temas centrales la representación del cuerpo y sus transformaciones, con lo que se podría identificar a Monica no solo como una película notable, sino una obra que sintoniza particularmente con la actualidad.

Ficha técnica

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