GOMORRA DE AROUSA – Llega ‘FARIÑA’

He de reconocer que el “efecto Streisand” me pone, y mucho, máxime cuando se trata de ocultar sin éxito una realidad más que constatada. Hasta mi yo más desconfiado se atrevería a pensar que Atresmedia pagó al exalcalde de O Grove, Alfredo Bea, una considerable suma para que emprendiese la acción legal que se convirtió en la mejor publicidad posible para el libro (obviaré el encaje de dicha decisión judicial en el contexto actual de deriva censora y regresiva en cuanto derechos fundamentales de este Estado en el que vivimos para no irme por las ramas y no envenenarme).

Con estos mimbres llega la esperada Fariña, la réplica nacional a Narcos, para los más simplistas, o la oportunidad de dar a conocer a fondo todo el entramado empresarial, policial y político que permitió el auge del contrabando y el narcotráfico en las Rías Baixas en un pasado no tan reciente (casi tres décadas desde la Operación Nécora, nos hacemos viejos…), para los más optimistas. Porque Antena 3 tiene esa alcance de audiencia y ese poder de convocatoria para que la serie llegue a un público masivo pero al mismo tiempo su cada vez más tendenciosa línea editorial (y por ende, política) suscita todo tipo de dudas en torno al grado en el que este producto de ficción, pensado para las masas, señale con nombres y apellidos a todas esas personalidades y autoridades públicas gracias a las cuales Miñanco, Oubiña, Charlín y compañía llegaron tan lejos y con tanta impunidad durante tanto tiempo.

Porque la casta política que gobernaba Galicia por aquel entonces es la misma que sigue ostentando el poder, décadas después, en buena parte de los municipios (y no fue en las ciudades donde estas redes tuvieron sus centros de operaciones) y en el gobierno autonómico, amén del Gobierno del Estado, que ya vemos cómo se las gasta. Y además qué casualidad que la serie se haya estrenado en unas fechas con tamañas inclemencias meteorológicas, pues, como bien dijeron públicamente algunos cuando se les preguntaba por sus más que evidentes “amistades peligrosas” con el mundo de la droga, “había nieve”. En esa línea entre los simplistas y los optimistas me sitúo en un cierto término medio: no espero naturalmente un The wire a la gallega (aunque en este aspecto el autor del libro, Nacho Carretero, no debe envidiar nada a David Simon o Roberto Saviano en lo que respecta a “meterse hasta la cocina” de un determinado asunto escabroso), pero también espero algo más que entretenimiento, que al menos se les llamen a las cosas por su nombre, sin miramientos ni eufemismos.

Lo bueno de contar una historia basada en hechos reales, de la cual todos sabemos ya el final (por el cual sus guionistas han tenido la acertadísima decisión de empezar), es el poder despreocuparse precisamente de configurar un “buen final” y centrarse en el proceso, en el cómo llegar hasta ese punto, que es realmente lo interesante de todo esto, el ascenso de unos pobres diablos que de primeras no querían más que salir de la miseria a la que estaban condenados pero que enseguida quedaron enganchados por el dinero y la vidorra que ni Michael Corleone, así como de los errores con los que se fueron cavando su propia tumba. Diez episodios de relato paralelo entre el ascenso de los narcos de la ría de Arousa y el largo y arduo camino de la Operación Nécora que los acabó tumbando, diez entregas con muchísimo que contar. Qué acierto al escoger de protagonista seguramente al más incorregible y carismático de aquella tropa, Sito Miñanco, el Pablo Escobar atlántico por antonomasia. Y atención al personaje de Pilar Charlín, que puede ser la gran tapada.

La pega que le pongo por ahora, consciente de que difícilmente podría ser de otra manera, es que la ficción no sea en gallego mayoritariamente, como The wire empleó sin miramientos el incomprensible slang de Baltimore o Gomorra unos registros profundamente campanos que hubo que subtitular en otras partes de Italia. Al menos han optado por un camino intermedio entre el reflejo fiel y la completa desnaturalización, el mismo que encontró Jorge Coira para Entre bateas (película muy atrevida y con el conflicto aún muy candente), el del “castrapo”, el híbrido sin reglas entre el gallego de cuna y el castellano de escuela, es decir, el registro más informal del castellano en esa zona, ni más ni menos. Pero más allá de ello no temo al fantasma de la desnaturalización al ver un gran reparto primordialmente gallego y escuchar a Heredeiros da Crus (también genuinos de la ría de Arousa) al principio de cada episodio. ¡Qué pena que Luis Zahera no forme parte de esto!

Ya tengo ganas de que llegue el siguiente episodio, ¡me parece a mí que va a ser muy adictiva! A ver si el título va a tener efectos subliminales…

Ficha técnica

 

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