GLOBOS DE ORO 2012: NOMINACIONES (CINE)

Llega la época navideña, en la que el mayor aliciente para (buena parte de) los aficionados al cine no son las fiestas en sí (que puede que también), sino el arranque, de lleno, de la temporada de premios, y la consecutiva secuencia de estrenos que coparán portadas, listas y quinielas en los próximos tres meses. Tras el pronunciamiento de círculos de críticos, sindicatos y festivales anglosajones en el último trimestre del año, el primer gran asalto, aquel que empezará a configurar la lista de títulos e intérpretes que se repartirán los mejores pasteles, nos llega con los premios de la prensa extranjera en Hollywood, los famosos Globos de Oro, que además cuentan con el aliciente, como muy pocos otros, de combinar, bajo su seno, reconocimiento tanto a la industria del cine como a la televisiva, los dos grandes pilares del consumo audiovisual contemporáneo.

En la primera se puede observar una tendencia regresiva (que no retrógrada) hacia el clasicismo, en el sentido amplio, con la presencia imponente de veteranos genios de la dirección, por un lado, y de una película muda que no ha dejado de encandilar a todo aquel por cuyos ojos ha pasado desde Cannes, por el otro. En cuanto a la pequeña pantalla (siendo el epíteto sólo aplicable ahora mismo al formato físico), aparte de la habitual tendencia hacia los intérpretes de carrera cinematográfica, la predilección por las novedades del año está más acentuada que nunca, en un año caracterizado por la ausencia de la todopoderosa (con todo merecimiento) Mad Men. Comencemos entonces con la primera parte del análisis de las nominaciones.

El retorno de la vieja escuela

En una temporada de premios que echó a andar sin claros favoritos, a excepción, quizás, de la radical The artist, la edición parecía irse a decantar por títulos de producción independiente (casi una constante en la última década) o incluso aquellos reguardados bajo la polémica etiqueta de “arte y ensayo”, con exitoso recorrido por los principales festivales. Pero lo que nos hemos encontrado, en cambio, caso aparte de la confirmación del film mudo francés, es el retorno de viejos lobos de la industria, de esos que nunca decaen, y que, en grandes términos, provienen de la misma quinta, aquella que en los años setenta, por un lado u otro, marcó un hito en la historia del cine estadounidense. Generación a la que también pertenece, aunque su destino se haya encaminado por derroteros bien diferentes, el gran olvidado, Terrence Malick, cuya El árbol de la vida viene, nada más y nada menos, con la Palma de Oro bajo el brazo, además de copar las principales categorías en primeras piedras de toque como son los Gotham o el Círculo de Críticos de Nueva York. Aquí sí que estamos ante el verdadero “arte y ensayo”, y en unos premios por y para la industria, el criterio comercial es insuperable.

Volviendo al grano, quizás lo más sorprendente de esta tendencia se halla en un Scorsese que, habiendo cambiado radicalmente de registro, hacia una propuesta, la infantil y familiar La invención de Hugo, rara avis en su excelente filmografía, que, de cualquier otra manera, hubiese pasado desapercibida por el público maduro. Parecería más bien propia de un Steven Spielberg que este año va a por todas en dos direcciones. Como en sus mejores años, combina el asalto directo a las taquillas con su vertiente más “seria”, más qualité, con la diferencia de que esta vez, ambas propuestas pueden llevarse su respectivo gato al agua. La exitosa, cuantitativa y cualitativamente, Las aventuras de Tintín, que competirá con una Pixar mucho más tibia que en los pasados cuatro años y con Dreamworks Animation, antiguamente de su propiedad, en la categoría de animación, mientras que su Caballo de batalla se sitúa en la primera línea de la categoría reina. Paradójicamente, el de Cincinatti no ha podido sumar una nominación en el apartado de dirección, a diferencia del italoamericano.

Otro que vuelve, y ya era hora, es Woody Allen, quien por cierto, nunca ha ganado el galardón como director, aunque sí como guionista (por La rosa púrpura de El Cairo), habiendo recibido la máxima distinción en comedia sus películas Hannah y sus hermanas y Vicky Cristina Barcelona. Su Midnight in Paris fue, sin duda, de las comedias del año, aplaudida allá por donde pasó justo cuando muy pocos daban un duro más por el genio de Brooklyn. Allen repite en las tres categorías y además le vale a Owen Wilson, su enésimo alter ego en la ficción, una nominación como actor de comedia. En definitiva, las aventuras nocturnas de un bohemio nostálgico en la ciudad de la luz serían las grandes favoritas si no fuese porque el bloque incluye también al género musical y por tanto ha hecho recalar, bajo su seno, a la sorprendente The artist, favorita absoluta, con un total de seis nominaciones (película, director, guión, protagonista masculino, actriz de reparto y BSO) y un vuelco histórico de la crítica y los demás entres “premiadores” hacia una propuesta tan radical, y por ende, arriesgada. Por tanto, el salto de calidad de este apartado con respecto a años anteriores es muy considerable, también debido, en parte, a ese confuso y controvertido baile de bloques que deja a My week with Marilyn (y su protagonista, una inspirada Michelle Williams) del lado de las comedias. Incremento de calidad en el bloque de comedia/musical.

