LO QUE VES Y LO QUE TE MIRA – ‘AMER’, de Helene Cattet & Bruno Forzani

[…] me inclino hacia la cerradura con rostro ruboroso, no dejo ya de experimentar mi ser-para-otro; mis posibilidades no cesan de morir, ni las distancias de desplegarse hacia mi  a partir de la escalera donde podría  haber alguien, a partir de ese rincón oscuro donde podría esconderse una presencia humana. Más aún: si me estremezco al menor ruido, si cada crujido anuncia una mirada, se debe a que estoy ya en estado de ser-mirado.

Jean-Paul Sartre [1]

La mirada le penetraba en forma de imagen en el momento que esa mirada era considerada como la muerte de toda imagen… pues con toda certeza el cuerpo extraño (la imagen) se había alojado en su pupila y se esforzaba por ir más lejos.

Maurice Blanchot [2]

Lo que ves y lo que te mira[3]

La  célebre escena de la navaja de Un perro andaluz (1930) funcionaba ,sin duda, como un aviso, un toque de atención en contra de la pulsión voyeurística que define al espectador cinematográfico. Aquella  delatadora   mirada  que  Lars Thorwald lanzaba a L.B. Jeffries en La Ventana Indiscreta(1955) iba también dirigida a nosotros los espectadores. En la medida que la escoptofilia  del fotógrafo era descubierta también se ponía en evidencia  nuestros  deseos. El espectador cinematográfico siempre es un trasunto del voyeur y el cine una herramienta perfecta para colmar sus deseos.  Si nos paramos a pensarlo la historia del cine está plagado de voyeurs. La filmografía de directores como Luis Buñuel, Alfred Hitchock, Krzysztof Kieslowski o Brian de Palma está elaborada y consagrada a la figura del mirón. En películas como El fótografo del Pánico (1960) Michael Powell,  o Terciopelo Azul (1990) David Lynch el voyeur  se nos presenta como  un personaje  de tendencias  sádicas, en Blow-up(1960) Michelangelo Antonioni , La conversación (1977) Fracis Ford Coppola o Blow Out (1981) Brian de Palma (estas dos últimas sería un vouyerismo auditivo) el mirón era un personaje que quería descubrir  lo que se escondía detrás de las apariencias, mirar y escuchar de forma compulsiva  e insistente porque siempre se esconde  algo más debajo de la superficie. De hecho la figura consagrada y  recurrente  del detective, del investigador y  fotógrafo  tiene por razones profesionales siempre concomitancias con la del mirón. En obras como La llave (1959) Kon Ichikawa o Un chant d´amour (1950) Jean Genet presentan a la figura del voyeur vinculada a la del exhibicionista.  La posición del objeto y del sujeto entra en una cierta ambigüedad  cuando el observado tiene conciencia de ello. Como Gerty MacDowell, la Nausíca coja   del capítulo decimotercero del Ulises de James Joyce , que a pesar de  que Leopoldo Bloom la observa escondido mientras  practica el onanismo , parece disfrutar  y facilitar las cosas al excitado Bloom. O en turbador cuadro de Eric Fischl , Bad boy (1981) , donde un adolescente roba el bolso de una mujer mientras  la contempla desnuda en una cama.

Me aventuraría a decir que pocas películas tienen un tratamiento visual y sonoro  tan logrado   sobre la mirada y la escoptofilia como Amer. La pareja belga formada por  Hélène Cattet  Bruno Forzani realizan una ópera prima de una factura impecable. Una experiencia audiovisual más sensitiva que narrativa, ya que Heléne Catter y Brunno Forzani a penas incluyen diálogos (y ni falta que  les hace), porque su intención es la  reflejar las sensaciones subjetivas del mirón ,de lo que ves y de lo que te mira. A pesar de su vocación experimental la pareja belga no rechaza por completo la narración. La película trata la vida de una mujer en tres etapas de su vida : infancia,adolescencia , madurez , y como los diferentes  períodos conllevan un tipo de mirada  , un tipo de voyeurismo condicionado por las experiencias. Algo parecido a lo realizado por también belga Dominique Deruddere en Love Is a Dog from Hell (1987). Pero en ésta las visiones del voyeur estaban siempre relacionadas con el descubrimiento y frustación en el sexo , en cambio la película Helene Cattet y Bruno Forzani estaría cercana  a  George Bataille,  el sexo va ineludiblemente unido con la  muerte.

