INQUISICIONES Y CUSTODIAS – DOMINGOS EN SERIE

DOMINGOS EN SERIE – 24/07/2011

Tras dos semanas ausentes de esta sección, y sus respectivas entregas de ambas series, retomamos el comentario semanal de las series de verano, una vez hemos dejado los Emmy vistos para sentencia y las apuestas para la próxima temporada argumentadas y por escrito. Quiénes todavía busquéis a Falling Skies en este apartado, creo que su ausencia a estas alturas ya responde a vuestras dudas, y sobre Alphas, aún es pronto, pero su carácter fundamentalmente procedimental, de un modo muy particular, pero procedimental al fin y al cabo, la hace, de momento, poco amiga de este tipo de análisis. Aunque, ¿quién sabe? Fringe empezó más o menos así y sus fans ya sabéis cómo ha evolucionado. Vamos entonces con los capítulos.

True Blood 4×05 – Me and the Devil

Cuando esta serie echó a andar ya hace tres años, difícilmente se esperaba que llegase a tener tanta variedad mitológica, pero aún menos se podría pensar que llegaría a tener ramificaciones hasta con ¡¡la Inquisición española!!, nada menos que en la (para ellos) ignota Logroño (se agradece que por fin intenten recrear una España y un castellano realmente auténticos, y no sucedáneos latinos, como casi siempre). Sí señor, habíamos visto conexiones de estos vampiros en la Guerra de Secesión estadounidense, la Segunda Guerra Mundial o en la era de los vikingos. Pues ahora caminan más allá de sus referentes más evidentes y nos descubren las raíces de la gran guerra que se libra esta temporada. El colectivo vampírico ha estado enfrentado, por los siglos de los siglos, a la brujería y la nigromancia, hasta el punto de que eran sus propias cabezas las que se escondían bajo las capuchas del clero más sanguinario, comandando una caza de brujas (literal) que, por lógica, les debería defenestrar igualmente.

La “villana” de la temporada (Marnie) sigue mostrando esa apariencia ingenua e inofensiva, por lo que ya no sabemos quiénes son realmente los buenos y los malos del cuento, algo que demuestra, una vez más, que las tradicionales dicotomías éticas de los relatos fantásticos carecen de relevancia alguna este producto. La jefa de las brujas queda ahora a merced del rey Bill, sus sheriffs de turno, a la par que viejos inquisidores (entre los que encontramos al desaparecido Peter Macdissi, el excéntrico profesor Olivier en A dos metros bajo tierra, y pareja sentimental de Alan Ball) y en la desfigurada Pam, con una sed de venganza desbocada. ¿Podrán contener sus instintos más básicos? De momento, a la rubia tanta tensión la ha acabado haciéndole irse de la lengua y revelando, casi por accidente, el paradero de Eric.

Se producen dos puntos de inflexión en el mapa de las relaciones amorosas. Por un lado, una extendida tensión sexual que finalmente se resuelve (Sookie y Eric), y por otro, una nuevo triángulo que explica por fin el póster promocional correspondiente (Jessica, Hoyt y Jason). Tras casi una temporada y media persiguiendo a panteras hillbillies, parece que el hermanísimo Stackhouse tendrá por fin una trama interesante, y además, muy tórrida e intensa, enfrentado nada menos que a su amigo de toda la vida; las mujeres son la perdición, y si encima vampiresas, pero se pone. Por el otro lado, como si fuese un cuento de hadas tradicional, la muchacha (en este caso, precisamente un hada) no cede a los encantos del príncipe azul hasta que éste se redime de su despotismo, arrogancia y malas prácticas, aunque lo hayan tenido que maquillar bajo un lavado de cerebro; una “redención romántica” tradicional no tendría cabida en True Blood. Sookie pasará por fin de protagonista activa a sujeto pasivo, al menos en una guerra pasional (en la cual el poder es un mera excusa) entre sus dos pretendientes, algo que se lleva esperando mucho tiempo y que por fin arranca con toda la carne en el asador.

Lafayette y Jesús van en busca del abuelo de este último, causa y raíz de su naturaleza chamánica; con guisa heavy de la vieja escuela, se avecina un personaje interesante. El bueno de Alcide se ha metido en problemas con un vecino, aunque todavía no sabemos cómo, ni por qué, lo que importa es que por fin tendrá algo de cancha propia, a la espera de entrada decidida en la liga de pretendientes de Sookie. Una vez más, la parte de Sam y su hermano hace bulto y poco más, aunque una subtrama de thriller clásico puede venir bien, mientras que Tara está a punto de revelar su verdadera identidad a su amante, o lo que es lo mismo, introducirla de lleno en esa espiral de locura llamado Bon Temps. “La semilla del diablo” se presenta más cómica que nunca (éste parece cada vez más su único propósito), con un hilarante exorcismo en el propio hogar de Terry y Arlene, parecido a esos que podemos ver en el tremendo batiburrillo de imágenes que componen la cabecera de la serie, pero que aún no habíamos visto en el propio argumento.

Entramos en el segundo acto, con la mayoría de las cartas sobre la mesa. Se avecinan intensos y potentes episodios. De momento, quedaos con la promo del próximo.

