MIDSEASON 2013: Vuelven ‘CALIFORNICATION’ y ‘GIRLS’

La resaca de los Globos de Oro eclipsó al regreso de dos series de renombre ese mismo domingo. Una de ellas, precisamente una de las triunfadoras, Girls. Su autora absoluta y todoterreno (creadora, productora, guionista, directora y protagonisa), Lena Dunham, con el listón (e imagino que el ego) bastante subido, se enfrenta a la siempre exigente y crítica segunda temporada, al gran desafío de no acabar siendo una flor de un día. Veremos hasta qué punto mantiene o al menos encauza la frescura del arranque. La otra, en cambio, Californication, una veterana a la que no paran de dar por muerta una vez entrada en madurez pero que, pese a todos los infartos y embolias, va envejeciendo con cierta salud,… y ahora promete entrar en una fase hasta entonces inédita.

Californication: nuevo (¿y definitivo?) camino a la redención

Esta season premiere de la dramedia más longeva de Showtime (ahora que Weeds se ha despedido para siempre), la enésima estrella excéntrica del showbiz (real, libremente inspirada o ficticia) en pasar por la serie tira de literatos míticos para crear la mejor definición jamás pronunciada de Hank Moody, el mejor personaje de la televisión contemporánea con permiso de Don Draper: Baudelaire, Bukoswski y Oscar Wilde envueltos en un jodido y talentoso escritor”. Nada más y nada menos. El romanticismo del francés (pues Moody, a su particular manera, no deja de ser un romántico), el descarrilamiento vital del norteamericano y el dandismo rebelde del irlandés, aunque en una instancia resacosa y trasnochada. Eso es Hank Moody desde que lo conocimos, pues pese a todas las lecciones de vida que le hemos visto teniendo a lo largo de ya seis temporadas, no parece haber cambiado lo más mínimo. Y si bien semejante cóctel resulta un perita en dulce para su valía en el arte, de manera proporcionalmente inversa redunda en una ardua y peliaguda realización en la vida.

No es novedad ver a Hank refugiarse temporalmente en el alcohol y la perdición ante sus reiteradas meteduras de pata con la gente que más quiere, pero de lo de ahora ya pasa de castaño a oscuro, y como tal las medidas necesarias son más severas. Justo cuando parecía que todo le iba a ir bien, que se parecía haber liberado de su sambenitos psicosomáticos (su lado más Bukowski, digamos), un error del pasado, la más perturbada y destructiva de sus conquistas lo vapulea de lleno,… no tanto por haberle arruinado su gran oportunidad para quedarse con el amor de su vida de una vez por todas, ni por lo cerca que lo ha dejado de la muerte, sino por la intensa carga de culpa que le deja a posteriori, causa de su preocupante espiral diaria de perdición. Aquí vendría una de esas “intervenciones” que las series estadounidenses tanto nos venden como un movimiento clásico de su sociedad para cuando uno de sus individuos lo pasa mal o no está yendo por el camino adecuado.

La cuestión es que, como se nos ilustra en una hilarante secuencia, su entorno de confianza tampoco es precisamente la flor de la huerta, y difícilmente serán capaces de reflotar a un barco a la deriva cuando ellos mismos se encuentran muy lejos de tener el rumbo enderezado. Así pues, a grandes males, grandes remedios. Tras ver a Moody de padre soltero, de profesor, enfrentado a la justicia y de bíografo/guionista particular de zumbados con suerte, lo único que nos faltaba era verlo en desintoxicación… y no le han dado más vueltas. Charlie Sheen, te seguimos esperando.

Girls: año nuevo, vida no tan nueva y fantasmas de siempre

Dos Globos de Oro bajo el brazo. Perspectivas de Emmy. Niña bonita de la HBO, que por fin tiene su comedia (dramedia) fuerte. Las cosas no podían ir mejor para Lena Dunham y compañía, pero naturalmente, para sus instancias en la ficción, sus alter ego con tintes biográficos en mayor o menor medida, no se encuentran tampoco en un mundo de rosas. Salvo, aparentemente, la alocada de Jessa, aquella que, contra todo pronóstico y a última hora, pasó por el más radical de los cambios el final de la pasada temporada. Pero, naturalmente, si eres joven y vives en Nueva York, y encima puedes contar, en todo caso, con unos padres que respondan económicamente por ti, la apariencia es más caduca que el otoño.

El resto de conflictos caminan más por la senda de la continuidad con respecto a la primera temporada. La omnipresente y ególatra Hannah se ha metido en un intrincado triángulo amoroso entre la pasión de lo nuevo y el respeto por lo viejo (aderezado por la culpa, que no tanto la lástima), a la par que la convivencia con su ex-novio bisexual dará mucho juego. La posesiva Marnie se enfrenta ahora a sus dilemas amorosos a la par que le toca lidiar de nuevo con la lacra del desempleo. Pero la más interesante es, una vez más, la frágil Shoshanna, que habiendo por fin experimentado los placeres de la carne, se encuentra en un bucle de autorechazo cuya salida puede hacernos esperar de todo un poco, para reír y para llorar.

De momento son esas las únicas pistas sobre las direcciones que va a tomar la serie. Pero se intuye que habrá movimientos importante más pronto que tarde.

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