CUANDO LOS AMIGOS EMPIEZAN A MENTIR - STRANGER THINGS

STRANGER THINGS - 4ª TEMPORADA, VOLUMEN 1

(AVISO: el texto contiene spoilers)

Las vicisitudes de la situación extraordinaria que nos ha tocado vivir en estos últimos dos años ha prolongado la espera por la cuarta entrega de Stranger things casi tres años, lo que ha incrementado el esfuerzo de los equipos de vestuario, maquillaje y peluquería para que sus protagonistas "cuelen" como adolescentes, aunque todavía no al nivel de "clásicos" de los noventa como Sensación de vivir o Al salir de clase

Bromitas de protopureta aparte, tanto la larga espera como el desafío de seguir manteniendo la frescura y el espíritu que convirtieron a la criatura de los hermanos Duffer en la serie de culto por excelencia de Netflix han elevado sobremanera las expectativas con respecto a esta nueva hornada, máxime tras el magnífico y conmovedor final de la tercera temporada -que bien habría valido como final absoluto de la serie, sin lugar a dudas-.

Por si fuera poco, para seguir rizando el rizo, los creadores han introducido dos factores internos cruciales a la hora de recibir estos nuevos episodios: una duración de los episodios fuera de lo habitual, propia más de una antología de telefilms que de un serial; y una separación de tramas mucho más marcada en el plano espacial: la acción ha dejado de estar concentrada en la ficticia Hawkins (que también empieza a "expandirse" internamente hacia sus rincones más recónditos y marginales) para extenderse a otros dos grandes centros neurálgicos: la también ficticia Lenora Hills, California, nuevo lugar de residencia de los Byers y Eleven; y la ficcionalizada Kamchatka, ubicación del campo de prisioneros de la URSS donde recala Hopper después de la explosión de Starcourt. Y todo ello sin contar el Upside Down, en el que transcurre bastante más metraje que en las anteriores temporadas.

Con estos ingredientes, el veredicto no parece sencillo, pero para mí está medianamente claro: esta cuarta temporada, al menos de momento, se muestra más coherente y sólida en su conjunto que la segunda y la tercera, pero a la vez, muestra una clara primacía de la parte "monstruosa" (no es casual que hayan pasado más tiempo que nunca en el Upside Down) sobre aquello que más hizo por fidelizar la serie: las relaciones entre los personajes, las cuales, de momento, quedan en un segundo plano. Curiosamente, ambas "esferas" confluyen en el que seguramente haya sido el momento de mayor tensión de este primer volumen: el trance de Max al final del cuarto episodio, en el que es precisamente los recuerdos de las vivencias con sus amigos -con el hilo musical de Kate Bush, que conste- los que la salvan de la muerte a manos del "monstruo de la temporada", que se presenta más poderoso e invencible de todos cuantos han desfilado hasta ahora por Hawkins y alredores.

Dos apuntes a este respecto: en sentido positivo, han construido una nueva relación de amistad entre Nancy y Robin, en clave de incipiente sororidad, que ha brindado muy buenos momentos y que tiene mucho potencial para seguir ofreciéndolos. En el lado no tan positivo, se evidencia muy pronto la intención de los creadores de reeditar el amorío entre Nancy y Steve, aprovechando la lejanía geográfica (y emocional) de Jonathan, lo cual carece de demasiado sentido vista la redefinición del personaje de Steve a partir de la segunda temporada y que esa relación estaba se sabía más que amortizada… o eso parecía.

En cuanto al desarrollo individual de los personajes, cabe destacar que por fin le han dado una trama particular interesante a Lucas, que se inserta temática y estéticamente en la tradición del subgénero de institutos estadounidenses e instrumentalmente en el desarrollo de parte de los eventos que ocurren en Hawkins. Por otro lado, se confirma, aunque sea implícitamente, la orientación sexual de Will y su enamoramiento, en secreto, de su amigo Mike, y se nos da a conocer algo más de Suzie -secundaria rebosante de carisma- y de su familia en el particular viaje del "grupo de California" al rescate de Eleven. Por lo demás, de primeras la cantidad de nuevos personajes parece excesiva y desmedida, pero de momento, la mayoría son instrumentales para las distintas tramas (sobre todo como víctimas del monstruo de turno), y aquellos que tienen mayor margen de continuidad (Argyle y Eddie) aportan un soplo de aire fresco, algo nuevo a un abanico cada vez mayor de habituales.

Pero, por si quedaban dudas aún sobre la centralidad y nuclearidad de Eleven en el relato, con la revelación de Vecna/One como mariscal de campo del Mindflayer y sus orígenes se disipan sin miramientos. Desde el principio hasta el final esta entrega ha sido la de la introspección del personaje, cuyos límites se han puesto a prueba hasta el extremo, tanto en lo "divino" como en lo humano. Y precisamente de su centralidad y de la de Vecna en el lado de los antagonista se puede intuir, de cara  las entregas venideras, una gran guerra entre las fuerzas del bien y del mal, entre lo real y lo sobrenatural, de la magnitud de la gran batalla de Invernalia en Juego de tronos.

Como guinda del pastel, los elementos referenciales sobre la cultura popular de los ochenta, tan característicos de Stranger things desde sus inicio, han tenido un rol más clave que nunca en el desarrollo narrativo, como es el caso de los walkman o de la ya citada música de Kate Bush. Y qué decir del cameo de Robert Englund, nada menos que el cuerpo y "rostro" de todo un icono de terror ochentero como Freddy Krueger.

En resumen, este primer volumen no ha estado mal y por momentos ha sido especialmente magnético e intenso, pero se agradecería, para lo que queda, un mayor y mejor desarrollo de los personajes y las relaciones entre los mismos. Y cómo precisamente en volver a la máxima que cohesionó al grupo desde el primer momento (“Los amigos no mienten”) estará la solución a la gran mayoría de sus problemas.

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