IN MEMORIAM KIRK DOUGLAS (1916-2020)

Tras muchos años "sobreviviendo" a todas las porras necrológicas que cada año pululan por la red, la luz de Kirk Douglas, uno de los últimos supervivientes de la edad dorada del  star system hollywoodiense se apagó en el día de ayer a los 103 años. Más de un siglo de existencia, cuya mayor parte estuvo consagrada al Séptimo Arte. Nacido con el nombre de Issur Danielovitch en una familia de inmigrantes judíos rusos, no habrá obituario que haga completa justicia a una figura de su calado, tanto humano como artístico, así que dejaré que hable de él una selección de sus escenas más memorables.

"¡Yo soy Espartaco!"

Primera y única película que dirigió por encargo Stanley Kubrick, que aterrizó de rebote en el rodaje por recomendación del propio Kirk Douglas (más adelante el porqué, Senderos de gloria) tras el despido de Anthony Mann. Se avecinaba uno de los mayores choque de egos a ambos lados de la cámara que se recuerdan, pero el resultado, una cumbre del peplum, hizo que valiese la pena. En la memoria colectiva de varias generaciones queda este legendario momento de "piña" contra el poder opresor, del "si tocan a uno nos tocan a todos". Un espíritu que en el caso de Douglas no se quedaba en la ficción, pues su insistencia en que figurase en los créditos Dalton Trumbo,  guionista muy señalado por la infame Lista Negra, marco el principio del fin de la "caza de brujas" ideológica en Hollywood.

"El patriotismo es el último refugio de los canallas"

Si fue el propio Kirk Douglas quien eligió a Kubrick para dirigir Espartaco fue precisamente por los excelentes resultados que le dio su papel protagonista en Senderos de gloria, obra maestra del cine antibélico. El actor sufrió en sus propias carnes la II Guerra Mundial, en la que participó como oficial de comunicaciones a bordo de un cazasubmarinos. Su interpretación como el Coronel Dax, que defiende hasta el final a tres de sus soldados condenados a muerte a modo de castigo ejemplarizante por una operación fracasada, queda para la posteridad como uno de los mayores referentes morales positivos que nos ha brindado la gran pantalla. Como momento cumbre del personaje, este diálogo en plena trinchera sobre el veneno del patriotismo como ideología que justifica la pérdida de vidas humanas y demás horrores de la guerra.

Trigales bajo un cielo amenazador con cuervos

Antes de la ardua tarea de trabajar a las órdenes Kubrick ya transitó los caminos de la locura y la demencia con su encarnación de Vincent Van Gogh en El loco del pelo rojo, de Vincente Minnelli. Su impactante recreación de la inestabilidad mental le valió su tercera y última nominación al Oscar al Mejor Actor, un premio que nunca ganó en su modalidad competitiva (algo que sí consiguió su hijo Michael en su única nominación, por Wall Street en 1987), aunque recibió la estatuilla honorífica en 1996. En una de las últimas escenas de la película podemos ver su desesperación a la hora de terminar la que acabaría siendo una de las obras más reconocidas del pintor, lo que lo lleva a pegarse el tiro que acabaría con su vida poco después.

"¿Qué asusta a la raza humana más que nada? ¡La oscuridad!"

Su segunda nominación al Oscar vino por Cautivos del mal, también de Minnelli, título incluido en el extenso monográfico El Efecto Rashomon. El relato gira en torno a las turbias relaciones, narradas a modo de flashback, de un director, un guionista y una actriz con un productor en plena era de los estudios en Hollywood. Daba vida al susodicho, efectivamente, Kirk Douglas, como un sujeto muy cuestionable en el plano ético pero que, queriéndolo o no, convirtió a aquellos en los profesionales de éxito de la industria que acabaron siendo. En uno de sus lances más logrados, da al realizador (Barry Sullivan) la clave para causar terror en el público sin necesidad de grandes recursos, ilustrando muy bien una era en que el nivel de intervención creativa de los productores era muy elevada.

Pista extra: Der treue Husar

No voy a desperdiciar esta oportunidad de seguir hablando de una de mis películas favoritas aunque ya lo haya hecho en ese mismo artículo. La dejo para el final puesto que aquí Kirk Douglas, o su alter ego el Coronel Dax, como prefiráis, están presentes más a modo de espectadores, como nosotros, que como sujetos de acción. Senderos de gloria es una película cruel, descorazonadora, que causa rabia, impotencia y desasosiego. Pero también tiene su momento para la ternura y la emoción entre la sangre, el ruido y la muerte de la guerra. En un emotivo epílogo, los soldados franceses no pueden contener las lágrimas de nostalgia al escuchar Der treue Husar ("el soldado fiel"), canción popular alemana del siglo XIX que acabó convirtiéndose en marcha militar. Su intérprete fue una joven Christiane Harlan, que al año siguiente se casaría con Kubrick. En la última línea de diálogo del film, cuando llega el momento de volver al frente, el Coronel Dax, también conmovido, dice: "Déjelos unos minutos más".

 

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