OTOÑO 2011 – Llega ‘PERSON OF INTEREST’

UN GRAN HERMANO INTERVENCIONISTA A LA ESPERA DE UN HORIZONTE

Ya ha pasado un mes de la semana grande de inicio de temporada en la televisión generalista estadounidense, ya hemos visto las primeras bajas y a otras asegurando su presencia hasta el próximo mayo. En los últimos siete días llegaron las más rezagadas, curiosamente con formatos y premisas similares: Grimm y Érase una vez, la cual pudimos ver en el reciente Festival de Series. Y este domingo, Allen Gregory, nueva serie de animación para el fuerte bloque de la Fox en aquella noche, cerrará el capítulo de novedades hasta la midseason. Al margen de cómo funcionen estas últimas, cuya cercanía al parón navideño les permitirá una continuidad en el arranque que sólo puede ser vista como una ventaja, podemos afirmar, grosso modo y con matices, que poco cambiará ya el panorama hasta enero, quedándose muchas de sus novedades sin moverse de su franja hasta el final de temporada.

Buen momento entonces para hablaros de uno de los títulos más sonados de este otoño, de atractivo perfil a priori pero una tibia e incluso adversa recepción crítica después, y en cambio, buenos resultados cuantitativos, que hasta acaba de obtener el encargo completo de temporada, dentro de la tónica dominante de la CBS, mientras que los espectadores que con más ansia la aguardaban se siguen decepcionando semana tras semana al encontrar algo muy diferente de lo que esperaban. Paradojas de este medio tan caprichoso e impredecible al que llamamos televisión, cuyo máximo principio es el mismo aplicable al cine, y a las industrias culturales por extensión: nadie sabe nada. Pero volvamos a lo que nos incumbe. Superada la engañosa fiebre del episodio piloto que desde la pasada midseason intentamos evitar en esta web a la hora de la crítica y el análisis, la serie ha tenido el tiempo suficiente para mostrarnos, o cuando menos, sugerirnos sus auténticas bazas. Reposo temporal lógico y necesario para saber si va a poder o querer superar ese desarrollo episódico rígido con la que se definió desde el primer capítulo.

Pongo la mano en el fuego a que muchos aprenderán de una vez por todas la lección de valorar más una serie de estreno próximo por su sinopsis y no por su ficha técnica. Por si la fallida y completamente olvidable Undercovers no fue un suficiente canto en los dientes, ahora a la etiqueta de J.J. Abrams (como ya tenemos dicho, ya más una factoría que un sello creativo), productor ejecutivo, se le une la del creador, y verdadero cerebro del producto, Jonathan Nolan. Sumémosle a esto el rostro de Michael Emerson, intérprete tan asociado o más que Abrams a Perdidos y todo lo que esta supuso. Ojo, en ningún momento estoy equiparando Person of interest con aquella horrenda y soporífera serie de espías, sólo afirmo que la que nos ocupa se diferencia mucho, en naturaleza, de las expectativas creadas desde su anuncio debido a la presencia de los mencionados nombres detrás de ella, que la cadena no dudó en utilizar para la promoción pero sin engañar en ningún momento sobre lo que realmente había ni prometer algo diferente a ello.

Porque os aseguro que no encontraréis, por mucho que busquéis, el aura de misterio y los (atractivos) desvíos narrativos que se asocian, con efecto inmediato, tanto al estadounidense, por las series en las que realmente ha estado involucrado, total o parcialmente (Alias, Perdidos o incluso Fringe), como al británico, por los argumentos y guiones co-escritos junto a su aclamado hermano (Memento o El truco final). Y por supuesto, nada de relato serial, de continuidad. Esta serie cuenta con una estructura procedimental autoconclusiva hasta nuevo aviso. Lo que, repito, no es un aspecto negativo per se, ni mucho menos, pero sí es cierto que la coloca mucho más cerca de la mayoría de los formatos de una hora de la CBS (factorías CSI y NCIS, Mentes criminales, El mentalista, etc.), es decir, lo más parecido a la televisión de toda la vida”, que a las (cada vez más gratuitamente) denominadas “series del nuevo siglo”, más susceptibles de tener un ansioso seguimiento, espectadores dedicados, amplia actividad fan en Internet y el acabar convirtiéndose en un fenómeno de culto, como sí lo han sido las series “de Abrams”. Ahora bien, nada se debe descartar: Fringe y Supernatural comenzaron con premisas similares y ya sabemos todos en lo que han derivado.

Tengamos en cuenta que todo procedimental que se precie, por muy estricto que sea en su fórmula cíclica, no puede sobrevivir del todo, ni fidelizar a la audiencia (lo que más interesa en términos económicos), sin unas constantes, unos elementos seriales consistentes en mayor o menor. A veces estos se reducen, por lo menos a nivel visible e inmediato, al mero corpus de personajes regulares y sus discretos conflictos internos. Otros tantos suman además un punto en un futuro indefinido, un horizonte al que se deben ir acercando a pocos mientras se resuelven los casos de la semana, como sucede, por ejemplo, con El mentalista y su Red John. Pero aquí sí encontramos una novedad, y es que esas constantes también se construyen hacia el pasado, o mejor dicho, desde el pasado, que en la ficción acaba siendo a menudo más interesante que el futuro. Los capítulos nos van dejando, a cuentagotas, pistas sobre la identidad, el historial y la auténtica motivación de dos individuos, cerebro pensante e impecable ejecutor, los cuales, siguiendo la estela de la saga Bourne, se nos presentan como tábulas rasas, como sujetos muertos para el mundo en versión oficial.