La única pieza ausente para haber completado el póker de la Vieja Guardia se llama Clint Eastwood, cuyo J. Edgar sólo ha sido reconocido en forma de interpretación, de un Leonardo DiCaprio que suma y sigue como los mejores actores del mainstream contemporáneo, habiendo colaborado con los mejores directores de ayer (Scorsese, Ridley Scott y recientemente Eastwood) y de ahora (Sam Mendes, Christopher Nolan o próximamente Tarantino, en su prometedora y ambiciosa Django Unchained). Sorprende la falta de mayor presencia de una película que encaja al 100% en las clásicas preferencias de la Academia: director veterano de discuro clásico pero intenso, actor popular consagrado y argumento histórico-biográfico en el pasado norteamericano. Los Oscar ya serán otra historia, y aquí me apuesto una de las grandes diferencias, en positivo.

Esta tendencia se detecta hasta en la categoría de película de habla no-inglesa, que contempla el retorno de pesos pesados de la escena internacional como Zhang Yimou y su The flowers of war, o nuestro paisano Pedro Almodóvar, que ha vuelto a encandilar a parte de Hollywood en un año en el que no podrá competir al Oscar análogo, al haber sido seleccionada Pá Negre en lugar de La piel que habito. Ni rastro de la Melancolía de Lars von Trier (aún inédito en los grandes premios de la industria anglosajona), que viene de triunfar en los Premios del Cine Europeo; parecía evidente que la versión más megalómana y antisemita de su personaje público, que ya ha devorado definitvamente a su yo-cineasta, no iba a ser del agrado de académicos y periodistas afincados en le meca angelina. Quienes sí debutan, un poco por sorpresa, son los hermanos Dardenne y El niño de la bicicleta, constante de los grandes festivales, como casi siempre con el tándem belga.

Al margen de la curiosidad de In the land of blood and honey, debut en la dirección de Angelina Jolie, situado en la guerra de Bosnia y rodado en el idioma local, el aliciente estará en comprobar la posición que tomará Hollywood ante el cine iraní, representado por la aclamada Nader y Simin, una separación (triunfadora absoluta en la pasada Berlinale), ambientada de lleno en el conflicto: o bien el rechazo al régimen de Ahmadinejad, nuevo malo de turno del imperio militar norteamericano, cuyo país ya han empezado a invadir, o bien la solidaridad con una industria que ve como varios de sus cineastas son encarcelados y condenados al exilio. Los Oscar dictarán la sentencia definitiva al respecto.

Donde la veteranía nunca deja de ser un grado es en los apartados interpretativos, y que como veremos en su análisis correspondiente, también se aplica al bloque televisivo. Dos incombustibles como Meryl Streep, coleccionista de premios, y Glenn Close, cuyo parecido físico mutuo ha dado lugar a no pocas bromas al respecto. Ambas por producciones británicas. La primera, por encarnar, literalmente, a La dama de hierro, dirigida por Phyllida Lloyd, con la que ya trabajó en ¡Mamma mia!. Y la segunda, por la adaptación del libreto de Broadway Albert Nobbs, dirigido por el Rodrigo García, con el que ya coincidió en Cosas que diría con sólo mirarla y Nueve vidas, con guión de su propia cosecha y otra nominación más bajo el brazo para su compañera de reparto Janet McTeer. Pero si hablamos de brits, la verdadera rival a batir es Tilda Swinton, británica auténtica, que ya ha conquistado a la Academia Europea y la National Board of Review por su papel en We need to talk about Kevin, presente en la sección oficial de Cannes.