Antón Felser reflejó perfectamente en un  cuadro  la pulsión humana a Ojear a través de la cerradura (1895).  Este deseo irrefrenable es el que marca la etapa de la infancia de la protagonista. Sus experiencias voyeuristicas están marcadas por el primer  acercamiento a la sexualidad,  el descubrimiento de lo que hacen los padres cuando se encierran en la habitación, y con la muerte, su visión del momificado  cuerpo del abuelo. La chica joven quiere ver y no ser vista, quizás porque su mirada tiene algo de trasgresión de las normas. Toda esta etapa de la juventud tiene aires de pesadilla, la niña se siente perseguida   por una especie de fantasma con mantilla negra que sin duda es su abuela. El tratamiento sonoro apuesta ,en toda la película,por una subjetivación auditiva de los objetos, roces, telas, pasos, jadeos todo esta asombrosamente aumentado creando una composición sonoro que afecta a nuestros sentidos. La maravillosa fotografía que en un momento dado adquiere colores primarios, rojo, verde y azul, no hace más que aumentar la nuestra percepción de que estamos asistiendo a una pesadilla. Las transiciones entre las diferentes etapas están realmente logradas , de una formalismo impecable. La etapa de la adolescencia quedaría marcada por  la conciencia de ser mirado y la pregunta ¿Qué significa ser visto? que se hacía Jean- Paul Sartre.La joven descubre  su capacidad de atraer las miradas de los otros , de ser el centro de atención del deseo voyeur , por eso la cámara de la pareja belga fragmenta de manera erótica su cuerpo componiendo   una visión metonímica  de su fisionomía. La sensual escena de los motoristas revela aún un cierto pudor e inseguridad en la joven.  Todas esas miradas masculinas que parecen estar devorándola con los ojos la ponen en una posición de tensión y vergüenza , increíblemente conseguida por la  Helene Cattet y Bruno Forzani.

La madurez está marcada el regreso al hogar de la infancia y la clara conciencia del potencial sexual. El erótico trayecto  en taxi a la mansión familiar, parece más un encuentro  sexual que un viaje vehículo. La enorme habilidad que demuestran la pareja de directores convierten  el trayecto en una experiencia orgásmica. (Sin duda una de las escenas mejor conseguidas de toda la película). El rencuentro con el viejo hogar  lo es también con viejos fantasmas  y miedos. Sin duda  este tramo final de la película tiene muchos ecos con el Chambre jaune (2002) realizado por la pareja Belga unos años antes. Como decía George  Bataille: la visión o la imagen de dar muerte pueden despertar el deseo del goce sexual porque el terreno del erotismo es esencialmente el terreno de la violencia de la violación [5]. Por eso el segmento de la madurez no está alejado del cine del japones  Kôji Wakamatsu,  ya que gran parte de su filmografía se articula a partir la unión del Eros y  el Thanathos.En películas como The Embryo Hunts in Secret (1966) o Violated Angels (1967) el sexo  y muerte aparecen  vinculados de forma ineludible.

Habrá espectadores que critiquen Amer por un desmesurado  y  exorbitado formalismo o por una vocación experimental  abusiva.  Pero pocas obras de arte han realizado un acercamiento tan interesante a la mirada  el voyeurismo y la sexualidad. Una experiencia sensitiva que es difícil traducir al lenguaje. Sin duda Amer pertenece a esas películas que merecen más la pena vivirlas y sentirlas  que contarlas.

1. Sartre, Jean-Paul, Ser y la nada, pp 176

2. Blanchot, Maurice, Thomas el oscuro, Ed: Pre-textos, 2002, pp 12

3. La película de Helene Cattet y Bruno Forzani  tiene ,al parecer, muchas ralaciones con el subgénero italiano Giallo, popularizado en los años 70. La razón por la cual no hago alusión ni referencia  es que no he visto ninguna película perteneciente a este subgénero de terror. Pero el lector interesado encontrará en Transit un estupendo texto de Tony Junyent que habla de las influencias que Amer  absorbe  del Giallo.

¿cómo podemos decir pura y simplemente, como lo hará Freud, que la exhibición es lo contrario del voyeurismo, o que el masoquismo es lo contrario del sadismo?”.Lacan, Jacques, Seminario 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Argentina.Paidos,pp 63

4. Bataille, George, El erotismo, Fábula Tusquets , 2007.

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