Estrenos de la midseason (III): THE BORGIAS y THE KILLING

Comienza un mes de abril cargado de estrenos en el cable estadounidense. A los dos títulos de los que nos vamos a ocupar, estrenados en el día de ayer, hay que añadirle también la polémica y tan comentada The Kennedys, miniserie de ocho capítulos que se emitirán hasta el próximo domingo en el canal Reelz, y que os iremos comentando entrega por entrega. El viernes pasado aterrizó oficialmente Camelot (tras un preair el a finales de febrero), nueva apuesta en firme de Starz, que revisará la leyenda artúrica tal como lo ha hecho con el peplum en la amada y odiada Spartacus. Y en un par de semanas, en concreto el domingo 17, sale por fin al aire la esperadísima superproducción de la HBO Juego de tronos, basado en la saga épica-fantástica de George R.R. Martin Canción de hielo y fuego, y de la que Canal + ofrecerá esta misma noche un avance de 15 minutos que en breves estará disponible también en su web. Un gran panorama para curarse en salud de los tortuosos parones a los que las cadenas generalistas nos someten habitualmente por estas fechas.

Tras esta informativa introducción, vamos a lo que vamos. Aunque prometí (y casi perjuré) no empezar a comentaros una serie nueva hasta que estuviese lo suficientemente madura, las series premiere de larga duración (casi podríamos trasladarlas al apartado de cine) con las que tanto Showtime como AMC han decidido presentar sus nuevas criaturas me han hecho cambiar de opinión. Y me reitero en lo que he afirmado este mediodía en nuestro Twitter: las televisiones deberían cambiar el chip y estrenar sus series en entregas simples, como si se tratase de un capítulo estándar. Con la interminable oferta de ficción televisiva de la que disponemos hoy en día, si ya puede dar bastante pereza el sentarse a ver un episodio de 45-50 minutos, imagínense una “película inconclusa” de 100 minutos: para estos usos el cine todavía conserva su posicionamiento preferente, y más aún en la mente del espectador pasivo/no especializado. En el mejor de los casos, lo fresco y novedoso, si breve, dos veces bueno; y en el peor, pues incluso más.

En todo caso, sensaciones bastante dispares en cada caso. La tibieza de The Borgias no se debe tanto a lo denso de su argumento ni a lo inconexo y redundante de algunas secuencias (lo que deriva en un ritmo peligrosamente moroso por momentos), sino a la ausencia de ese espíritu Showtime que tanto gusta de sus productos, y no he tardado mucho en darme cuenta de que no soy el único que lo echa en falta. En cuanto a The Killing, mucho mejor sabor de boca gracias a un ritmo fluido, a un guión muy bien calculado y una realización eficaz y muy lograda, sin grandes artificios; el pero es lo poco que han querido/podido/sabido disimular su condición de remake.


The Borgias: camorra eclesiástica escasita de alma

No estaría siendo honesto si no reconociese, antes de nada, una manía personal que puede sin duda perjudicar mi visión de esta serie. Tanto en cine como en televisión, me suelen provocar una fuerte desgana las producciones de época, sobre todo aquellas anteriores al siglo XX, ya que se prestan muy a menudo a ese defecto que tanto detesto en el audiovisual: que un lujoso diseño de producción, una cuidada dirección artística, pasen por encima del auténtico corazón de un obra, el relato, el argumento y los personajes (males de los que no adolecen mis admiradas Mad Men o Boardwalk Empire, por ejemplo). Entiendo que no se quiera obviar ni ocultar algo en lo que se ha invertido muchísimo dinero, pero al igual que los efectos especiales, deben estar al servicio de la narración, y no al contrario. Unos escenarios exuberantes y un atrezzo suculento no compensan lagunas del relato ni desatino rítmico. Y señores, el largo piloto de The Borgias se precipita continuamente en estas fosas.

Dicho esto, el otro rasgo, ya indicado anteriormente, y de manera más objetiva (puesto que no he sido el único), es la falta, por el memento, de esa osadía visual y temática tan reconocible de la factoría Showtime, a la hora de tratar, y mostrar, elementos normalmente tan delicados como son el sexo y la sangre desbocados. Rasgos que la casa supo implementar muy bien en Los Tudor, su anterior ficción histórica, finalizada el año pasado, y de la que constituían elementos definitorios, pero que en esta ocasión brilla por su ausencia. Y eso que el argumento se presta a ello como ningún otro, ya que pocas familias “nobles” han practicado tanto el incesto y la promiscuidad como los Borgia. Pues nada, por ahora, el piloto encajaría perfectamente en cualquier canal generalista, incluso la ABC o la Fox. Ese deslenguado y osado estilo Showtime es lo único que me decidió a darle una oportunidad a esta serie, y al mismo tiempo, lo único que puede curarla de esa pesadez rítmica de la que palidece.

