‘HÉROES DE ACCIÓN ERAN LOS DE ANTES’: ICONOS RESUCITADOS (Y RECICLADOS)

Con un exceso de confianza y un ego a prueba de balas que se aferra a los pergaminos obtenidos en una carrera que se ha extendido por más de cuatro décadas, Silvester Stallone y Arnold Schwarzenegger siguen dando pelea. Con la saga Los mercenarios, sendos dinosaurios vivientes del cine de acción, aceptaron la responsabilidad de llevar a la pantalla la única camada de héroes de carne y hueso que, hoy por hoy, se hace lugar para sobrevivir entre tanta historia de ciencia ficción en soportes virtuales que pueblan la pantalla.

De regresos eternos

Alejado de las pantallas e inmerso en su carrera de gobernador de California, Arnold Schwarzenegger volvía al radar cinematográfico del que se había alejado por casi una década. Será por el renacer de viejas glorias del género, que el ímpetu del ex-Terminator contagió al musculoso Sly, que salió del ostracismo que lo albergaba desde algunos años atrás y volvía más activo que nunca pasados ya sus 60 años. La franquicia Los mercenarios resultó más que rentable y reunió a varios dinosaurios del cine de acción ochentero, otrora galanes en franca decadencia: Mickey Rourke, Dolph Lungdren, Jet Li y Eric Roberts. 

Dichos vetustos intérpretes se entremezclaron en un cartel junto a la estrella del cine de acción de estos tiempos, Jason Statham. Su estampa rutilante expuesta en títulos como Transporter, Caos, Revólver, Crank, El robo del siglo, The mechanic y Asesinos de élite confirmaron su presencia escénica y demuestran un know how evidente.

En cuanto a Sly, su figura icónica, a la que luego dilapidó haciendo añicos su carrera interpretativa, se lo debe a la repercusión que sus pequeños monstruos Rocky Balboa (Oscar de la Academia incluido) y John Rambo tuvieron allá a finales de los setenta y principios de los ochenta. Uno en el ring, otro en la guerra, sus batallas parecían paralelos de sus vidas, eternos luchadores y remadores incansables en contra de la adversidad. La motivación de Stallone en contar nuevas-viejas historias residen en un Rambo del siglo XXI que ahora trabaja para el servicio de inteligencia y de un Rocky cincuentón que a manera autobiográfica remite al eterno regreso del excampeón de pesos pesado George Foreman.

Stallone perseveró y convirtió ambos proyectos en una realidad nacida desde la expresión de deseo de resucitar a sus dos eternas criaturas. A juzgar por sus ganas de volver a los primeros planos y de -como él dice- cubrir un vacío evidente en el intransigente cine de acción de estos tiempos. La pregunta que cabe hacerse, es que pueden de positivo aportar estos dos personajes que dejaron de ver la superficie cinematográfica apenas entrada la década del noventa, en la que Jackie Chan, Steven Seagal y Jean-Claude Van Damme se disputaban a pura arte marcial y exceso de testosterona el cetro de héroe de acción más visceral.

Aquellos días ya parecen lejanos y obsoletos y a pesar de la fatídica moda de secuelas y remakes es estimable que poco puedan innovar o reinventar en un sector del universo hollywoodense oxidado y parodiando hasta el hartazgo el propio monstruo que ellos crearon. Sin ir más lejos, encontramos hoy en día el espejo devaluado de antiguas figuras en la irrupción de insulsos intérpretes como Vin Diesel o The Rock que pretenden ser figuras más remozadas y modernas de los otrora héroes de carne y hueso mencionados.

Héroes de ayer

En cuanto a héroes más clásicos y veteranos, la camada setentera de Hollywood dejó una marca que hoy todavía perdura. Clint Eastwood confirmó su estirpe de héroe sin fecha de caducidad que sí supo evolucionar del spaghetti western de los sesenta al policial melodramático de estos días, razonamiento que nos lleva a pensar que héroes eran los de antes. Si de western hablamos, imposible no recordar al inigualable John Wayne, que de su feo, fuerte y formal sheriff hizo un verdadero mito y leyenda.

Igualmente imposible resulta no recordar a Steve McQueen, héroe de acción por excelencia, estrella en todo el sentido de la palabra: desde el frente de combate bélico, los duelos a muerte del lejano oeste o las persecuciones policíacas por las calles de San Francisco. ¿Cómo olvidar al mismísimo -y muchas veces subestimado- Charles Bronson, quien por su trayectoria fue desde el implacable El luchador al renegado El justiciero de la ciudad.

No podemos dejar de mencionar a Sean Connery. Para el actor escocés la popularidad cinematográfica nació junto con su personaje de James Bond, quizás el agente más mítico de toda la saga. Su oportunidad llegaría en 1962, cuando fue elegido para interpretar el papel del famoso agente secreto creado por Ian Fleming. Desde Agente 007 contra el Dr. no, pasando por Desde Rusia con amor, James Bond contra Goldfinger y Operación Trueno, Connery brindó sus más memorables interpretaciones en el papel de 007.

Sin embargo, en los años setenta, ya cansado del personaje y decidido a no encasillarse, cedió su lugar a George Lazenby, su sucesor en Bond. Aunque el estigma de 007 siguió durante mucho tiempo al actor escocés, trabajó arduamente para salirse de éste e interpretó a personajes completamente diferentes con gran éxito, pudiendo ya ser reconocido como un actor muy versátil y solicitado. De físico imponente, glamour british, un acento seductor y un aspecto recio marca registrada, el ex 007 se había convertido en el galán de moda. Su popularidad en la piel de Bond sólo está a la altura de Roger Moore y Pierce Brosnan.

Por otro lado, y acerca del estancamiento que padece por estos tiempos el sector más industrial hollywoodense, parte de esta historia puede entenderse al gran vacío generacional que responde al inevitable cambio cronológico, social y político que sufre el mundo cinematográfico, a contramano de sus intereses meramente económicos. La mencionada Rambo, en su deleznable y facilona visión de los veteranos de Vietnam, se lleva gran culpa de los héroes acartonados que pueblan el Hollywood de hoy.

Los superhéroes de hoy

Hace algún tiempo sagas como Superman o Batman poseían una presencia en pantalla y una contundencia que hoy día no, pareciendo que el traje de superhéroe se lo calza cualquiera. El rejunte de héroes del cómic que superpueblan la cartelera estos tiempos con la saga Los Vengadores parece más un intento taquillero, furioso y desmedido que un proyecto serio, consecuente y acabado. Tan impensado como el desaprovechado talento dramático de Robert Downey Jr. y su nueva etiqueta de héroe de acción del cómic, una desproporción gigantesca.

Tampoco imaginaríamos en este presente a Sean Connery calzándose el smoking de James Bond, a Bruce Willis haciendo acrobacias en los rascacielos en La jungla de cristal o a Mel Gibson ajustándose con bastante dificultad el atuendo de Mad Max. Aunque sí es sensato asumir, se llevan los aplausos por regalarnos los mejores momentos del cine DE acción durante un tiempo que sin dudas ya quedó en el pasado. Signo más que evidente para estos héroes de acción eternizados en éxitos pasados sin aparente fecha de caducidad. Pero cualquier héroe, si bien invencible, sabe con resignación que las hojas del almanaque son un enemigo inexpugnable.

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