O DE CULTO, O NADA – Llega ‘THE LEFTOVERS’

The leftovers 1x01: PilotLa HBO continúa su proceso de renovación. Desde Boardwalk Empire a True detective pasando por Juego de tronos o Girls, la reina de la “no televisión” busca continuamente seguir marcando la diferencia en un escenario televisivo cada vez más competitivo y en el que la vitola de “televisión de calidad” no le pertenece en exclusiva, como sí podía ocurrir hace diez años. En esta coyuntura, llega su nueva apuesta para la parrilla veraniega, llamada a ser el estandarte estival de la cadena ante el cercano adiós de True blood, quien detentaba dicha distinción en los últimos años.

Se trata, nada más y nada menos, del nuevo desafío de Damon Lindelof, que no afronta únicamente el reto de dar vida y durabilidad a una serie que se convierta en referente sino también, más allá de ello, una empresa de más altos vuelos: lograr conjugar e hibridar, con buen resultado, las que probablemente sean las dos tendencias más exitosas, en términos de crítica y público exigente, de la televisión del siglo XXI. Por un lado, el relato de misterio, intriga y conspiración, heredero de la precursora y visionaria Twin Peaks, explotado al máximo por la criatura más reconocida de Lindelof (no de J.J. Abrams), Perdidos, y huérfano a gran escala tras el final de esta última. Por el otro, el drama de calidad del cable, cuya cima copó de manera casi unánime la HBO en la pasada década y donde, a finales de la misma, han entrado de lleno al redil Showtime, AMC y últimamente hasta Netflix, con una fórmula de exhibición completamente novedosa.

The leftovers 1x02: Penguin one, us zeroTan ardua misión no está exenta de zonas muy pantanosas por las que Lindelof y Tom Perrotta, autor de la novela original en la que se inspira el relato, deberán deambular con mucha delicadeza, y en cuya pericia para ello residirán los logros de la serie. En lo formal, los creadores se encuentran con la tarea, nada baladí, de adaptar la narrativa de misterio e intriga, cuajada en el formato de la televisión generalista (en torno a 42 minutos por episodio), a la realidad de la programación del cable premium, cuyos dramas rondan generalmente la hora de duración. Nos encontramos, por tanto, ante una amplia, muy significativa y por ende crítica diferencia de 22-25 minutos por episodio de media. Y esto supone toda una amenaza para la cadencia rítmica de un tipo de relato que debe dominar el uso de los tiempos como ningún otro.

Es aquí donde la serie tiene que definirse y aprovechar sus recursos en consecuencia. The leftovers pretende, desde el inicio, tener un punto más místico e intelectual que Perdidos, pero no constituye, desde luego, algo equiparable a Los Soprano o The wire (a la cual dedican una mención explícita, esperemos que sin ningún ánimo pretencioso), ni tampoco comparable para nada, en términos de naturaleza dramática, a Juego de tronos, que compensa, cada vez mejor, sus irregularidades rítmicas con unbuen manejo de la acción y la intriga. La serie debe, pues, sacar el máximo partido a dicho diferencial de metraje para construir el misterio, desarrollar los personajes o hacer avanzar las diferentes tramas de alguna manera. Si caen en la trampa de dilatar lo que perfectamente cabría en 42 minutos, entonces tendremos un problema, aunque, naturalmente, todavía es pronto para evaluar pues resulta imposible conocer, ahora mismo, la verdadera relevancia y pertinencia de cada secuencia. No hay misterio que funciona sin sus justas cotas de expectación y paciencia.

The leftovers 1x02: Penguin one, us zeroEn lo estético y poético, sin embargo, ya han dejado entrever ciertos rasgos definitorios que, cuando menos, prometen. Mencionábamos antes Twin Peaks, relato fundacional del misterio y el thriller psicológico de la televisión contemporánea, y en un segundo episodio, más indicativo y específico que el incierto piloto, se detectan reminiscencias lynchianas en la trama del protagonista, la más aparentemente inconexa con el marco argumental principal, sobre las devastadoras secuelas sociales de una abducción en masa. Un protagonista que encarna Justin Theroux, el cual desempeñó un rol clave en la que estaba llamada a ser la superación de Twin Peaks y que finalmente llevó dicho estilo a sus mejores cotas… pero en formato monográfico y cerrado: Mulholland Drive. ¿Coincidencia? Aunque a lo que realmente recuerda el trastorno psicológico del jefe de policía Kevin Garvey (Theroux) es al desdoblamiento del protagonista de Carretera perdida. Veremos si logran imprimir el mismo interés e intensidad en el resto de componentes del relato. Por su parte, la deriva mística new age de Lindelof en la recta final de Perdidos no parece haberse quedado ahí, pues queda bien reflejado entre el pastiche renacentista de los títulos de crédito, a modo de Capilla Sixtina, y un nada casual empleo de las luces, al estilo de la tan controvertida escena final de aquella.

Los desafíos de The leftovers se pueden resumir en la búsqueda de un carácter propio y único del que emanen sus factores de atracción, de intriga, de adicción al relato, que deriven ulteriormente en un producto de culto, pero en este orden, y no al revés. La televisión de culto surge, no se crea ni se busca, ya que el culto televisivo pertenece al dominio del efecto, de la consecuencia, no al de la causa. La búsqueda de la condición de “serie de culto” por encima de todo puede acabar siendo su peor enemiga.

Ficha técnica

 

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