LA MÁS SUGERENTE DE LAS FORMAS – ‘EXPEDIENTE WARREN (THE CONJURING)’, de James Wan

Expediente Warren (The Conjuring) de James Wan (2013)EXPEDIENTE WARREN (THE CONJURING) de James Wan (2013)

Al poco de un magnifico prólogo, donde se dan pequeños detalles paralelos a la verdadera trama de la película, Expediente Warren sorprende por la exquisita labor de aprendizaje de James Wan a la hora de manejar todos y cada uno de los mecanismos narrativos y visuales del cine de horror, dando notas precisas del dotadísimo talento que el director malayo parece venir desarrollandodesde los tiempos de Saw (su exitosa opera prima). Destacamos el plano secuencia inicial donde la cámara, colocada en el interior de la casa, nos permite ver la llegada de la familia Perron a través de la ventana; la escena continúa con un soberbio encadenado (dentro/fuera) de la mudanza familiar, culminado con un travelling que sigue a una de las hijas hasta el exterior de la casa. Bastan estos dos planos secuencia, y apenas diez minutos de cinta, para intuir que lo que pretende Wan no es tanto una legitimidad clara hacia las referencias constantes del género de terror, como la capacidad de dilatar los espacios y reescribir un tipo de fantastique virtuoso, impregnado de una interpretación entusiasta alrededor de la composición, clásica y moderna al mismo tiempo, de la técnica y el lenguaje cinematográfico.

Expediente Warren (The Conjuring) de James Wan (2013)Podríamos pensar, equivocadamente, que Wan tira de mecánica para realizar un pastiche posmoderno (si, una palabra de moda en la actualidad), cayendo en la repetición de clichés o imágenes dependientes de tantas otras películas míticas (una suma de Poltergeist, Al final de la escalera y El exorcista). Sin embargo, Expediente Warren transmite individualidad con respecto a ellas, ejerciendo un particular estilo propio. Wan tiene clarísimo cuáles son sus intenciones, y de hecho pone siempre una marcha de más en la historia yendo casi en una única dirección, despiezando una narración emocional de la que desarrollar vínculos con los personajes, y sabiendo hacer el mejor uso posible de la edición, combinando elegantes juegos de luces y contrastes, con arreglos de posproducción (como la utilización del sonido o la banda sonora). Es un trabajo de artesano, ligeramente influenciado por los mejores títulos de la Hammer, un cine cuidado, preciso y entretenido. Por esto, por la honesta transparencia con la que el director le dedica seriedad y oficio a la película, Expediente Warren logra convertir una simple historia de casas encantadas e investigadores paranormales en una sobresaliente obra de ingeniería estilística, erguida sobre los planos constructores del encuadre. Tanto es su homenaje y amor por los clásicos del terror, que tiende a una reformulación cercana a la que en su día llevaron a cabo maestros de la talla de Wes Craven, o Tobe Hooper, primando continuidad con cineastas actuales como Ti West o Alexandre Aja, y no temiendo tender un abracadabrante lazo de cinefagia alrededor de las bases primitivas del horror puro.

Expediente Warren (The Conjuring) de James Wan (2013)Examinando la hasta el momento prometedora carrera del director de Silencio desde el mal, corroboramos ciertas obsesiones y tendencias autorales que, de una forma más o menos clara, se van repitiendo en cada nueva película. Están los gustos por los objetos demoniacos, los muñecos diabólicos, la presencia importante de la familia (en este caso de las madres), la aparición en un momento dado de un variopinto grupo de parapsicólogos, y especialmente, los finales de fiesta, frenéticos y climáticos. En Expediente Warren los artilugios extraños (contenedores de presencias demoniacas) tienen un claro protagonismo, si nos detenemos en ese museo del horror atiborrado de cachivaches que los Warren guardan en una de las habitaciones de su casa. Además, la muñeca del principio y la caja de música que encuentra una de las niñas en el lago comprenden parte de esa mitología terrorífica que le gusta a Wan. Lo más positivo, comparándola con, por ejemplo, la irregular Insidious, es la diferencial combinación de estilos de la cinta. La primera parte es mucho más pausada, con planos largos, y numerosos contrapicados, así como un eficiente talento para mover la cámara, mientras el tramo final, lo trabaja desde el montaje, con planos cortos, y rápidos movimientos de cámara (incluso hay una escena rodada a modo de found footage). Cuando llega el clímax, Wan tiene bien sujeta la tensión emocional, y no decae o tropieza en la atropellada resolución de ideas de Insidious, sobre la cual pesaba en una conclusión bastante más caótica (y fría) que la de Expediente Warren.

Es sumamente importante el crédito que los guionistas dan a la parte humana, y al dibujo, a lo mejor esquemático, pero de un sencillo equilibrado emocional, tanto del matrimonio Warren (destacar a la excelente Vera Farmiga), como de la familia Perron (las niñas están todas estupendas, y Lily Taylor asume un papel lleno de interesantes matices). Este apunte, que reúne la difícil cohesión de los recursos genéricos del terror con la calidez o empatía humana, logra un punto extraordinario mediante el importante recurso del flashback representado en la fotografía de la familia en la playa, y en el buen uso que hace Wan de ese recuerdo, para hacer confluir las mentes de las dos madres, en un instante fundamental y soberbio de la narración.

La planificación al detalle (una exótica atmósfera fijada en el ámbito de lo conceptual) de una película como esta recuerda, en contra de lo que pueda suceder con el futuro de Wan (embarcado, suponemos que motivado por el cheque, en la séptima entrega de la franquicia Fast & Furious), a las pautas artísticas del imprescindible sello Shyamalan, puesto que ambos (a niveles diferentes) son grandísimos cineastas poseedores de una rara habilidad para impregnar de energía, y movilidad canónica, a las nuevas imágenes de este flotante siglo XXI. Después de ver Expediente Warren tengo claro que el terror de James Wan comprende, dentro de su flamante estructura, la más sugerente de las formas.

Ficha técnica

 

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