UN ENCUENTRO Y OTRA ESCAPADA – DOMINGOS EN SERIE

 

DOMINGOS EN SERIE – 26/09/2010 (II) 

La verdad es que las continuas alabanzas que se lleva la AMC no resultan para nada excesivas ni exageradas. Rubicon nos da cada domingo lecciones ejemplares de cómo desarrollar una intriga política con una importante carga dramática sin recurrir a los manidos tópicos, a la grandilocuencia y a los fuegos artificiales. La serie entra en su recta final de la mejor manera posible y con el cabo más importante que quedaba por atar: la unión de las dos líneas de investigación del complot principal. 

Rubicon 1×10: In Whom We Trust 

En ocasiones el destino sí se porta como debe y hace que un río desemboque en el mar correcto. Por mucho que Will se mostrase reacio a seguir la pistas que le va dejando el impredecible de Kale, algo vio en ese dato de Tom Rhumor que le hiz curiosear y finalmente interesarse. Así llega el momento más esperado por los espectadores: Travers y Lady Rhumor se conocen esta vez bien y unen sus esfuerzos para desentrañar ese tinglado que se está tejiendo y que poco a poco vamos viendo más claro. Aunque al mismo tiempo, se meten de lleno en la boca del lobo, y en cierto modo lo saben. Nuestro protagonista se persona en el nuevo domicilio de Katherine, un bajo en una zona que nada tenía que ver con la lujosa casa en la que antes vivía, y de inicio, el nombre del API, que la viuda ya conocía gracias a la señora de Bradley, la inquieta bastante y la llena de sospecha hasta la médula. 

Pese a mostrarse muy reservada y reacia de primeras, enseguida se da cuenta de que Will es la única salida, la única persona que le puede ayudar a conocer la verdad y a evitar lo que sea que se esté viniendo encima. Pero al mismo tiempo, la opresiva necesidad de querer dejarlo y preferir vivir en la ignorancia le hace efecto, por lo que decide echar una mano pero seguir manteniéndose al margen, por su propia seguridad. Realmente esto sucede cuando recibe una visita inesperada poco antes de un encuentro pacto con Will en un verde y concurrido parque bajo la sombra del puente de Brooklyn. Ese repentino visitante no es otro que Donald Bloom, que así se nos confirma como peón de Spangler en este complejo tejemaneje. Así, Katherine queda en la misma situación en la que Travers se encontraba con respecto a Ed Bancroft.

Ya no es sólo ella la que se siente amenazada (y que empieza a recibir vigilancia intensiva), sino también que llega a una posición en la que el mínimo de sus movimientos puede afectar gravemente la integridad de un Will al que apenas conoce pero con el que guarda una perfecta empatía, y que encima, tiene muchos más medios y conocimientos que ella para alcanzar la verdad. No se rinde, pero comienza a operar desde el silencio, con discreción. De este modo, le hace llegar, con los medios oportunos y las necesarias indicaciones, la pista más importante al hombre que la debería haber tenido desde un principio. Sí, esa misma foto con la anotación de las identidades de cuatro de los siete individuos en ella presentes.

 Al mismo tiempo, el propio Travers realiza por su cuenta averiguaciones sobre otros aspectos de la conspiración, volviendo sobre los pasos de su malogrado suegro y mentor. De esa lista de países relacionados con Atlas McDowell que Ingram le pasó, descubre que fue David el último en consultar los archivos sobre las operaciones en tales territorios: Nigeria, Birmania, Venezuela, Pakistán y Kazajstán. Todos ellos con amplias reservas petrolíferas. Parece que la presencia del oro negro arroja irónicamente algo más de claridad sobre el auténtico objetivo y propósito de ese entramado tan embrolloso y maquiavélicamente calculado.

Por otra parte, no puede evitar que la permanente sombra de la sospecha afecte a su ya de por sí maltrecha vida personal. Yo fui de los primeros en dudar de la dulce vecinita de al lado, pero enseguida nos percatamos de que Andy es trigo limpio y que sólo quiere iniciar una relación con este espía tan atípico. Pues bien, una llamada telefónica de la chica a su hermana dispara las alarmas en un Will que le rastrea por lo bajo el listado de llamadas. Lo curioso es que, si bien evidentemente se mosquea, parece no querer darle más gravedad al asunto y seguir como si nada. Pero bueno, ya sabemos que la trayectoria profesional de nuestro protagonista le ha trastornado de manera irreversible sus instintos físicos y emocionales más básicos.

En cuanto a Kale Ingram, una especia de Ben Linus más terrenal, le empieza a tocar también vivir el cuento del gran hermano, del espía espiado, tal como le lleva ocurriendo a su compañero desde mitad de la temporada. Una angustia a la que parece estar ya algo más acostumbrado y que, por tanto, no lo trastoca de la misma manera que a Will, aunque sí le hace estar alerta en todo momento, y desterrar cualquier posibilidad de intromisión en su intimidad, por mucho que para ello tenga que deshacerse de alguno de sus costosos caprichos decorativos. Sabe que el gran jefe no va de farol y que a partir de ahora tendrá que tener sumo cuidado en los movimientos que realice. De hecho, en una secuencia podemos ver una conversación en un barco entre Spangler y Edward Roy, su principal lacayo, en la que hablan del estado del seguimiento de Ingram, en cuanto al que parece no haber novedades: Kale es un veterano y sabe disipar las sospechas mejor que nadie.

 Al mismo tiempo, se nos muestra su lado más humano y solidario cuando ayuda a Maggie a sacarse de en medio de a su ex-marido, que había cometido una tremenda irresponsabilidad con la niña. Por el tono de la conversación, parece que no es la primera vez que Kale y con ese hombre tienen una conversación del mismo tipo. Básicamente le “aconseja” largarse bien lejos y no volver en una buenta temporada, siendo necesarios unos métodos algo heterodoxos (de viejo, nada). La primera vez que lo vemos empleando la violencia, y resulta que es para un buen fin. Qué desacertadas son las ideas preconcebidas, hay que ver. Puntualizar también que Maggie no ha desparecido para nada, si bien se hace algo difícil adivinar qué función va a tener en lo queda de temporada.

 Por último, la otra investigación, “la oficial”, la que trae de cabeza día tras día al equipo de analistas del API, contempla cambios muy radicales que la van haciendo progresivamente más trascendente y relacionada con la principal, la secreta. Desterrad de una vez por todas la etiqueta de relleno. Yuri y George se unen a Tanaz en la lista de bajas del entorno de Kateb, el principal objetivo. Lo cierto es que, tal y como afirma un desconcertado Miles, “cualquiera que fuese el propósito para el que Yuri y George hayan servido en la vida de Kateb, sus servicios ya no son necesarios. Alguien está cortando cabos”. El paralelismo resulta más que explícito, esa cláusula se puede aplicar perfectamente a los destinos fatales de David Hadas, Tom Rhumor y Gerald Bradley con respecto a esa compañía o conglomerado de compañías a la que habían entregado su dedicación tanto tiempo.  

Por otro lado, a modo de cortafuegos y distensión entre tanto análisis e indagación, vivimos las jornadas de “castigo” de Tanya en uno de los puesto más bajos (y anodinos y monótonos) de la cadena: la clasificación de documentación. Por cierto, al final de la jornada, un Grant atento y detallista se acerca a hacerle compañía y a ayudarla a acabar pronto. Ya no es cuestión de solidaridad o de un teórico aunque factible flirteo, sino de la irrefutable afirmación de que la soledad sólo se puede aliviar en compañía.

 

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