PERDERSE, PERDERLO – ‘SIEMPRE ALICE’, de Richard Glatzer y Wash Westmoreland

Siempre Alice (2014) de Richard Glatzer y Wash WestmorelandSIEMPRE ALICE – Still Alice (2014) de Richard Glatzer y Wash Westmoreland

No hay nada en el mundo a lo que nos aferremos más apasionadamente que a nuestros recuerdos. No queremos ser olvidados, pero sobre todo no queremos olvidar. Todo lo que somos, todo lo que hacemos, responde a una memoria de nuestras vidas. Queremos a nuestros padres porque dieron sus vidas por nosotros, amamos a nuestros hijos porque con mucho gusto dimos las nuestras por las suyas. El día en el que olvidamos es el día en el que morimos. Nuestro corazón podrá seguir latiendo, los pulmones funcionarán con regularidad y las uñas no pararán de crecer. Pero nosotros, lo que somos, quienes una vez fuimos, se perderá para siempre.

En Siempre Alice, Julianne Moore interpreta a una reputada profesora universitaria y experta lingüista que con sólo cincuenta años sufre un raro caso de alzhéimer prematuro. Con la llegada de los primeros síntomas, Alice lucha por conservar sus recuerdos. Al principio sólo son palabras complicadas lo que trata de rescatar del olvido. Después, el nombre de sus hijos. Es una lucha constante pero irremediablemente abocada al fracaso. Alice no puede evitar ver cómo todo a su alrededor desaparece hasta que ya no queda nada.

Siempre Alice (2014) de Richard Glatzer y Wash WestmorelandHay dos momentos en la película que definen perfectamente ese sentimiento de pérdida. El primero, en los minutos iniciales, es cuando Alice sale a correr como de costumbre, siguiendo su ruta habitual, y en un momento dado se siente completamente desorientada: es incapaz de reconocer el lugar donde se encuentra, a pesar de que ha estado ahí en múltiples ocasiones. Nada ha cambiado, todo sigue igual, salvo ella. El segundo momento llega cuando la enfermedad de Alice se encuentra en un estado más avanzado y encuentra el vídeo que grabó meses atrás con instrucciones para suicidarse llegado el momento. Pero Alice es incapaz de recordar los pasos a seguir. Ha perdido el control sobre su muerte, que es como perder el control sobre su vida.

Richard Glatzer y Wash Westmoreland ofrecen una película tan sincera como necesaria, sin necesidad de regodearse en el drama ni poner énfasis en la tragedia, porque ésta encuentra su camino sola. No hay gran cine detrás de Siempre Alice, pero sí una gran historia acerca de una realidad aún muy incomprendida y que afecta a millones de personas en el mundo.

Julianne Moore merece un párrafo aparte, un Oscar y nuestra eterna gratitud. Todo en ella es maravilloso: la humanidad con la que retrata al personaje, su calidez, su honestidad. Tan cercana que es imposible no ver retratada en Alice a nuestra abuela, a nuestro padre, a un hermano o a un amigo querido. Ella nos conduce por un oscuro viaje al olvido, de su mano vivimos la angustia de perderse, de perderlo.

Me permito la licencia de terminar esta crítica enviando un saludo al lumbreras que tradujo Still Alice como Siempre Alice. Es decir, siempre en vez de todavía. El uno evoca eternidad mientras el otro da a entender un final próximo. El de Alice es, precisamente, un camino de no retorno hacia ese final. Hola, lumbreras. Gracias, Julianne.

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