Indiewood suma y sigue

Que los grandes del cine nunca decaigan no implica, en absoluto, que se rompa la tendencia del relevo generacional (y hasta cierto punto, industrial) que dio sus coletazos serios ya por los noventa y que en el nuevo milenio se ha encaramado a lo más alto de la escena del cine “de calidad” en la primera potencia fílmica del mundo. La generación que reina en Hollywood desde Sundance cuente este año con un nombre propio por encima del resto, una incorporación algo más tardía a la ola, surgida en el seno del mainstream más rabioso: George Clooney. El galán solidario, inquieto y comprometido ya apuntaba maneras en 2005, con su doble concurrencia por Buenas noches y buena suerte y Syriana, y se consagró como intérprete en una de las cumbres de esta imparable escuela y obra más representativa, antropológica y sociológicamente hablando, del siglo XXI: la todavía demasiado infravalorada e ignorada Up in the air. Ahora, Clooney no sólo repite con doblete, sino que además encabeza las quinielas en varias de las categorías a las que concurre.

Por un lado, compite como director y co-guionista (junto a su inseparable Grant Heslov) de Los idus de marzo, drama político, tan actual como universal, que acumula cuatro nominaciones, entre ellas la de mejor drama y de actor dramático para Ryan Gosling, un rostro indie por antonomasia, que a su vez hace doblete en comedia con Crazy, stupid love (la otra película de la temporada en la que participa, Drive, le ha servido una mención como secundario al veterano Albert Brooks, que tendrá como máximo competidor a Chistopher Plummer, por Beginners). Pero Clooney suma además la candidatura de protagonista de drama por Los descendientes, otro de los títulos del año. Dirigida por Alexander Payne, uno de los cineastas más destacados de Indiewood desde el principio, suma a mayores una nominación (un total de cinco) a actriz de reparto para Shailene Woodley. Como curiosidad, la presencia en el guión de aquella de Jim Rash, el hilarante decano de la revolucionaria sitcom de la NBC Community, que pasa por un delicado momento de supervivencia y a cuya campaña de salvación ya nos hemos adherido.

Estando en el bloque de comedias, no podía faltar una representante de la factoría Apatow, el principal responsable de que la comedia norteamericana haya recuperado su prestigio crítico, y que recientemente abogó por la creación en los Oscar de una categoría separada de estas películas, tal y como ocurre en los Globos de Oro. Y su apuesta en firme no podía ser otra que uno de los grandes éxitos de la temporada, La boda de mi mejor amiga, producida por él, dirigida por su eterno socio Paul Feig, y co-escrita y protagonizada por la televisiva Kristen Wiig (Saturday night live), que bien se ha ganado las candidaturas a película y actriz protagonista en dicho bloque. Quizás muchos se pregunten por la ausencia de Melissa McCarthy, revelación de la temporada, que ya se llevó demasiado premio con el Emmy a la protagonista de comedia por Mike & Molly, contra todo pronóstico y para indignación de buena parte de la blogosfera. La huella del gurú de la comedia también se puede intuir en otra de las nominadas, 50/50, tragicomedia que supone otro escalón más en la ascendente trayectoria de Joseph Gordon-Levitt, que repite candidatura tras (500) días juntos, y formará parte asimismo del faraónico reparto de lo nuevo de Tarantino.

La que también, contra todo pronóstico, se está convirtiendo en una de las películas del año es Criadas y señoras, drama coral con un reparto, en líneas generales, de relativas desconocidas, de proveniencia televisiva y teatral, y que ha refrescado una temática aparentemente rancia, caduca y superada como la discriminación racial a través del servicio doméstico en el sur estadounidense. Acumula un total de cinco candidaturas, al mejor drama y con un total de tres nominaciones a un reparto íntegramente femenino. Una de las afortunadas es Jessica Chastain, que en un año prolífico se ha convertido en un rostro recurrente por su participación en sensaciones festivaleras como Take shelter, Texas killing fields, Wilde Salome, Coriolanus y, sobre todo, la controvertida y olvidada El árbol de la vida, además de esta que nos ocupa, por las que ya fue oportunamente reconocida por el Festival de Hollywood o los gremios críticos de Los Angeles o Nueva York.

Algo similar ocurre con su compañero en la película de Malick, Brad Pitt, al que no dejan de escapársele las más altas distinciones, que lleva otro año de ensueño, siendo igualmente galardonado por la crítica neoyorquina y que este año vuelve a competir, más favorito que nunca, pero no por El árbol de la vida, sino por Moneyball, otro bombazo made in Sundance que competirá en las más altas categorías (excepto la dirección), con un guión de dos grandes monstruos de la última década, Aaron Sorkin (con varios proyectos televisivos en desarrollo y producción) y Steven Zaillian, por primera vez, a cuatro brazos, así como un escudero de la talla de Jonah Hill, también candidato con su logrado cambio de registro. Si tenemos en cuenta una temática tan del gusto de académicos californianos como es la superación deportiva, podemos considerarlo una fija para los Oscar, especialmente a Pitt, que parece que le llegará por fin la vencida.