Pesadez derivada de un argumento denso, un gran entramado de traición, corrupción, ambición y deseo, lo que se podría considerar un “culebrón deluxe. Una premisa muy arriesgada de la que han salido con mucha clase otras series como Boardwalk Empire, con un mapa argumental aún más extenso pero mejor conducido gracias a una orientación y una disposición claras y decididas, intuida desde el piloto mismo. Unas directrices que el piloto que nos ocupa no posee, o al menos, no nos ha querido enseñar. Puede ser interesante centrar el relato en las maquinaciones de Cesare Borgia (François Arnaud) con su mayor secuaz, el trepa Michelotto Corella (Sean Harris, la mejor interpretación del episodio), quizás lo único en lo que la narrativa toma algo de forma. No se prevé la presencia de personajes representativos del movimiento renacentista, de los que se pueda ofrecer esa doble cara de resistentes al poder establecido a la par que mercenarios de él (a excepción de una presencia testimonial de Pinturicchio).

Lo único, por tanto, que nos puede aliviar de la trama meramente política y criminal, que nos dé un respiro de los agobiantes pasillos del Vaticano, sería la aún inexplorada trama de Lucrezia Borgia (Holliday Granger), una de las mayores lolitas que nos ha dado la historia misma. Por lo demás, los diálogos resultan demasiado acartonados y elocuentes y la presencia de Jeremy Irons no impone lo que debería (el protagonismo de su personaje, Papá Borgia es inversamente proporcional a la fluidez de la serie), mientras que la dirección de Neil Jordan, creador y showrunner, destila una exquisita y lograda influencia pictórica, pero no basta por sí sola. El audiovisual debe beber de la pintura, pero no limitarse a copiarla. Para terminar con algo positivo, os dejo con la sensacional cabecera.

Web oficial de la serie

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The Killing: un Twin Peaks suburbano, grisáceo y terrenal

La AMC quiere seguir compitiendo por ser la reina del baile, algo que estaba haciendo de maravilla hasta que tres indeseables sucesos empañaron seriamente su imagen. Todo empezó con una demora en la producción de Breaking Bad, su princesa de plata, que retrasó el estreno de la cuarta y última temporada hasta julio de 2011; algo relativamente tolerable. Le siguió la dolorosa cancelación de Rubicon, que quedó en un segundo plano de la esfera mainstream gracias al apabullante éxito de The Walking Dead. Y la puntilla llegó con el dilatado y polémico proceso de renovación de Mad Men (su indiscutible estandarte, que ha puesto a la cadena en el mapa de la TV de calidad), que tras mucho drama y especulación concluyó la semana pasada, confirmándose la renovación de la serie por dos temporadas con expectativa de una más (la séptima) que sería la última. Tres traspiés, cada cual más grave que el anterior, de los quieren recuperarse con esta nueva serie, incrementando así la variedad de su oferta.

Se trata de un remake de la danesa Forbrydelsen, titulada igualmente The Killing en su difusión internacional, y que cuenta con dos temporadas en su espalda, camino de una tercera. Una versión original que no he visto y que seguiré de momento sin ver, al margen del seguimiento de este derivado. Como ya tengo dicho otra veces, las series, a diferencia de las películas, son productos altamente maleables y cambiantes, y esta vez no me siento obligado a probar el original para valorar el “sucedáneo”, como sí hice hasta cierto punto con Shameless USA. Pero por otro lado, tampoco necesito haberlo visto para comprobar que la nueva, aunque muy lograda y válida en sí misma, destila el tufo remake desde lejos en elementos inmediatos, pero igualmente pertinentes, tacha que no sufría la adaptación de los Gallagher.

Desde ese Seattle suburbano, industrial, gris y lluvioso que sirve como escenario, hasta un reparto excesivamente “ario”, pasando por algo tan básico como son los nombres y apellidos de los personajes,… todo huele a nórdico, ya ni siquiera a británico. No estamos hablando de un defecto en sí mismo, pero sí en una carencia de carácter y de genio. Parecen no querer disimular en ningún momento que esa serie no fue ideada en Estados Unidos, ni parecerse a cualquier otra ficción made in USA en estos elementos, puede que superficiales, pero fundamentales de cara a una buena empatía con el público del propio país. Perfectamente podrían haberlo tranladado a una región costera sureña, o incluso a un escenario puramente metropolitano. Han adaptado correctamente una ficción, pero no la han sabido reinventar.

