UN REPASO AL 2012

Antes de que me pille el toro, esta madrugada, de los Globos de Oro, primer gran veredicto de la temporada no sólo para el cine, sino también para la televisión, y con una midseason dando sus primeros pasos con la pesada losa de la pésima cosecha de estrenos de otoño, me dispongo a elaborar un pequeño cuadro de honor con lo mejor que el recientemente esfumado ha dejado en mi retina catódica.

Mejor Drama: Homeland

Creo que no hay mucho más que decir que todo lo que ya expuse en los diferentes artículos en los que analizaba la siempre difícil segunda temporada de la nueva reina de la televisión de calidad, pese a la disipación de la novedad, los (necesarios) coqueteos con el culebrón y la creciente dificultad de coherencia en los giros radicales. Los tres últimos episodios dejan, literalmente, con el corazón en un puño.

Mejor Comedia: Girls

Vale, que es una dramedia. Pero su frescura y sinceridad hace que sus vicios inherentes y su probable falta de empatía con el sector de público más alejado de su nicho de espectadores objetivo resulten un mal menor, y que se sobreponga, en este juicio subjetivo, a Modern family (que en su 4º temporada, pese a mantenerse, puede que haya reducido ligeramente su grado de chispa y brío cómicos que la convirtieron en la sitcom reina absoluta durante tres años consecutivos) o Community (con grados de brillantez creciente pero lamentablemente maltratada por su cadena y sus circunstancias, y aún sin episodios en esta temporada). Los hijos de la crisis del nuevo milenio, criados entre los formatos digitales y las redes sociales pero con un mínimo de experiencia en la prehistoria analógica, se verán de alguna manera reflejados en esta suerte de tragicomedia urbanita gafapasta-feminista, y sus definidos e inseguros personajes. Y pese a su intencionado y clarividente título, su reto debe ser ahora enriquecer la representación del cromosoma Y: sus comparaciones con Sexo en Nueva York (frecuentemente bastante gratuitas) no deben ser su losa, sino una barrera a superar.

Mejor Estreno: Moone boy

Aquí inicialmente debería situarse la dramedia de Lena Dunham, el mejor estreno de la HBO en formato de media hora en muchos años, pero como acabo de otorgarle un honor mayor, dejo este hueco para un pequeña y original joya venida de tierras irlandesas, cuelgue personal de un Chris O’Dowd (inesperado secundario en Girls, por cierto) camino de convertirse en una referencia del humor británico contemporáneo. La irónica sátira sociológica a la que siempre dan lugar los relatos en primera persona de un preadolescente, más el retrato contextual de un época de profundos cambios como fueron los albores de los noventa, sumado a lo estrafalario de su premisa y a su marcada osadía visual y narrativa, marca de la casa, hacen de la primera hornada de esta sitcom una reveladora y balsámica experiencia. Nunca una representación de un sueño húmedo iniciático resultó tan hilarante y al mismo tiempo tan codificada como para esquivar la zafiedad visual.

Mejor Episodio (Drama): Mad Men 5×06Far away places

Puede que Homeland haya superado, momentáneamente, el listón que la serie de Weiner dejó tan alto durante tanto tiempo. Pero que no os engañe el olvido completo de esta serie en los Globos de Oro, ni su derrota dolorosa en los Emmys de 2012, tras cuatro años consecutivos en el trono. Los premios televisivos son cuestión de modas y de campañas de productoras y cadenas al respecto. Mad Men ha mantenido ese grado de excelencia alcanzado durante la cuarta temporada, con episodios aislados que superan incluso a cualquier entrega de Homeland. Su pérdida de karma académico se debe al largo parón de producción, que nos dejó huérfanos de Draper y compañía durante casi dos años, en los que profesionales y críticos buscaron un remplazo que acabaron encontrando en nuevas series cargadas de talento que fueron surgiendo.

Me resultaría difícil escoger sólo uno. Signal 30, At the codfish ball o The other woman son obras maestras del audiovisual que dejarían en evidencia a una amplísima mayoría del cine producido a día de hoy. Pero esa valoración individual, aislada (algo un tanto contraproducente en un arte serial como es la ficción televisiva) nos deja con este 3×1 de “historias extraordinarias” en el contracampo de los habituales escenarios laborales, sociales y domésticos de esta serie. Un viaje imaginario a las estrellas, con un gran carga implícita; un viaje psicotrópico a los adentros de una pareja desfasada y sin futuro, al más puro estilo años sesenta; y un melodrama romántico de campo a la francesa, con una intensa intriga. Todo se cierra en una especie de estructura a lo Amores perros, que demuestra la gran capacidad de la serie de reinventarse a sí misma y jugar con los límites de su formato, pese a lo estabilizado y consolidado de sus pilares compositivos.

