ESPECIAL TWIN PEAKS (III): POR ENCIMA DEL TIEMPO Y DEL ESPACIO

Parte 1: ¿Por qué Twin Peaks es relevante en 2017?

Parte 2: Damn fine art

¿Es futuro, o es pasado? Hace ya casi cuatro meses que Twin Peaks: the return echó el telón de cierre (el de verdad, no el de su onírica habitación roja), se acaba un año en el que su esperado regreso ha supuesto sin duda uno de los principales acontecimientos audiovisuales, culturales y simbólicos (Cahiers du Cinema la ha colocado en el primer puesto de su Top 10 particular de 2017, ahí es nada)… y así y todo, los ecos del atronador grito de Sheryl Lee siguen retumbando como si se acabase de completar el primer visionado de la finale.

Teorías, más teorías, en vídeos, en libros, en wikis, en foros y más foros… El contracampo de contenido y lecturas generados por los usuarios tiende a infinito, continua y exponencialmente nutrido por espectadores fascinados por el juego cognitivo, ávidos por completar el rompecabezas, curiosos que siguen el críptico juego y también, naturalmente, frustrados, incluso hastiados. Y así y todo, volvemos siempre la misma pregunta: ¿es futuro, es pasado, es ambos o no es ninguno? Pues probablemente esté por encima de todo ello, de cualquier posible respuesta a semejante dilema, más retórico que narrativo.

Twin Peaks: the return llega 27 años tarde, como tercer acto de un relato que se había quedado en coitus interruptus. ¿O será más bien que la Twin Peaks original estuvo 25 años adelantada a su tiempo, de ahí su relativo fracaso a la hora de crear tendencia y escuela en su propia época?

David Lynch y Mark Frost, sobre todo el primero, han conseguido fagocitar la variable del tiempo (el tiempo narrativo y, lo que es más importante, su percepción por parte del espectador) y someterla a los designios y el devenir de su propio universo narrativo. El cineasta ya le había dado vuelta al efecto Rashomon estableciendo discontinuidades narrativas en el plano de diferentes realidades diegéticas. Lo hizo con Carretera perdida y Mulholland Drive (otra que quiso ser lo que Twin Peaks no pudo terminar de ser, pereciendo en el intento, pero siendo rescatada, para la causa, en un formato distinto al de su concepción original, con excelente resultado), subió la apuesta con Inland Empire, omitiendo progresivamente pistas y referencias espacio-temporales sin las cuales la gran mayoría de narradores no podrían continuar, y ahora, pega un triple salto mortal pasando por encima de las realidades, del tiempo y del espacio. Con un principio organizador por encima de todo ello: el destino.

The return ha servido para confirmar definitivamente la centralidad de Cooper en el relato (y de Laura Palmer como su catalizador y a la vez sentido último). El heterodoxo agente se comporta en cierto modo, e inconscientemente, como los espectadores de Twin Peaks: buscando siempre sentido, intentando conectar puntos, confirmar y refutar teorías, si bien en el fondo de nuestra cognición sabemos que en el universo Lynch (y nada hay ya más universo Lynch que Twin Peaks, con el viaje y el cánon ya completos… o eso creemos) dicha empresa resulta imposible. Cooper desafía el tiempo, el espacio, sus diferentes niveles de realidad, pero incluso cuando parece estar al final del túnel, se da de bruces con la evidencia (“realidad” sería un término demasiado difuso a estas alturas ya) de lo imposible de combatir el destino que nos tiene a cada uno reservado ese demiurgo, esa entidad deística por encima de todo (mucho más allá que cualquier compañía o sociedad secreta malvada tras el devenir de los acontecimientos en cualquier relato de grandes conspiraciones que se precie), queramos llamarla Judy o prefiriendo concebirla sin nombre, ni cara, ni forma.

¿En qué año estamos? En el año en que el viaje se ha completado y ya tenemos todas las piezas a nuestra disposición. En el año en el que a Twin Peaks le tocaba realmente llegar y donde ha podido desarrollarse como merecía. Que quizás ahora tampoco marque tendencia ni cree escuela, pero desde luego nos ha deleitado con una experiencia audiovisual fascinante. La ames cual rojo pasión de la Logia Negra o la aborrezcas cual humo perpetuo de la Logia Blanca.

 

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