Si bien todo esto suena muy contundente, en cuanto a todo lo demás, The Killing pasa “la prueba del piloto” con buena nota. De lo poco que sé de la original es de sus temporadas estructuradas al estilo de 24, con cada tirada de episodios cubriendo un único caso. Pero como ya se ha mencionado tantas veces, las mayores similitudes las encontramos con la célebre Twin Peaks, para muchos, la primera serie “de autor” (con permiso de Steven Bochco, Alfred Hitchcok o incluso Narciso Ibánez Serrador), la precursora de esa edad de oro de la ficción televisa que ya algunos comienzan a dar por finalizada. Pues bien, las analogías con la obra de David Lynch y Mark Frost no se refieren a esas peculiaridades que rompieron tantos moldes y la convirtieron en mítica, a esos personajes excéntricos, ese surrealismo permanente y ese colorismo onírico, no. En esos puntos, la benjamina de la AMC se posiciona más bien como la antítesis, tal como resumo en el título de este apartado. La investigación, los dramas personales y los secretos ocultados abrazan el melodrama y hasta el hiperrealismo (de nuevo, aparece la inevitable sombra nórdica).

El mayor parecido entre ese “apacible” paraje rural del estado de Washington y los suburbios obreros del Seattle más industrial (por coincidencia, también en el estado de Washington) es la manera en la que un crimen atroz revoluciona la vida de los lugareños, y no sólo de los directamente implicados. De nuevo, el asesinato de una joven atractiva servirá como catalizador, como excusa, como mcguffin, al descubrimiento de muchos secretos y a un cuestionamiento radical de cada personaje. Y nuestros dos agentes protagonistas son bastante diferentes a Dale Cooper: tienen su propios asuntos, hacia fuera y hacia dentro, por lo que la implicación emocional es inevitable. Así, el relato se desarrolla a distintos niveles que se irán entrecruzando progresivamente: en primer lugar, la propia investigación del delito y la tragedia de la familia de la víctima. Luego, la disparidad metodológica de los dos policías a cargo (y una más posible TSNR), condenados a trabajar codo con codo, o el propio drama personal y familiar de la agente, que se encuentra el caso más difícil de su vida en su último día en el destino, justo antes de tener que emprender la mudanza con su hijo y su nueva pareja. Hasta la trama política que se encuentra de repente implicada en el caso, que se irá ramificando a medida que avance la serie y donde los secretos más oscuros saldrán a la luz. Aparte de todos los arcos más secundarios, seguramente enraizados con alguno de los mencionados, que llegado el momento cobrarán una importancia capital.

Muchas posibilidades, y muy atractivas, para un concepto que ha acompañado su logrado desarrollo inicial un eficaz y fructífero trabajo de montaje y realización. En sus primeros minutos, logran engañarnos dos veces seguidas con la aparición del cadáver, que no tiene lugar realmente hasta bien llegados al ecuador de este episodio doble. En fin, todos sabemos lo engañosas y falsas que son las impresiones de un piloto, bueno, malo o mediocre. Pero a mí me han convencido. Puede que empiece a hacer las paces con la AMC.

Web oficial de la serie

 

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Comments
4 Respuestas to “Estrenos de la midseason (III): THE BORGIAS y THE KILLING”
  1. Al7 dice:
    Supongo que ya lo sabes, peor bueno: es sobre The Killing, que no es que el cadáver aparezca hacia el ecuador del episodio piloto. Aparece al final del episodio piloto, ya que los 45 minutos que siguen a este hecho ya pertenecen al segundo episodio titulado “The Cage”, por lo que este domingo se emite ya el tercer capítulo.
    • Técnicamente, tienes razón. Pero considerando que se emitieron seguidos, y con una única partida de cabecera+créditos, al principio, la considero una entrega unitaria, ya que lo hemos visto como una pieza única. Por tanto, el cadáver aparece en el ecuador, no del piloto estrictamente dicho, sino de la “primera emisión”.
  2. TC dice:
    pero los actores del episodio piloto y los del 2 y 3er epi son difetentes no ?

    los cambian ?

    espero me resopndais. gracias

    por cierto Breaking Bad brutal

    • JULIO C. PIÑEIRO dice:
      Supongo que te refieres a The Borgias, ¿no? En esta crítica dejo claro que la serie no me llamaba para nada al margen de su excelencia técnica, y por ello, la he dejado aparcada tras el piloto. Pero según IMdB, el reparto principal no cambia a lo largo de la temporada.

      En Breaking Bad no voy actualizado, así que no te puedo decir.

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