TODOS FORMAN PARTE DEL JUEGO – THE WIRE

THE WIRE (BAJO ESCUCHA), creada por David Simon (2002-2007)

Por Fred Tavares

Nunca una serie estuvo tan cerca de la frontera, de los límites invisibles que separan el cine de la televisión. Y probablemente, nunca más lo estará. El auténtico genio que David Simon parece reflejar en todas las facetas de su trabajo fue apoyado por el espíritu dinámico y osado de los productores del canal de cable premium HBO.

The Wire hizo que los límites de la narrativa estructurada en introducción, desarrollo y conclusión por episodio en el que, de una manera o de otra, se basan todas las series americanas, fuesen anulados, o dicho de otra manera, extiende esa estructura para cada una de las temporadas. Se puede afirmar, en términos técnicos de escritura y narrativa televisiva, que existe un arco dramático para cada temporada, como si, haciendo una estimativa, The Wire estuviese dividido en cinco episodios de doce horas cada uno. Pero esta afirmación puede llevar a creer que se trata de una especie de nueva versión de 24. Nada más lejos de la realidad.

Los cinco “episodios”, o temporadas de The Wire, no son más que cinco capítulos de una novela, cuyas distintas partes, valoradas en conjunto, constituyen un poderoso estudio de la sociedad norteamericana y del estilo de vida occidental desde el cambio de siglo. David Simon y el resto de guionistas no se cohíben a la hora de mostrar facetas que normalmente son tratadas por las series de forma muy genérica y sin profundidad. Ellos lo hacen con todo el fulgor, con una furia por mostrar que los valores tradicionales en los que la sociedad se envuelve no son más que un pasajero e ilusorio sistema, en una pirámide social donde las personas acaban cada vez más desesperadas. Nadie queda inmune a los problemas de este sistema, que parecen estar cada vez más fuertes, casi insalvables. Pero aquí es donde aparece la sensibilidad de mostrar a los pobres, a los olvidados, sus dudas y sus inmensos problemas, que les llegan de todos lados, pero también a los ricos e influyentes, que no son apenas los únicos malos del cuento, por mucho que estén íntimamente ligados al espíritu de corrupción que destruye las ciudades por dentro y hace crecer el negocio de la droga, que ya es una parte inalterable del sistema. En esta historia no hay grandes discursos, ni héroes, al menos, héroes como se supone que debe ser un héroe. Existe una amplia gama de personajes a lo largo de toda la serie, pero en cada temporada se aprecia una clara reconstrucción del sentido. Se puede decir que la primera temporada habla del mundo de la droga en una ciudad, que es Baltimore como podría ser cualquier otra. Se sigue el crimen desde todos las partes: camellos, policías, capos de la droga y, de manera introductoria, los políticos, que parecen estar siempre cercanos, indirectamente, a este mundo.

En la segunda temporada tenemos menos personajes. Separarnos de ellos después de un episodio tiene casi el mismo efecto que leer un capítulo de Los hermanos Karamázov y después obligarse a imaginar el resto. Pero rápidamente somos atraídos por la nueva faceta de esta ciudad curiosa y de aspecto abandonado del resto del mundo. Esta vez llegamos al puerto, al muelle y a los estibadores, que sintiéndose olvidados y sin futuro, mirando que su trabajo disminuye día tras día, se ven obligados a cambiar de ideales y a entrar en el juego de importación de droga y demás mercancía en contenedores. Aquí es donde vuelven los policías y traficantes que ya conocíamos, para regocijo del fan. Por fin todo cuadra, se trata de una faceta distinta pero que es parte integral de la anterior, y de la próxima. Como en una buena novela, The Wire posee un fulgor que es nuevo en el mundo de las series, y es muy probable que nunca más se haga algo tan realista y simbólico en la ficción televisiva, o al menos, no en los años venideros. Todo se lo debemos a la visión y persistencia de su creador, David Simon, y al espÍritu innovador de la HBO, la misma compañía que nos trajo Los Soprano, A dos metros bajo tierra y Oz.

P.D.: Y para quien aún no esté convencido a verla, aquí dejo un pequeño reportaje/sketch humoristico de Charlie Brooker (creador de Newswipe) sobre la distinción entre The Wire y el resto de series norteamericanas.


 

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