LOS ESPECTADORES DE HOY: LA NUEVA DIMENSIÓN

La cinefilia más nostálgica extraña, sin dudas, las épocas donde se respetaba más los principios del buen cine y las películas que se veían sorprendían por su originalidad. Por el contrario, hoy día muchos filmes de calidad ven su salida fuera de los circuitos cinematográficos en detrimento de los tanques comerciales. Mientras que el espectador promedio percibe, atento, que algo no está bien y que no debe sucumbir antes las reglas mercadotécnicas que hoy gobiernan Hollywood, resulta muy difícil no dejarse llevar ante el avasallador tendal publicitario que anima a perder el buen gusto.

Aun con el riesgo de una baja en el nivel de audiencia (tendencia que viene registrándose progresivamente en los últimos años) Hollywood deja de lado la superficialidad de otros años para llamarnos a la reflexión, y en este cambio de formato la apuesta es más que arriesgada y comprometida. Y si el nivel de audiencia decae año a año, Hollywood libra batalla contra otro mal igual o peor: los tiempos de la globalización aceleran más y más los procesos y el público se dispersa y se relaja cada día más. 

El sector más industrial del cine de Hollywood se debate entre remakes y secuelas. Este círculo vicioso sume al cine de estos días (en su faceta más industrial) en un periodo donde los valores de originalidad, artística e inventiva están totalmente trastocados y devaluados. Donde la piratería pone en jaque  a las taquillas de los cines más populosos del mundo y donde el público joven ya no acude tanto a las salas, afecto a las nuevas plataformas virtuales, la franja de edad adolescente -siendo el target preferente de los productores- continúa siendo el anzuelo perfecto para las nuevas modas. Marketing mediante, los productores se desviven poniendo en pantalla productos chatos y vacíos destinados a abarcar un espectro de espectadores cada vez mayor y más consumistas. 

Esta lucha desmedida se ampara en sus fines, con tal de ganarle el pulso al avance imparable de la piratería y así llenarse los bolsillos, otra mala costumbre de estos días cuyos efectos ya se perciben a nivel mundial, que confirman un presente vacío de ideas y sumido en una repetición inalterable, no sin cierto pesimismo al discurso que actualmente impera. Si repasamos las carteleras cinematográficas a nivel mundial de los últimos años notaremos que una masa de público cada vez más conformista consume productos pasajeros cuya calidad artística y su compromiso con el Séptimo Arte es prácticamente nula. Pensar que estos ciertos títulos de gran trascendencia actual hubieran tenido cabida en el cine de hace treinta, cuarenta o cincuenta años es improbable. Tampoco ayuda la falta de recambio generacional. No obstante, el arte muta permanentemente y sin que cuenta nos demos. 

Para evaluar dos ejemplos paradigmáticos: directores como Frank Capra y Steven Spielberg fueron sin dudas referentes de dos épocas claves en el desarrollo de la cinematografía hollywoodiense. El primero, un pilar de la denominada Edad de Oro mientras que el segundo, un icono del boom industrial de los ochenta hasta nuestros días. Dos preferidos de la crítica especializada a la hora de buscar un perfil positivo y de amplia llegada al público, sus figuras se han visto alejadas de  polémicas, discusiones o rechazos, rescatado la magia única e incomparable del cine, destacado valores humanos y héroes cuyas hazañas más imposibles quedaron en nuestras retinas. Allí radica la enorme huella que han dejado estos autores clásicos y de su valiosa contribución a la positiva evolución de la cinematografía, cuidando las formas y respetando ciertos principios básicos del buen gusto y la tradición.

La piratería, paradójicamente, avanza a pasos agigantados. Es por ello que, durante las pasadas dos décadas, el mercado del DVD, los formatos de reproducción vía home theater o las descargas online alejaron al segmento más joven - y de más atractivo para los productores- de la concurrencia a las salas. La cartelera cinematográfica de estos tiempos bien podría servir para escenificar en un contexto el periodo de crisis que sume al cine comercial por estos días. La reflexión lleva a concluir que el espacio que estos filmes poseen hoy en día se debe a que, en última instancia, son consumidos masivamente por una audiencia, mayormente, adormecida. 

En definitiva, nos enfrentamos a un fenómeno social que excede las barreras de la representación artística y se convierte en un  complejo estudio de la conducta humana inserta en lo social. Finalmente, el destino del cine y su sustento como arte no estará gobernado por las suculentas chequeras de los productores más poderosos ni de sus intenciones más comerciales, sino por el espectador del siglo XXI y donde éste decida situar su mirada.

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