Mejor Episodio (Comedia): Community 3×20 – Digital Estate Planning

Una pena que esta comedia no hubiese nacido en el lugar que le correspondía: un canal de cable, no sometido al fascismo estadístico de las cifras de audiencia. Una pena que la tensión interna acaba reventando de esa manera, con Dan Harmon (cerebro y alama de este hito de la comedia televisiva) apartado de la dirección creativa y Chevy Chase borrándose definitivamente. Una pena que la NBC no la sepa valorar y sólo haya encargado media temporada, con la sombra de la cancelación cada vez más inminente. Cuando parece que no dan más, cuando los escépticos aprovechan para ensañarse, cuando los espectadores más activos lanzamos campañas a la desesperada para salvarla una temporada más, van y nos dejan de nuevo boquiabiertos pese a que ellos mismos suben el listón cada vez más. Por si fuera poco con tres episodios de paintball, uno de Dragones & Mazmorras, otro en stop motion, otro en clave mockumentary, un falso recopilatorio, una muy particular versión de Rashomon,… van y se sacan de la manga un episodio-videojuego con gráficos 2D pixelados, rotundamente estilo años ochenta. Que los caprichosos dioses que rigen el destino televisivo escuchen nuestras plegarias y mantengan viva a estar serie, al menos para seis temporadas y una película.

Recuperando la buena forma: Glee

No existe mayor salto del tiburón que cuando una serie continúa tras haber llegado a su final lógico y perfecto, el del penúltimo episodio de la pasada temporada: New Directions, tras una larga travesía llena de sonrisas y lágrimas, de trolls intentando aplastar sus sueños día y noche, conseguían por fin vencer el campeonato nacional de show choir y se convertían en modelos a seguir en su localidad, especialmente su gran mentor, Will Schuester. Tras un “epílogo” que mató en parte las grandes sensaciones del episodio anterior, y el gran reto del cambio generacional, necesario en toda ficción de instituto que se precie, Glee encontró, en pocos episodios, un equilibrio cada vez más estable entre lo viejo y lo nuevo, deslocalizando su escenario único de Lima (Ohio), a la par que introduciendo nuevos personajes en esa epopeya diaria que es la vida adolescente. Y lo que parecía imposible: saliendo adelante sin la omnipresente figura del mentor-guía. Se mantienen el brío y el sentido del humor que convirtieron a esta serie en un furor pero al mismo tiempo se alcanza una necesaria madurez que se refleja también en el desarrollo narrativo, que encuentra en su alternancia espacial (Lima-Nueva York) una baza dramatúrgica. Sí, existe una solución intermedia entre el reset total y la continuación lógica, entre la primacía del formato y el devenir de los personajes, y la serie de Ryan Murphy lo ha encontrado.

En coma: Misfits

Caso paradigmáticamente opuesto al anterior. Por si fuese poco con la maldición que asola a la producción de esta serie, otrora llena de frescura e intensidad, no ayuda que no se sepan definir en un momento en el que toca dar un golpe fuerte sobre la mesa o morir en el intento. Con un único superviviente del quinteto original, y para más inri, aquel con menor carisma y capacidad para sostener la narración, la serie se empantana progresivamente, sin apenas horizonte, y argumentos episódicos (lo único que la podría levantar) cada vez con menos mordiente. Veremos si toman nota, y aprovechan una renovación, contra todo pronóstico, para tomar nota, hacer borrón y cuenta nueva y volver a la brillantez de antaño… o a algo que se le parezca.

Mención especial: Weeds

Tras un estiramiento incomprensible, una séptima hornada que ya destilaba agotamiento y una season finale tramposa y desleal que despertó las iras de muchos (yo el primero), la dramedia de Jenji Kohan, referencia, pese a todo, de la ya caduca “edad de oro de las series de televisión” (al menos como término), llegaba a su octava y última temporada sin apenas alicientes, sin un rumbo definido, y muy lejos de sus mejores momentos. Una de las mayores TSNRs de la historia de la televisión (Nancy y Andy) se rompió de una manera bastante repentina y decepcionante. Con todo, la secuencia final resulta poco menos que entrañable, por la añoranza de lo grande que llegó a ser esta dramedia, ejemplo a seguir para iniciativas posteriores, y sobre todo, el cariño que se le cogió a unos personajes a los que, tras muchos años, ya sentíamos como parte de la familia. Hasta siempre, clan Botwin.

 

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