DOOLEY WILSON – AS TIME GOES BY / BSO de ‘CASABLANCA’ (1942) de Michael Curtiz

Resulta increíble hasta qué punto el mito de una película puede llegar a deformar o incluso fagocitar por completo el imaginario colectivo con respecto a una ciudad o país cuya realidad se desconoce (como también se puede desconocer aunque se haya visitado, pero ya en otros términos). Es el caso de la capital económica marroquí, urbe muy joven que Hollywood escogió para emplazar una de sus criaturas más legendarias… a nivel narrativo, puesto que la producción y el rodaje tuvieron lugar íntegramente en los estudios angelinos. Por si fuera poco, los eruditos del Marruecos colonial sostienen que el verdadero “Rick’s Café” estaría no en Casablanca, sino en Tánger, refiriéndose a un piano bar en el interior de un lujoso hotel de la ciudad, punto de encuentro de expatriados y exiliados en el período de la zona internacional, el mismo contexto significativo de Casablanca, ensoñación que, como bien se podrá deducir, nada que tiene que ver con la ciudad cuyo nombre ha importado, por mucho que este sea el enclave más occidentalizado del reino alauí (salvo por un prohibitivo piano-bar situado en los límites de la vieja medina, creado ad hoc hace una década por una diplomática estadounidense  para los mitómanos de bolsillos llenos).

Casablanca (1942) de Michael CurtizCurioso también es, un rato, el hecho de que en los últimos años Marruecos, todo un plató de cine al aire libre, rural y urbano, se haya vestido de todo (Roma, Palestina, Libia, Irán, Omán,…) salvo de sí misma, mientras que su mayor referencia territorial en la historia del cine siga siendo esta apropiación de la industria hollywoodiense. Siguiendo con el carrusel de curiosidades, la línea de diálogo más repetida y recordada de esta película, de este mismo momento, ha pasado deformada a la posteridad: en ningún momento Ilsa (Ingrid Bergman) le dice exactamente a Sam (Dooley Wilson“Tócala otra vez, Sam” (“Play it again, Sam”), como se puede comprobar en el vídeo que abre esta misma entrada, a partir del segundo 0:49. Y el más que probable culpable de dicha deformación sea Woody Allen y su particular apropiación del mito de Bogart en 1972, con un guión dirigido por Herbert Ross, cuyo título en España se empeñaron en traducir por Sueños de un seductor, cargándose así la naturaleza referencial del mismo.

Cantado por el mismo Dooley Wilson, que impersonaba al mítico pianista negro, inseparable compañero de viaje del protagonista, con la rendición en piano por parte de Elliot Carpenter, el tema fue originalmente escrito por Herman Hupfeld para el musical de Broadway Everybody’s welcome (1931), si bien fue su utilización en la película, tanto en el mítico momento musical como a modo de leitmotiv a lo largo del metraje, lo que le otorgó la popularidad, siendo versionada por decenas de artistas desde entonces. Su evocación de la melancolía, del irremediable paso del tiempo y del doble filo de los recuerdos forman parte de la identidad de esta obra maestra del cine, situada en un marco espaciotemporal e histórico muy concreto, pero cuya alma universal la ha hecho envejecer a la perfección y seguir siendo un título indispensable del séptimo arte, no matter how much time goes by.

 

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  1. […] magrebí (elitista y lleno de contradicciones, con una proyección exterior deformada por un mito fílmico sin ningún referente real de la ciudad), en uno de esos bidonvilles al más puro estilo de las […]


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