ANALIZANDO EL CINE INDEPENDIENTE (I): ROMPIENDO LOS MOLDES CLÁSICOS

A fin de poder establecer una hipótesis posible acerca del surgimiento de aquello que hoy llamamos cine independiente, es necesario hacer un poco de historia Situémonos momentáneamente en la llamada Gran Depresión, la cual se originó en los Estados Unidos, a partir de la caída de la bolsa del 29 de octubre de 1929 (Martes Negro), y rápidamente extendiéndose a casi todos los países del mundo. Fue la depresión bursátil que afectó a más países en el siglo XX. Este suceso causó un efecto devastador en Estados Unidos y el sistema de estudios de Hollywood no fue ajeno. En el terreno cinematográfico la crisis se percibió de forma considerable gracias a la bajada en la concurrencia a las salas de proyección.

Bajo esta tesitura y con la intención de atraer al espectador a las salas, los estudios propusieron presentar una doble oferta de cartelera. Así nacieron las películas clase B, las cuales eran realizadas con muy bajos presupuestos, con un rodaje muy breve (algunas tomaban solo cuestión de días), con actores prácticamente desconocidos o estrellas en decadencia y con una duración de aproximadamente 90 minutos. La ínfima inversión que esto representaba para los estudios permitió que muchos productores cinematográficos innovaran en muchos aspectos. Algo impensado de desarrollar en una producción clase A, ya sea en lo referente a cuestiones de estilo o en las temáticas que se abordaban, muchas de ellas prohibidas bajo la censura.

Filmar en libertad: independencia vs. estudios

Los orígenes del cine independiente se rastrean en aquella libertad para experimentar, lo cual fue posible gracias a una serie de factores esenciales: los bajos presupuestos, una estructura de la narración que no se anclaba en el cine de género y el riesgo tomado a la hora de abordar ciertos temas tabú que el cine industrial nunca trataría.

Esta osadía era prácticamente nula en una película de estudio. De manera que el cine independiente fue ideando su propia arquitectura sobre la cual aceptarse. No le faltaron medios para sobrevivir a las poderosas y gigantes majors. Es por esto que las compañías independientes progresaron de tal manera que transformaron la industria del cine. La labor de aquellos pioneros se percibe el sistema comercial que las ampara hoy en día.

Robert Redford fundó el Sundance Institute en 1981

Sin embargo, el circuito ha encontrado una singular forma de rentabilizarse, explotando las características de estilo propias bajo etiquetas de “género” que permite comercializar estas obras con distinta masividad a través de las distribuidoras. Contribuyen de inmensa forma los festivales de cine independiente, como el Festival de Sundance o los Independent Spirit Awards, los cuales han ganado popularidad en las últimas décadas. Está claro que las producciones independientes buscan claramente distanciarse de las “grandes” superproducciones. Y si pensamos el fenómeno fuera de Hollywood, podemos observar que en diversas cinematografías europeas existen determinados films producidos en países que no son potencias del séptimo arte.

¿Y qué sucede si hablamos de una producción de bajo presupuesto rodada con mínimos recursos? La implementación de cámaras digitales (que data profusamente desde los años sesenta) contribuyó a ampliar las posibilidades de realizar películas, lo cual popularizó el cine independiente a nivel internacional de forma impensada. Por aquellos años también surgía el término cine de autor, una denominación muy emparentada al cine independiente.

En este tipo de cine, el director tiene un papel preponderante y su libertad es ilimitada: escribe sus propios guiones, se encarga de rubros técnicos como el sonido y la fotografía, y lleva a cabo el montaje final del film que veremos en pantalla. Esta libertad permite al cineasta expresar de forma personal su creatividad y plasmar su huella autoral: sentimientos e inquietudes que forman parte de su cosmovisión serán representadas en la pantalla.

Estos conceptos formales acerca del lenguaje provienen de la escuela cahierista nacida en Francia junto con la Teoría de Autor Cinematográfico. Si buscáramos aplicar los principios que dicha corriente instauró y trazar un paralelismo con el cine independiente, existe un director que en sus rasgos de estilo se convierte en el paradigma de esta teoría: John Cassavetes. El llamado padre del cine independiente americano y fundador de la corriente NCA (New American Cinema) fue un autor de culto que a lo largo de su carrera desarrolló una obra coherente, homogénea y dueña de un profundo espíritu de libertad. Rostros, Una mujer bajo la influencia, Gloria y Maridos son algunas de sus emblemáticas joyas.

La independencia dentro de la industria

Si ejercitamos una rápida mirada, podemos encontrar claros ejemplos de directores consagrados que lograron realizar películas de autor dentro de la industria: Martin Scorsese, Woody Allen y los hermanos Coen son válidos ejemplos. El mismísimo Spielberg -rey Midas de Hollywood- comenzó siendo un director con aspiraciones independientes en El diablo sobre ruedas. Igualmente sucede con George Lucas, un emblema de la industria que se iniciara con la vanguardista American graffiti. Como es sabido, el cine independiente se ha preocupado por retratar una serie de temas que el cine mainstream no suele atender, prefiriendo optar por la opción políticamente más correcta.

Así, el cine independiente rompió barreras muy arraigadas: la sexualidad, las drogas, la prostitución, la mentira del sueño americano y la decadencia de la familia como núcleo, fueron temáticas que permitieron al cine independiente establecer un diálogo más real con sus espectadores. No deja de resultar paradójico el hecho que cuando los citados Scorsese, Allen o los Coen fueron a filmar para las majors se llevaron consigo esas temáticas de riesgo, adaptándolas a un cine más masivo. Una vez más, la industria había absorbido aquella bocanada de aire fresco.

Una de las características del cine independiente ya apuntada son sus fuentes de financiación. De ahí parte su independencia del sistema de estudios: poder filmar desligado de los esquemas restrictivos de la industria. Este rasgo primordial relativiza muchos de los productos realizados en Hollywood y llamados «independientes». Allí la relación se define de manera inversamente proporcional: por un lado, pensar que todo lo que se filma fuera de Hollywood es independiente sería caer en la generalización. Por otro lado, quitar de la ecuación a cineastas que han filmado valientemente sin claudicar a sus principios y dentro del esquema de estudios, sería pecar de reduccionistas.

El origen de la financiación de un film debe ser consecuente con el tipo de historia que elige contar. El caso más particular de analizar es Ciudadano Kane, un largometraje independiente que el tiempo convirtió en clásico de la industria. Sin embargo, para su concreción utilizó los recursos de Hollywood: los fastuosos estudios RKO llevaron a cabo las labores de producción luego de firmar un oneroso contrato con Orson Welles. Rebelde como pocos, el autor luchó sin claudicar su libertad autoral a lo largo de mil batallas con los estudios, enfrentándose a las directivas impuestas por un sistema que imponía sus necesidades comerciales.

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