Pero para ello, tendrá un rival tan duro como el actor de moda, el alemán Michael Fassbender, que en apenas tres años, entre la tortuosa Hunger de Steve McQueen y los Malditos bastardos tarantinianos, se ha convertido en una cara fija tanto de la producción más comercial (ha sido el último Magneto de la franquicia X-Men) como de la escena independiente y festivalera, habiendo vencido la Copa Volpi en Venecia por Shame, también de McQueen, la candidatura que aquí repite, además de estar presente en otros títulos relevantes en los circuitos de este año como la enésima adaptación de Jane Eyre o la última de Cronenberg, Un método peligroso, que le valió una nominación, del todo merecida, a su compañero de reparto Viggo Mortensen, de lo poco destacable de la película. De momento, Fassbender ya suma a la Copa Volpi el reconocimiento de la crítica angelina, de la neoyorquina (segundo puesto), de la National Board of Review y de los premios del cine independiente británico, ya sea sólo por Shame o por el conjunto de su trabajo anual.

Sonadas ausencias

Como siempre, el capítulo de olvidos no deja de ser considerable. Si la ausencia de Malick o Von Trier para algunos puede parecer un sacrilegio (en el segundo caso, no para mí, en absoluto), con un criterio más realista y coherente con lo que realmente son estos premios, resulta más sangrante, además del mencionado caso de Clint Eastwood, no ver a la redonda Un dios salvaje entre las mejores comedias del año, ni a Roman Polanski en el apartado de directores, ni al excelente Christoph Waltz en el de protagonista masculino, por mucho que ambas actrices, Jodie Foster y Kate Winslet, hayan pasado el corte y compitan entre sí en su respectivas categorías. Asimismo, otra ausencia sonada es la de David Fincher, que a principios de año sumó se segundo gran varapalo académico, justo cuando lo tenía más cerca; en cambio, su adaptación de la primera parte de la trilogía sueca Millennium sí le ha valido candidaturas a su protagonista, la revelación Rooney Mara (que también contó con un breve papel en La red social), así como a su tándem de compositores, Trent Reznor y Atticus Ross, que el año pasado sí se llevaron el gato al agua con su lograda ambientación posmoderna del ascenso de Mark Zuckerberg.

Por último, irrita la omisión tanto del todoterreno Gary Oldman, actor siempre versátil y carismática a la par que infravalorado y olvidado en las grandes citas de galardones, y que este año parecía invertir la tendencia; como de Michael Shannon, al que se le negó hasta la nominación al Emmy por excelente trabajo en la serie del momento, Boardwalk Empire (que aquí tampoco se remedia) y ahora ve como su interpretación en Take shelter, joyita independiente cuya ausencia se puede entender desde una lógica industrial, aplaudida por círculos críticos y nominada a los Satellite (al igual que Oldman), también se va de vacío.

Muy pronto completaremos el análisis con las categorías televisivas, demasiado improvisadas y apelotonadas como para ser realmente fieles y representativas, pero a las que toca hacerle caso, especialmente en este momento en el que cada porcentaje de audiencia se paga a precio de oro. El fallo de los premios se dará a conocer el próximo 15 de enero, domingo, en una gala que no nos podemos perder, puesto que finalmente la presentará, por tercer año consecutivo, el incorregible e hilarante Ricky Gervais.

Lista completa de nominados

Críticas publicadas: Beginners, Cars 2, Midnight in ParisThe artist, Un dios salvaje, Un método peligroso.

Temporada de premios

Academia de Cine Europea

Asociación de Críticos de Los Angeles

British Independent Film

Círculo de Críticos de Nueva York

Critics Choice (nominaciones)

Festival de Hollywood

Festival de Londres

Gotham

Independent Spirit (nominaciones)

National Board of Review

Satellite (nominaciones)

Sindicato de Actores (nominaciones)

Sindicato de Guionistas (nominaciones)

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  1. […] tan exhaustivo como el pasado año. Sí hemos tenido el chance de analizar las nominaciones en los apartados cinematográficos, los verdaderamente representativos. No así con el bloque televisivo, con un arco de valoración […]
  2. […] que no quita que aún pueda pasar de todo. La única constante fue la misma que dominó tanto las nominaciones como la resolución de los galardones de la prensa extranjera (con los cuales la permanente […]


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