Por esa dirección debe incurrir, para hacerse más atractivo e interesante a medio plazo, este relato que lleva ese sistema de predicción criminal del Minority report de Phillip K. Dick y Spielberg a la dimensión del Gran Hermano de Orwell, pero a diferencia de ambos, de manera completamente extraoficial, clandestina e ignota, y con la noción de justicia auténtica por bandera, dejando el maquiavelismo a gran escala en una mera suposición. Esa exploración retrospectiva, que sí remite a la obra de Abrams o Nolan, por ahora se desarrolla muy a cuentagotas y de manera decreciente en los últimos episodios, una tónica que pronto deberán enderezar y empezar a dar cancha si de verdad pretenden que esta serie no sea “una policíaca más con un toque curioso”. En contrapartida, el componente serial “hacia delante”, aunque muy supeditado, repito, a las tramas episódicas, empieza a ganar solidez, con una justiciera oficial persiguiendo insistentemente al brazo visible de esa enigmática justicia autónoma que, cual Dexter Morgan, pretende actuar allá donde la oficial no llega, o al menos, no a tiempo; y otro miembro de ley pública, corrupto a la par que topo del dúo protagonista en las operaciones, que ahora se encargará de contrarrestar, desde dentro, los avances de esa concienzuda agente de policía, que persigue más a un misterio que a una persona.

A diferencia del forense más sanguinario de la televisión, tanto el impenetrable millonario, peculiarmente filántropo, detrás de ese complejo “ojo que todo lo ve”, como su infalible empleado, antiguo soldado de élite, cortante en sus métodos pero de íntegro aunque heterodoxo código moral, inciden más en la salvación de los inocentes que en el castigo de los culpables. Cada nuevo número, “sujeto de interés” que sale de la máquina, da paso a un intrigante y significativo enigma inicial: ¿víctima o perpetrador?, un dilema que aporta a mucho al terreno de la ambigüedad y la incertidumbre ética por el que se mueve el subtexto de la narración, elemento, de momento, muy de fondo. Una pena que esos sugerentes y nada manidos planteamientos episódicos queden un tanto devaluados por un desmedido abuso del deus ex machina en sus resoluciones y la inexpugnable eficiencia del brazo ejecutor, que lo convierte en una cierta parodia involuntaria de los míticos y sobrados policías y detectives catódicos de los setenta y ochenta, algo que no casa con la sofisticación estética de una serie que se pretende moderna dentro de su tradicionalismo.

El cebo del misterio retrospectivo, por audaz y escueto, ha picado, pero no se deben hacer esperar demasiado para tirar de él y hacerlo saltar de ese discreto segundo plano al núcleo del argumento. De lo contrario, y por mucho que tiren por la persecución de la policía, se sumergirán en una repetitiva espiral que los llevará de posible serie de culto a producto del montón, que seguirá funcionando (o no) en sus emisiones semanales a modo de distracción (lo cual no es nada criticable, aunque sería una pena que se quedase sólo en eso) pero no resistirá de ningún modo maratonianos visionados. El tiempo lo dirá.

 

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Comments
5 Respuestas to “OTOÑO 2011 – Llega ‘PERSON OF INTEREST’”
  1. Muchas gracias, voy a verla!
  2. Crítico en Serie dice:
    Estoy con la misma duda que tú y ni tan siquiera he visto aún el segundo. Sé que podemos esperar que esto vaya hacia un terreno más parecido al de Fringe y Supernatural, que cada caso ayude a avanzar en algún aspecto, pero esto no existe en la CBS. Bueno, existe en The Good Wife y se lo permiten porque van a los Emmy con ella. A ver qué pasa con ella cuando termine la temporada, que tiene bastantes papeletas para cambiar de hora, que menos de un 3 en los demográficos a las 21h es una deshonra para la cadena.
    • JULIO C. PIÑEIRO dice:
      Sigo teniendo fe en la presencia de Nolan. Por mucho que estemos hablando de la CBS, el canal con propuestas más seguras y tradicionales (por ende, menos arriesgadas), no creo que contratasen a la mente que ideó Memento sólo para hacer un procedimental “de toda la vida”.
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  1. […] un par de semanas os hablábamos de Person of interest, las altas expectativas que despertaba antes de su estreno, el decreciente interés hacia ella del […]
  2. […] 3. Enfoque analítico testarudo. Esto no es más que el complemento y efecto de la anterior. Esas expectativas, incluso aquellas últimas, que nos dejan los primeros compases de cada película, marcarán inevitablemente la dirección del visionado, interpretación y (si procede) futuro análisis. El problema viene a la hora de corregir esa dirección cuando se descubre incorrecta, diferente, que muchas veces redunda en el fenómeno opuesto: analizar una obra en base a una premisa, a un concepto, que realmente no les corresponde, y por tanto, siendo este análisis de signo negativo, en vez de admitir la equivocación en cuanto al núcleo, la naturaleza auténtica de la obra, que sí nos daría como resultante una visión positiva. Como ejemplo de más calado, por su formato seriado y en construcción continuada, el del procedimental policíaco Person of interest. […]


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