GLEE MOVIE – ‘DANDO LA NOTA’, de Jason Moore

DANDO LA NOTA – Pitch perfect (2012) de Jason Moore

Hace un par de mesillos, en el primerísimo #BirraSeries Galicia (cuya segunda entrega se está haciendo de rogar), comentábamos, entre otras tantas cosas, las diferencias estructurales entre la ficción cinematográfica y la televisiva, sus ventajas y desventajas a la hora de crear empatía con el espectador, sobre todo de cara a los personajes. Un debate que viene perfectamente a colación con esta película, estreno internacional de comedia destacado en un fin de semana con liderazgo claramente español, con otro tipo de comedia bien diferenciado como es lo nuevo de Almodóvar.

Y así ocurre, precisamente, porque se trata, de manera muy obvia, del caso más paradigmático en los últimos años, con mucha diferencia, de influencia y realimentación entre esos dos medios, cine y televisión, por lo menos en el sentido menos habitual: un monográfico fílmico claramente inspirado en el legado (aún vigente) de una serie de televisión bien definida y popular, sin estar directamente extraída del universo de esta última. No se trata de “la película surgida de la serie X”, sino de “una película completamente independiente de la serie X pero claramente inspirada en ella”. Y desde que escuchamos la primera cuña sonora (también en canales alternativos altamente estratégicos como Spotify) o nos molestamos en ver el respectivo avance, no hace falta que se especifique de qué serie se trata.

A lo burdo pero sintético, se podría describir esta propuesta como una hibridación de la criatura de Ryan Murphy (la cual lleva con bastante solvencia su inevitable fase 2.0) con la gama media (más festiva que reflexiva) de la factoría Apatow… el cameo del icono geek Christopher Mintz-Plasse (sí, el McLovin de Supersalidos) supone toda una declaración de intenciones. Así como la hilarante de progresión de la australiana Rebel Jones, tapada sensación en La boda de mi mejor amiga. No esperemos tampoco el tendencioso pero identificativo discurso social ni la sarcástica acidez de la serie, de cuyo subtexto significativo se queda más bien con la defensa de la creatividad y la novedad frente a lo canónico y lo establecido, así como el poder de la coralidad y el reparto de protagonismos frente al férreo liderazgo de facto en una o pocas manos.

Pero sobre todo, la clave del mejunje se encuentra en el contexto social o antropológico de la que ambas influencias han hecho su santo y seña: esa fauna de freaks y geeks de los institutos en su llegada a un escenario más liberado y menos restrictivo como la universidad, donde la supervivencia diaria resulta una aventura más que un suplicio,… todo ello a través de la música y el show choir. Su lado más gleek se encuentra en este elemento estructural y fundamental, pero igualmente identitario, de los mismos formatos musicales. Dando la nota, traducción divergente del pero con el mismo sentido y declaración de intenciones que el original, más una connotación extra que no viene mal (no nos acostumbremos tampoco), se erige desde el primer momento en un imperio del mash up, en el que se entremezclan sin darnos cuenta desde Simple Minds hasta Nicki Minaj, clásicos de ayer, de anteayer y de hoy, lo que supondrá la delicia de todo aquel que se pueda pasar horas, sin un rumbo determinado, en una plataforma de búsqueda y reproducción de música.

Con un director curtido en la televisión y debutante en cine (al igual que su guionista, Kay Cannon, alma creativa en 30 Rock y New girl), pero también con experiencia en Broadway, el cauce de la película puede recordar a ese gran arquetipo del cine musical como son las “peleas de gallos”, desde clásicos imprescindibles como West Side story hasta referentes de culto como los duelos de guitarras de los ochenta. Ahora bien, el auténtico factor cinéfilo de la película tira por otros derroteros, y a la postre (pues nos presenta inicialmente a una protagonista ultramelómana pero con poca paciencia para el celuloide), acaba decantando el alma del relato por uno de sus dos medios de influencia, naturalmente, el  cinematográfico. Los creadores acaban convirtiendo en leit motiv de la narración la citación explícita y alabadora a una piedra angular del cine juvenil y generacional como El club de los cinco, así como su sintonía asociada y co-dependiente, Don’t you (Forget about me) de Simple Minds. Recordando una época cuando las películas para jóvenes molaban, para luego entrar en una arruinante dinámica que, afortunadamente, empezó a recuperar su buena forma, sinceridad y magnetismo con la irrupción, precisamente, de Judd Apatow y compañía. Esto es lo que otorga al relato un impulso y un salto de calidad transcendentales en un vibrante tercer acto, si bien su referente fílmico más obvio e inmediato se encuentre más bien en las frat movies de la era John Belushi, las cuales actualiza a los tiempos del iPod.

Un notable para una Anna Kendrick que parecía haberse estancado en su proceso de “descrepusculización”, habiendo mostrado su verdadero potencial con su logrado papel en Up in the air. Tenemos ante nosotros a una leyenda en potencia del cine indie que sería una pena desaprovechar.

Ficha técnica

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