DEL INFIERNO AL PURGATORIO - EUPHORIA

EUPHORIA - 2ª TEMPORADA

[AVISO: EL TEXTO CONTIENE SPOILERS]

En el estreno de la temporada, Sam Levinson pareció haberse tomado al pie de la letra eso que decía Hitchcock de empezar las películas con un terremoto y, a partir de ahí, subir la tensión. Esa "euforia" inicial que prometía turbulencias dio paso a una fase de cierta indefinición, en la que la serie no parecía muy bien lo que quería contar y se recreaba excesivamente en escenas pasadas de los personajes centrales de cada episodio. Hasta que llegó el adrenalítico parkour nocturno de una Rue puesta hasta las cejas y, sobre todo, el apoteósico penúltimo episodio, explosión de ese diamante en bruto llamado Alexia Howard y su abrumadora escena homoerótica final.

Me gustaría detenerme particularmente en el que ha sido, de lejos, el personaje revelación de esta temporada, in crescendo de principio a fin: Lexi, la eterna secundaria, el perpetuo fondo de armario, dio un gran salto adelante y, mediante un ejercicio brillante de metaficción –que será objeto de estudio por críticos y académicos más pronto que tarde- puso al elenco completo de personajes patas arriba, tanto para lo malo –en relación con un más que expuesto Nate Jacobs y con su propia hermana, que, en su particular descenso a los infiernos, reacciona como un perro rabioso- como para lo bueno –la catarsis para Rue, su otrora mejor amiga, a la que ayuda a echar la vista a atrás de manera constructiva y reparadora-.

Es precisamente ese momento íntimo y revelador que comparten Rue y Lexi, hurgando en sus particulares traumas como paso necesario para empezar a superarlos, lo que da paso al escenario emocional y moral con el que nos deja esta segunda temporada. Tras una nueva tempestad, ¡qué digo!, una ciclogénesis explosiva con amenaza de huracán, parece venir un periodo de calma, esa misma que, no exenta de incertidumbre, nos trasmitieron los especiales de entretiempo de Rue y Jules con los cuales la larga espera por esta temporada se hizo algo más llevadera.

Una constante de esta temporada en ese camino de aprendizaje que nos ha llevado este punto ha sido, a su vez, la fuente de sus mayores excesos. En ese empeño por ahondar en las raíces del dolor, surgido en tiempo pasado y agravado en el presente, peca de recrearse excesivamente en escenas que son pura tragedia, puro melodrama, como esos momentos del funeral del padre de Rue al que se regresa reiteradamente. Pero bueno, los excesos son una seña de identidad de esta serie y no siempre iban a ser sobre las drogas, ¿no?

Aunque para lucha a muerte con traumas presentes y pasados, la del conflicto paterno-filial elevado a la enésima potencia y más allá de los Jacobs, uno de los tres pilares argumentales de esta segunda temporada junto a la adicción de Rue y al romance no ya tóxico, sino radioactivo, de Cassie y Nate. Sin embargo, pese a los evidentes intentos de la narración por sugerirnos que Nate Jacobs se convertiría en el villano definitivo, una vez "eliminado" de la ecuación el origen de sus traumas (que no es otro que su propio padre), puede que el "malo" de esta serie haya entrado también en su purgatorio particular.

Como notas negativas, no puede sentirse sino desilusión por la abismal reducción de presencia y relevancia de Jules, mejor personaje junto a Rue de la primera temporada y ratificada en su episodio especial, que se ha visto desplazada por un nuevo personaje, el misterioso Elliot, como confidente íntimo de Rue. Pero para decepcionante el arco argumental completo en estos ocho episodios de Kat, gran tapada de la primera temporada, que ahora, pese a un par de escenas puntuales, pasa completamente desapercibida y se convierte en un mero elemento de relleno. Curiosamente Ethan, personaje que en un principio tenía un carácter meramente instrumental para el desarrollo de Kat, se convierte en la otra gran sorpresa de la temporada, en particular cuando muestra todas sus dotes camaleónicas (especialmente en la vertiente cómica) en la obra de teatro de Lexi.

Pero en el universo de Euphoria la calma nunca puede ser total y algún elemento de tragedia siempre va a hacer acto de presencia, aunque sea en segundo plano. Y en este bipolar final de temporada vino por donde más evidentemente podría venir y de donde se venía mascando desde el final del volumen anterior, con el bueno de Fezco. Su arco particular, con el que se abrió el primer episodio, queda en punto muerto y nos deja con las ganas de descubrir el siguiente nivel de su relación con Lexi… si es que alguna vez se hace realidad.

En resumen, pese a que, en la evaluación del conjunto, esta segunda temporada sale derrotada en su comparación con la primera, estos ocho nuevos episodios nos han dado suficientes puntos positivos como para confirmar que Euphoria no ha sido flor de un día y que se consolida como una de las series más interesantes de este cambio de década.

Ficha técnica

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