SPANISH HISTORY X – ‘EL REINO’, de Rodrigo Sorogoyen

EL REINO (2018) de Rodrigo Sorogoyen

Al igual que no necesitamos localizar Springfield en un determinado estado norteamericano para valorar en toda su esencia la insuperable radiografía de la sociedad estadounidense que lleva años trazando Los Simpson, El reino no quiere (ni necesita) acordarse del nombre de la Comunidad Autónoma española en la que sitúa su retrato sin concesiones de las cloacas más profundas de la corrupción política y la feroz lucha por su trono que contamina sus altas esferas.

Aunque quizás peco de romántico y el verdadero motivo de esa “indefinición” no es generalizar la situación a todo un país, sin excepción (que también), sino más sencillamente evitar ulteriores querellas por “delitos contra el honor” varios. O incluso más fácil (usemos la navaja de Ockham): la razón puede estar simplemente en no querer morder explícitamente la mano que da de comer.

Motivos aparte, que nunca sabremos, tampoco hace falta que digan nombres para que identifiquemos referencias concretas como muertes misteriosas de gente que sabe demasiado o una larga lista de receptores de sobresueldos en B apuntados con sus iniciales. Ni mucho menos de referencias más genéricas como recalificaciones a conveniencia, mordidas sobre subvenciones europeas y contratos, concesiones a dedo y toda una serie de artimañas que forman ya parte del decorado.

Sorogoyen renuncia a todo miramiento y a toda cuestión moral y poco menos que “se la saca” con complejos y dilatados planos secuencia y una cámara progresivamente hiperactiva y juguetona. Logra con creces un clima de tensión e inquietud en permanente in crescendo, el thriller (político) llevado a su máxima expresión. Y a la vez, encuentra su talón de Aquiles en la consistencia narrativa, pues momentos clave del guión, a medida que entramos en un intensísimo tercer acto, se caracterizan por el uso del deus ex machina, cuando no directamente por una inverosimilitud difícil de perdonar, máxime al llegar en momentos tan clave.

Así pues, la balanza hacia la opinión positiva la decanta el trabajo actoral. Antonio de la Torre supera con nota el arduo reto de cargar sobre sus hombros el protagonismo en todo el metraje, pero la palma se la llevan otros dos nombres: un inmenso Luis Zahera, que lleva él solito el relato al paroxismo en la escena del balcón, que roza el esperpento con los dedos; y Bárbara Lennie, cuyo cara a cara interpretativo final con De la Torre supone a la vez un tour de force dialéctico y moral entre política y periodismo que da que reflexionar, y mucho, en una secuencia brillante que sirve de perfecto colofón a todo lo que hemos visto antes.

El reino, su reino, el de toda esta gent(uz)a, sí es de este mundo: se llama Reino de España.

Ficha técnica

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