POSESIONES INFERNALES, NUEVOS NEGOCIOS – DOMINGOS EN SERIE

DOMINGOS EN SERIE – 31-08-2011

Llega agosto, el verano en su máxima expresión. El tiempo no nos acompaña a todos por igual, pero quienes sí lo hacen son las series, siempre puntuales a su cita dominical (por extensión). La sangre y la hierba, buenas o malas, siguen fluyendo por el panorama catódico, y mientras en la HBO las dialécticas del amor y el poder están a flor de piel, en la Showtime prefieren ser más terrenales y precavidos, sentando las bases para la segunda mitad de la hornada. Ecuador de temporada, se ha dicho.

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En muchas de sus posibles variantes, la posesión ha sido el núcleo, vehículo y mecanismo de todas las tramas en este episodio, tanto las de poder como las sentimentales. Marnie no es tanto la “villana” de la temporada en sí misma, sino como cuerpo de la líder de las brujas en la lejana época de la Inquisición, reeditando una guerra déjà vue con el vampiro inquisidor, Luis, en pasado y en presente. Poseído también actúa Lafayette por el espíritu de un antepasado de Jesús, en estado catatónico por una mordedura de serpiente cortesía del zumbado de su abuelo, un enfrentamiento que guarda mucho paralelismo, en formato, con de la bruja y el inquisidor. ¿Se acabarán cruzando de alguna manera? ¿Tendrán remotamente algo que ver con el mundo alternativo de Sookie, o los dictados de la American Vampire League? Habrá que verlo. En cuanto a Tommy, su condición de cambiante le permitió poseer la identidad de Sam por un día, primero por petición propia de su hermano (que se encontraba arreglando el deshecho que provocó el bebé diabólico de Arlene), pero el cabroncete se sobrepasa, primero, despidiendo a Sookie por su enésimo absentismo, y luego, siguiéndolo la corriente a Luna, que por fin se decide y lo da todo con “Sam”, para luego ser menospreciada por éste. Tanto esfuerzo que hizo el primogénito Merlotte, y ahora el niñato de su hermano no sólo recoge los frutos que no le pertenecen, sino que además destroza e huerto.

Cuando a la brujería se le une la sangre, elemento básico del universo de esta serie desde su mismo título, la posesión llega a otro nivel, marcando el devenir, presente o futuro, de las dos grandes parejas de la temporada, con sus respectivos triángulos relacionales. Por un lado, Sookie y Eric, que por fin culminan su atracción en una escena al más puro estilo (visual) de retablo campestre, tras de tanta vinculación sanguínea, amnesia chamánica y demás fregados sobrenaturales; simultáneamente, el bueno-malo-bueno-malo de Bill ha pasado, en el arco de un solo capítulo, del despechado celoso al cansino rol del tercero en discordia resignado y sufridor, lo que le deja fuera de este juego, sino permanentemente, durante un buen periodo, lo que lleva a preguntarse cuánto tardará en saltar a la palestra Alcide, que ahora se las volverá a dar de licántropo hedonista y practicante. La otra pareja es la que forman (también por la vía arterial) Jason y Jessica, de momento en intenso estado de TSNR, y con el conflicto de las panteras y sus secuelas sobreseído (esperemos que para siempre), la mesa queda servida para un potente manantial de pasión, celos, vicio y destrucción.

Otras cartas menos chillonas se siguen jugando en el tablero de Bon Temps. Tara, lo quiera o no, va a acabar metiendo hasta esta cocina del infierno a una nueva invitada: Naomi, su amante, cada vez más desconfiada, cuya futura reacción ante el percal es del todo incierta, y por tanto, habrá sorpresas sí o si. Pinta para un momento hilarante, de esos para enmarcar, la salida oficial del armario de la “llorona”, poco menos que inevitable, que además podría derivar en una promiscuidad lésbica que se puede expandir cual metástasis. Como dato llamativo, el del episodio con el mayor uso del español hasta ahora, curiosamente en las dos tramas de brujería. ¿Estará escrito en algún lado que la lengua de Cervantes sea el idioma materno y oficial de la nigromancia? O lo que es lo mismo, ¿será tanto pedir un uso del castellano en registros y situaciones más normales, despojado con connotaciones, como mínimo, extravagantes? En cuanto a los momentos WTF, sin duda, gana por goleada la lengua de cabra que sirve el abuelo de Jesús a sus comensales, para repulsión y desconcierto de LaFayette. Sin olvidarse de la nueva pareja imposible que nos han sugerido sin disimulo: el cazurro de Andy Bellefleur y la camarera espiritista Holly, que no pegan ni con cola extra fuerte, pero ambos necesitan darle vidilla al cuerpo, y eso ya basta. Para los más sedientos y ansiosos, la promo del próximo, que se presenta frenético.


 

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  1. […] más desaprovechados hermanos cambiantes y con el nuevo proyecto de pareja que nos sugirieron el pasado episodio: Andy y Holly. ¿En serio que la trama del tráfico y consumo de V va a conducir a algo algún […]


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