NOBODY’S PERFECT – Introducción a la biofilmografía de Billy Wilder

CAPÍTULO I: EUROPA

El pequeño Samuel Wilder había aprendido los secretos del arte de contar historias escuchando los fascinantes relatos de su madre sobre los Estados Unidos, un país que describía como próspero y libre erigido sobre los pilares de los valores democráticos y la defensa de los derechos civiles. La madre de Samuel, Eugenia, anhelaba volver a Nueva York, donde había pasado el lustro más feliz de su vida, y no tardó en contagiar a sus hijos su entusiasmo por aquella nueva tierra prometida. Tal era la fascinación de Genia por America, que incluso llegó a “rebautizar” a sus dos primeros hijos con nombres anglosajones. A su primogénito, Wilhem, lo llamó Willie; mientras que al segundo, Samuel, comenzó a llamarlo Billie, en honor a Buffalo Bill.

Billie Wilder había nacido el 22 de junio de 1906 en el pueblo de Sucha Beskidzka, en la región de Galitzia, al sur de Cracovia, y había pasado los primeros años de su vida yendo y viniendo entre Cracovia y Viena, dos de las mayores ciudades del vasto Imperio Austrohúngaro. Sin embargo, la prodigiosa imaginación de Billie viajaba con frecuencia a miles de kilómetros de allí, desplegando sus alas sobre la vieja Europa y cruzando el océano Atlántico rumbo a la tierras de las oportunidades.

Con dieciocho años comenzó a trabajar de periodista en Viena, desde donde dio el salto a Berlín en 1926, ciudad en la que comenzó a labrarse la fama de obstinado, incisivo, agresivo y sarcástico redactor de noticias de todo tipo, ya fuese prensa deportiva, sensacionalista o de sucesos.

Billie Wilder aseguraba a menudo que toda su vida había estado marcada por una extraña fortuna para estar siempre en el lugar adecuado en el momento preciso, y el comienzo de su idilio con el cine hizo honor a esta virtud. La capital de la República de Weimar era, a finales de los años veinte y comienzo de los treinta, el auténtico motor del cine europeo, mostrándose como la única industria capaz de plantar cara a Hollywood. Allí había nacido en 1917 la Ufa (Universum Film AG), cuna de algunas de las grandes obras maestras del cine mudo, como El gabinete del doctor Caligari (Das Cabinet des Dr. Caligari, 1920), Metrópolis (Ídem, 1927) o El ángel azul (Der blaue Angel, 1930).

Imagen de 'Gente en domingo', en la que Wilder colaboró con los hermanos Siodmak, Edgar G. Ulmer y Fred Zinneman

Wilder había desarrollado en su escritura periodística un extravagante gusto por lo fabuloso y lo excéntrico, por lo que no resulta extraño que este ambicioso joven vienés se interesase en seguida por la fiebre de una nueva industria del espectáculo en pleno auge. Billie comenzó a trabajar como guionista ‘negro’ (no acreditado) para la Ufa, donde aseguró haber escrito “cientos de guiones”. Tras cuatro años en Berlín, Wilder logró su primer éxito cinematográfico en 1930, con Gente en domingo (Menschen am Sonntag), en la que colaboró junto a Robert y Curt Siodmak, Edgar G. Ulmer y Fred Zinneman.

Sin embargo, y a pesar de la relativa popularidad de esta cinta, este grupo de cineastas no volvió a coincidir al completo en ninguna otra producción, aunque todos ellos sí compartirían en el futuro en común la amarga experiencia de verse forzados a abandonar su país ante el imparable ascenso del nazismo. Wilder huyó de Berlín y se refugió en París, donde codirigió Curvas peligrosas (Mauvaise Graine, 1934) junto a Alexander Esway. Apenas unos meses más tarde, Wilder partía, al fin, hacia los Estados Unidos, el país encantado del que le había hablado su madre con tanta insistencia y que tanto le había fascinado en las películas de sus compatriotas Josef von Sterberg y Max von Stroheim.

Era 1934 y aquel vienés, de veintiocho años de edad, se encaminaba hacia su sueño americano, pero, como diría el personaje de Moustache de Irma la Dulce, “eso es otra historia”. De hecho, una de las más grandes historias que ha dado el cine.

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