V FESTIVAL DE CINE ITALIANO DE MADRID: CÉSAR DEBE MORIR – Cesare deve morire (2012) de Paolo & Vittorio Taviani

SHAKESPEARE ENCARCELADO
Proyección y encuentro con Paolo Taviani

El pasado viernes, los Cines Verdi acogieron la première de la nueva película de los hermanos Taviani, César debe morir, con motivo del V Festival de Cine Italiano de Madrid. Para la ocasión, se contó con la presencia de uno de los directores, el  maestro Paolo Taviani, quien afirmó que “soy medio director, la otra mitad se ha quedado en Roma”, en referencia a su hermano Vittorio, que no pudo acudir a la cita en la capital.

En nuestro país, la película pudo verse hace algunos meses en el Festival de Cine de San Sebastián, enmarcado en la sección Zabaltegi Perlas, que reúne algunas de las cintas más laureadas en los festivales más importantes del panorama internacional. Y es que César debe morir fue galardonada con el Oso de Oro en la Berlinale, lo que sin duda no hizo sino impulsar lo que se prevé como una larga carrera para la película de los hermanos Taviani, quienes de momento ya han obtenido tres nominaciones a los Premios del Cine Europeo (Mejor Película, Director y Montaje) y han sido seleccionados para representar a Italia en los Oscar del año que viene. Recordemos que la triunfadora del Festival de Berlín del año pasado, la excelente Nader y Simin, una sepración, acabó llevándose el Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa. César debe morir lo tendrá algo más difícil, con la prácticamente asegurada presencia de Amor de Michael Haneke entre las nominadas, pero los premios no han de servir para juzgar una película que es, sin ningún asomo de duda, una obra maestra. Otra más de los hermanos Taviani. Y ya van…

Para quien aún no lo sepa, la película es una especie de documental (aclararemos lo de “especie” un poco más adelante) sobre un grupo de presos en la cárcel de Rebibbia que se preparan para representar la obra Julio César, de Shakespeare. En el proceso, el espectador es testigo de los paralelismos entre la tragedia shakesperiana y la de los propios reclusos, que ofrecen una interpretación tan visceral como desgarradora, que nada tiene que envidiar a Marlon Brando o Kenneth Branagh, por citar tan sólo dos nombres ilustres relacionados con adaptaciones cinematográficas del genio inglés. Y es que los presos (que, por si no había quedado claro, son presos de verdad que cumplen condena en la cárcel, no actores) cuentan a su favor con la baza de la naturalidad y la identificación, y, muy especialmente, con el poder redentor y transformador que para ellos conlleva el contacto con el Arte. Uno de ellos afirma mirando a cámara, al final de la película: “Desde que he conocido el Arte, mi celda se ha convertido en una cárcel”.

Los Taviani huyen inteligentemente de los modelos clásicos de documental, rodando la mayoría de las escenas en blanco y negro (cosa que, según Paolo Taviani, gustó mucho a los presos que participaron en la película cuando esta les fue mostrada, pues consideraban que dotaba de mayor intensidad a sus interpretaciones) y con una planificación y un montaje exquisitos. “En la película, todo es verdad y todo es falso”, afirmaba el menor de los hermanos. “Pasamos mucho tiempo en la cárcel, los reclusos nos contaron muchas cosas, y usamos algunas de esas cosas en la película, reconstruimos sucesos reales. Por supuesto, existía un guion escrito y listo para grabar. Sin embargo, como siempre ocurre, la película se fue transformando debido a la realidad de esos rostros, de los muros de la cárcel. La película es fruto de la emoción, del sentimiento, más que de la razón”.

El origen de la película se remonta a la visita que los hermanos Taviani hicieron a la presión de Rebibbia, aconsejados por una amiga, para asistir a la interpretación de algunos textos del Inferno de Dante por parte de los reclusos. “Posteriormente nos enteramos de que eran presos del ala de máxima seguridad, casi todos pertenecían a la Mafia, la Camorra, la ‘Ndrangheta, y en su mayoría estaba condenados a cárcel perpetua”, afirma el director. “Sus instintos dramáticos estaban impulsados por la necesidad de revelarse y estaban canalizados por un trabajo firme y continuo por parte de Fabio Cavalli, el director interno. Al salir de Rebibbia nos dimos cuenta de que queríamos saber más acerca de los presos y de su situación, por lo que volvimos y les preguntamos si les gustaría trabajar en una adaptación cinematográfica de Julio César de Shakespeare. La respuesta de Fabio y de los presos fue inmediata: ¿cuándo empezamos?”.

El director tuvo tiempo también para responder preguntas sobre la supuesta decadencia del cine italiano. “En los 60 y 70, el cine italiano era importante a nivel mundial, pero en los últimos tiempos había perdido la capacidad para reflejar su propia situación, su realidad. Sin embargo, desde hace siete u ocho años, Italia ha dado buenos directores: ahí tenemos a Nanni Moretti, que es un superviviente, o a Paolo Sorrentino, que es un cineasta innovador y extraordinario. Podría seguir dando nombres, pero seguro que me olvidaría de alguien, y ese alguien estaría en Roma esperándome a la llegada para darme una paliza”, bromeó el octogenario cineasta. También hizo referencia al cine europeo, al que definió usando como ejemplo de una conversación entre dos estadounidenses que recordaba haber leído en alguna parte: “Uno le decía al otro que había visto una película europea bellísima, a lo que el otro respondía diciendo que la diferencia entre el cine europeo y el estadounidense era que, efectivamente, los primeros hacían películas, mientras que los segundos hacían cine”.

En definitiva, César debe morir se convierte no sólo en una de las mejores adaptaciones de Shakespeare jamás rodadas, sino que, además, brilla por su intensidad y su cercanía, por la nobleza interpretativa de esos reclusos que se encuentran a sí mismos en Shakespeare, que se saben inmortales por un momento de sus vidas. Imprescindible.

Ficha técnica

 

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