MIRANDA JULY, SENSIBILIDAD EXPANDIDA – ‘EL FUTURO’, de Miranda July

EL FUTURO – The future (2011) de Miranda July

Por Víctor Paz Morandeira

En relación a sus pretensiones, existen los artistas que pretenden firmar su obra definitiva con cada nuevo trabajo, y los que van sumando unidades de significado hasta formar un conjunto sólido y coherente. Personalmente, prefiero a los segundos, aunque quizás nunca lleguen a realizar una obra maestra. Lo que hacen surge de una necesidad incontrolable, de una pasión pura por un arte que sienten muy dentro; porque solo de esa manera pueden expresar algo que precisan expulsar, comunicar al mundo.

No encuentro las palabras para describir lo irregular y enervante que me resultó El futuro, de Miranda July, cuando me acerqué por primera vez a la autora en el pasado festival de Gijón. Recuperar Tú, yo y todos los demás, ganadora de la Cámara de Oro en el festival de Cannes y del Premio Especial del Jurado en Sundance en 2005; película que me perdí en su momento, solo logró reafirmar la opinión que tenía sobre ella. Me parecía una histérica David Lynch, en su intento de retratar con acidez el sórdido ambiente de las urbanizaciones de la clase media norteamericana. Creía que era una mujer que superaba en histrionismo feminista cool a su compatriota Zoe Beloff. Y debo citar un elemento positivo: me encanta su pelo.

Eso era antes de investigar un poco sobre ella, y averiguar que es también una curiosa artista conceptual, que ha realizado varias performances que giran en torno a la construcción de la identidad (femenina) y de la asunción de roles sociales. Las heridas del alma mal cicatrizadas, dejadas por sus anteriores relaciones sentimentales -ahora es pareja del también cineasta Mike Mills- y su aparente distanciamiento de las figuras paternas (¿o es al revés?) son temas también presentes en su trabajo como vídeo-artista; y no se puede decir que sean precisamente un subtexto en sus dos largos. Ha sido también guionista de otros cineastas como Miguel Arteta y actriz en sus películas; además le pega a las exposiciones, a la escritura, y se dedica a desarrollar proyectos artísticos web con el colectivo Learning to Love You More, fundado con Harrell Fletcher y Yuri Ono. Al ver cómo interactúa con el público en su pieza de cine expandido Love Diamond, cómo propone juegos metanarrativos con el corte del cuerpo en el encuadre, saliendo y entrando de la pantalla, subvirtiendo sus formatos; me digo: Miranda, eres mucho más que un gato con los decibelios desafinados. ¡Viva tu arrebatadora personalidad, que imprimes en todo lo que haces, con una huella indeleble!

July pertenece a la segunda categoría de artistas y, aunque sus largos sean irregulares y por momentos ridículos, creo que nadie en Gijón negó que tienen ciertos puntos de interés. ¿Cuáles son? El futuro se abre con una pareja (la propia July y Hamish Linklater) adoptando a un gato enfermo. Mientras esperan a que llegue a casa del veterinario, se empiezan a hacer preguntas sobre sus responsabilidades, y eso les lleva a hablar de sus perspectivas de futuro en lo profesional, lo personal, y como pareja. Al final todo acaba en cataclismo, en crisis vital por no saber hacia dónde se dirigen, al darse cuenta que los sueños no siempre se cumplen. Quizás llega un momento en que el futuro ya es presente, y empezamos a pensar nuestras vidas en pretérito.

El tema es angustioso como pocos, y en la manera en que está resuelto, hay resortes cinematográficos que funcionan y atrapan al espectador, y otros que lo sacan de sus casillas o lo dejan simplemente indiferente. La relación del personaje de July con una niña que irrumpirá en su vida, así como la del hombre que la posee carnalmente, entran en esta última categoría. Por mucho que la directora se esfuerce en desarrollar un drama de narrativa clásica para llegar al corazón del público, su terreno es el del arte conceptual. A los temas ya citados para sus performances y piezas de vídeo, se suma aquí con más fuerza la auto-aceptación, y desde luego vuelve a aparecer el sexo como algo lúdico y desconocido en la infancia (la escena de “Pooh Back and Forth” en Tú, yo, y todos los demás es magistral). Quizás July haya querido aquí realizar un compendio de su anterior trayectoria y, de tanto incluir, ha pecado de esquemática.

Sin embargo, cuando se permite un poco de poesía en la relación del personaje de Linklater con un adorable viejecito, la película se eleva a sus mejores momentos. En un flirteo con el fantástico, la directora realiza una larga secuencia que dura todo un acto, en la que logra, mediante un juego de flashbacks y flashforwards, suspender literalmente el tiempo. En ella, condensa las imágenes más poderosas, como la onírica escena en la que su novio en la ficción logra empezar a mover un mar congelado, metáfora del miedo al cambio, de la calma que precede a la tormenta. En este conjunto (aunque ya lo apunta antes), July ofrece además un recital de performances (una delante de una webcam) que regalan los momentos más bellos y abstractos de una película que se siente más libre y fresca cuando se zafa de la necesidad auto-impuesta de contar a través de la palabra.

En su relación con el cuerpo, con una interpretación puramente física, y con la búsqueda de la imagen correcta para comunicar este movimiento, estas poses performativas; es donde el filme se hace más fuerte. Permite además establecer una pregunta que resuena en la mente del espectador, impregnado de la fuerte presencia de la personalidad de July. ¿Dónde acaba la protagonista Sophie y empieza la Miranda July artista? ¿Y qué queda en estos personajes de la Miranda Jennifer Grossinger real, la que figura seguramente en su carnet de conducir?

Por mucho que use motes o se esconda detrás de nombres ficticios, lo que está claro es que deja su inconfundible impronta en todo lo que hace, quizás hasta sin querer. Como leía en off en la maravillosa Subconscious art of graffitti removal, de Matt McCormick, “el ser humano tiende a expresar sus instintos artísticos en todo lo que hace, aunque después éstos sean suprimidos en aras de la funcionalidad”. Pues que quede claro que ella goza de una sensibilidad artística expandida a todas las facetas de su vida, que no suprime ni la Santa Inquisición. Que siga siendo así y, con un poco más de tino, la veremos firmando un peliculón.

Ficha técnica

 

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