ARMA(DURA) LETAL – ‘IRON MAN 3’, de Shane Black

Iron Man 3 (2013) de Shane BlackIRON MAN 3 (2013) de Shane Black

En la mitología griega Narciso era un joven bello y apuesto que de tanta vanidad acabó siendo castigado por los dioses a enamorarse de su propio reflejo en el agua. En la mitología marveliana, Tony Stark es, sino por culpa de la simpática arrogancia de un actor como Robert Downey Jr., aquel Narciso apegado a las escrituras de un personaje que apenas puede distanciarse de su ego infinito, sin más. Stark, un héroe encantado de conocerse. Podríamos decir que la trilogía, o cuatrilogia si contamos la escapada vengadora, del hombre de hierro, es lo más parecido a una disertación industrial acerca de los males contemporáneos del descreimiento. Claro está, un estudio simplista y unidimensional porque estamos hablando de Iron Man, y no de la última película de Malick. Ahora bien, con la base estructural de que los superhéroes de Marvel han entrado en otra dimensión tras Los vengadores de Whedon, la tercera entrega de Iron Man, es claramente superior (en partes) a las reguleras dos primeras dirigidas por Jon Favreau, no por un distanciamiento notable o rompedor, sino porque Disney ha decidido probar suerte en una nueva brecha reguladora que pivote sobre un mismo centro, y dote de conjunto, película a película, a todo un proyecto unificador.

Iron Man 3 (2013) de Shane BlackEn un principio, el que contaran con Shane Black para dirigir la tercera aventura de Stark, fue visto como una sorpresa agradable al reconciliar el nombre de un guionista estrella de finales de los ochenta, con la nueva campaña revitalizadora de la Disney/Marvel. Esto animaba a pensar en que Iron Man 3 contaría con ese mismo estilo autoparódico que avala al superhéroe de Stan Lee, mezclado con las experiencias de Black en las películas de acción tipo Arma letal o El último gran héroe. La verdad es que, después de un tiempo perdido en el olvido más absoluto (solo ha dirigido Kiss kiss bang bang), Black no tiene más remedio que aprovechar la oportunidad ofrecida por los titiriteros de la industria hollywoodiense para demostrar que, aun con las imposiciones evidentes de un producto prefabricado como este, los pequeños detalles de su cine tendrían cabida a lo largo de un metraje (para variar se excede demasiado), con suficientes secuencias estructuradas en torno al devenir personal del héroe, en donde Black luce una inteligente arbitrariedad humorística cimentada en muchas de las mejores películas de su currículo (El ultimo boy Scout, la propia Arma letal).

Iron Man 3 (2013) de Shane BlackPor eso mismo, hay al menos tres partes del film, en las que Iron Man 3 es una película extraordinaria (por ejemplo, la parte de Tennessee), pero inevitablemente hay otras tantas en las cuales reaparecen los fantasmas de un desesperante cine espectáculo obsesionado con la machada del ruido, y la necesidad de llevarnos a un clímax final que supere lo nunca antes visto en materia blockbuster. Esto es exactamente lo que retrae a una película que, incluso al “tran tran” de la muchísimo más completa Los vengadores, desluce en una finalización ahogada en los errores de abuso, y en un clímax con crisis de ideas visuales y de planteamiento agotado. Mientras Joss Whedon construía un equilibrado castillo de naipes que nunca dejaba caer, Black desgasta enseguida la magia, con algunos giros de guión (no desvelaré nada) ridículos, y un fortuito choque argumental que corta el interés (la importancia de un villano a la altura muy a pesar del trasfondo irónico del personaje de El Mandarín), y arrastra el mea culpa hasta los minutos finales de la película.

Iron Man 3 (2013) de Shane BlackHasta ese punto concreto, Iron Man 3 esparce varios apuntes de guión inteligentes que suman mediante la ansiedad manifiesta de un Stark psicoanalizado, la continuidad ideal con el “the end” de Los vengadores. Black psicoanaliza la identidad del héroe, insinuando complejidades adultas y oscuras (las pesadillas nocturnas), pero jamás llega a herir de gravedad el armazón irreflexivo del corpus Stark/Downey Jr. Solo por semejanzas contemporáneas pensaríamos en una oscuridad a lo Nolan, sin que realmente sea algo más que un esqueleto argumental, un paralelismo reflejado más en nuestra mente que en las intenciones de la película. Sin embargo, Black se gusta en mostrar una gran cantidad de tiempo al héroe sin armadura, a rostro descubierto, obligando a la elaborada secuenciación de la acción física. Ahí Downey Jr. ejerce la posición de alter ego del cine de Black con un atractivo toque a lo buddy movie (bien sea con el niño, con la churri de la Paltrow, o con el amigo Don Cheadle), y un par de escenas a lo Terminator (la del bar, y la pelea con la mujer) que insisten en guiñarle un ojo al cine de antes. Además está la música levanta-asientos de Brian Tyler, que suena a épica de rodillo más cerca de Goldsmith (te echo tanto de menos) que de Zimmer. La película lo agradece, porque Tyler, en contra de los anteriores compositores de la saga (Djawadi y Debney) recupera parte de la importancia de escuchar un tema principal reconocible, anexionado al héroe.

Pero creo que esa excelente parte central merma al resto, que no es como para tirar cohetes: un prólogo aburrido, una alargada presentación de la historia, los malos (Guy Pearce disfrazado de Jim Carrey) o la esquizoide y embarullada batalla final. Ven (más de un crítico lo ha dicho) a Iron Man 3 como la cuadratura del círculo Marvel, en la que corrigen y aumentan todas las virtudes de la primera (mucho peor que esta), así como subrayan en fosforescente la nueva era post-Whedon en la triunfal cadena de éxitos de la compañía. Ni tanto (intrascendente), ni tan calvo (la mejor de la serie), Iron Man 3 es un cegador divertimento monodosis de usar y tirar.

Antes mencionaba la vanidad de Narciso, por eso Stark se hace preguntas acerca de su existencia, despejando adornos en pro de una esencia particular del héroe distorsionado, en medio de una transformación personal. Sin embargo Stark, lejos de matar al ego, comienza una trepanación de héroe fortalecido, y la misma conclusión que al final de la primera Iron Man presentaba a un triunfante Stark reconociendo en público su verdadera identidad de superhéroe, queda reiterada aquí en las palabras reveladoras de un nuevo (o no tan nuevo) Tony Stark autorretratando la esencia narcisista de que pase lo que pase, con mascara o sin ella, él seguirá siendo Iron Man. Con este (¿no intencionado?) ensayo del egocentrismo, las películas de Iron Man compilan las dos caras de un Stark/Downey Jr. profundamente enamorado de sí mismo y de un personaje sintomático de las depresiones y ansiedades individualistas del mundo tecnológico.

Comments
5 Respuestas to “ARMA(DURA) LETAL – ‘IRON MAN 3’, de Shane Black”
  1. Sofia Martínez dice:
    Estoy fascinada con esta película la he visto muchas veces y creo que por mucho supera a otras de superhéroes, además Tony Stark es la onda, me encanta.
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