Weeds 7×05 – Fingers Only Meat Banquet

La veterana de la Showtime vuelve a demostrar su condición de hiperactiva, de no poder parar quieta en un sitio desde que se movió de Agrestic. Y aunque parezca que hayan sentado la base en Nueva York, la que de momento están siendo la principal trama de la temporada nos lleva hasta Oakland (California), y de paso, puede que la escapadita sea más larga. Porque a la supuesta vuelta tenemos la más inesperada de las reapariciones: la férrea y compulsiva Heylia James, a la que no veíamos desde la tercera temporada y nunca esperábamos que volviese. ¿Significa esto que la puerta está abierta para Celia Hodes? La cuestión es que este regreso desde las tinieblas no es del todo casual, ya que Nancy y Silas van a lo que van. Desengañémonos, que por mucho que exista un objetivo principal de la temporada, aparte del propio tráfico (en la pasada era la huida, tanto de Esteban como del FBI, y en esta, como llevamos visto, la custodia del pequeño Stevie), el concepto central de la serie se mantiene, aunque sea ya sólo como el único método de supervivencia posible.

En este último punto entra una treta que nos será familiar a más de uno: ¿cuántas veces nos hemos quejado de que a este o a este otro le han dado una beca, y que como realmente no la necesita, se gasta el dinero en caprichos y vicios varios? Pues es precisamente lo que está haciendo Shane. El pequeño psicópata ha cumplido exactamente lo que su madre quería que hiciese, estudiar, pero realmente con una intencionalidad bien diferente, la de utilizar el crédito universitario para acomodar un poco su estancia de los suyos en la gran metrópolis, y de paso, ayudar a mantener el negocio familiar si es necesario. Asesino, camello y ahora encima fraudulento. Menos mal que sus pretensiones no son egoístas y él mismo paga los aviones a Oakland, y eso que la madre escoge como testigo a su hermano mayor, con el cual las relaciones no pasaban por su mejor momento. Muy buena por cierto la auto ironía del momento en que se matricula en Justicia Criminal Aplicada, con un profesor algo gruñón pero todo servicial cuando descubre el poderío del billete.

El gran hito de este episodio es la reconciliación entre Nancy y su primogénito. Parece ser que el ser humano saca su lado más solidario y conciliador cuanto más mísera y desfavorable se torna la situación, y los Botwin, aunque disfuncionales como ellos solos, no suponen excepción. El viaje a Oakland desencadena varias leyes de Murphy, una tras otra. No ayuda una Jill que se revela cada vez más como una auténtica víbora. Poco puede o quiere ayudar el marido de esta, calzonazos redomado, como tantas parejas/cónyuges masculinos de esta serie. Ni tampoco el excéntrico abogado que le ha tocado a Lady Botwin, un papel que Martin Short vuelve a bordar. Tiene que ser Silas, que deja aparte tanta frivolidad de la industria de la moda y defiende a su madre (no hay más que una) como malamente puede ante el juez, tal cual anuncio de Coca Cola en versión fallida. La comprensivo discurso del magistrado hacia el final, casi a modo de réplica, crea un inexplicable montaje vestido de moralina y pastel made in Hollywood, un tipo de momento por el que la serie nunca se ha caracterizado. Una inesperada aureola que queda desmontada por completo cuando se nos revelan los verdaderos planes de madre e hijo a continuación, instante perfecto para la irrupción de Heylia, o lo que es lo mismo, un logrado cliffhanger. La maestría del contraste y la antítesis de sello Showtime.

Mientras tanto, en Nueva York, lo mejor nos lo reservaron para Doug. Sin duda, es él quien mejor ha salido parado de la mudanza a la Gran Manzana, y se muestra decidido a hacer bien su trabajo de contable. Entonces se da cuenta de la auténtica realidad que hay detrás de los grandes números de las corporaciones, aún en tiempos de crisis. Seamos claros, una serie como esta no puede pasar la oportunidad para meterle la puya al sistema económico y a las causas de su recesión. Su amigo-enchufador se lo vende como una treta inevitable e históricamente siempre practicada, como el verdadero fundamento de la economía de mercado. Lo apacigua como sólo los algo pudientes se permiten, en un nuevo ejemplo de sensacional contraste entre imágenes y diálogo, de lo que tanto nos ha dado en esta serie (para bien). Pero ojo, que Doug, con todo su historial, siempre ha sido un tipo al que le ha gustado hacer bien las cosas. Pinta para un intenso conflicto por esta banda, y en la manera en la que confluya con la trama principal, puede haber grandes sorpresas.

Al mismo tiempo y en la misma ciudad, la enésima perversión sexual en la que Andy acaba metido le propina un susto de muerte, y nunca mejor dicho. El anciano y enfermo marido de ese matrimonio “poliamoroso” metía la quinta hacia el otro barrio, lo que le lleva al “devoto” tío y cuñado a cruzar, de manera inocente y muy momentánea, la otra acera, al aplicarle el boca a boca al viejo verde: !!de verdad, ni que lo hubiesen hecho aposta¡¡ Al margen de esto, una trama algo sosa en este episodio, al que sirve de relleno y poco más, pero que al menos, sí parece tocar a su fin. No queda nada claro que estrafalario argumento le tienen reservado, pero no debería pasar mucho tiempo más desconectado por completo de los tramas principales. Todo lo que no suma, resta.

Estamos casi en el ecuador de temporada, y sinceramente, no parece que esta hornada vaya a ser la última. Nos quedan intensos momentos por delante, más aún con la reaparición de Heylia, que para empezar, no le ofrece a sus viejos “amigos” el mejor de los recibimientos. Por supuesto, habemus promo del próximo.


 

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