NOT LOST IN TRANSLATION – ‘DÉJAME ENTRAR’, de Matt Reeves


DÉJAME ENTRAR – LET ME IN (2010) de Matt Reeves

¿Cuándo es atractivo y/o necesario un remake? En la mayoría de los casos, cuando la revisión cinematográfica de un texto fílmico puede aportar una perspectiva inédita, actualizada o discrepante a la de su concepción original. ¿Y qué puede generar esta nueva perspectiva? Sobre todo, el tiempo. En este sentido, no tengo nada que reprochar a los remakes que demuestran una voluntad revisionista, tanto si son buenos (Scarface, El cabo del miedo, La guerra de los mundos, Amanecer de los muertos…), como si son malos (El planeta de los simios, La pantera rosa, Invasion…) o incluso peores (Godzilla). Pensándolo mejor, en realidad a este último sí le reprocharía lo condenadamente malo que es. Una reflexión aparte merecerían los casos de Psicosis o Funny Games.

Por otra parte, la concepción de ‘remake americano inmediato’ siempre me ha parecido una estrategia bastante perversa. Una síntesis de la intención latente en una propuesta de este tipo podría ser: “buen trabajo, chaval. Tu película es cojonuda. Pero, ¿sabes qué? Nadie la vería en los Estados Unidos, así que mejor deja que nosotros nos ocupemos del asunto”. Por lo tanto, suscribo el modo en que Alberto Bermejo reprendía esta práctica con motivo del estreno de uno de estos yankee-remakes: “la anémica imaginación del cine norteamericano vuelve a nutrirse de carnes ajenas”. Aunque, en realidad, no creo que estas “revisiones” sean producto de la falta de imaginación, sino de un voraz afán por obtener un apresurado beneficio.

Smit-McPhee y Moretz, la jovencísima pareja protagonista

Lo cierto es que, si bien como maniobra comercial la rentabilidad de este tipo de producciones está fuera de toda duda, su resultado “artístico” rara vez satisface, llegando incluso en ocasiones a desembocar en el fraude. Recordemos casos que nos tocan de cerca, como Abre los ojos o [·REC], o incluso el de mi admirada La cena de los idiotas. Por supuesto, siempre habrá quien se ampare en honrosas excepciones como Infiltrados, la serie The office o The ring. Y sin embargo, a pesar de todo lo que he escrito hasta ahora, en absoluto me sentí disgustado, contrariado o descontento tras ver Déjame entrar, remake americano de esa magnífica película sueca que epató a toda Europa hace apenas dos años. Es más, incluso me quedé satisfecho (una satisfacción empañada por la nostalgia que me invadió el ser consciente de que era la última película que vería este año en el Festival de Sitges).

Tal vez la mía fue una satisfacción conformista por constatar aliviado que un tesoro no ha sido profanado, o tal vez por haber podido disfrutar con ambas experiencias, pero lo cierto es que celebro la sensatez que Matt Reeves ha demostrado en este proyecto. Lejos de arriesgarse a estrellarse con algún arranque de originalidad fallida, el director de Cloverfield opta por la vía más ponderada, y puede que incluso la más honesta: la copia. Tal vez por temor, tal vez por pragmatismo o probablemente por clarividencia, el cineasta demuestra ser plenamente consciente de las virtudes y fortalezas de la cinta original y, consecuentemente, las reproduce con éxito (que no es poco).

(Para no complicar la lectura a partir de ahora me referiré a ambas por sus respectivos títulos internacionales: Let the right one in en el caso de la escandinava y Let me in en el de la estadounidense).

Reeves traslada la acción desde los suburbios de Estocolmo hasta una urbanización en Los Álamos (Nuevo México), pero en la mudanza se lleva prácticamente cada elemento de Let the right one in, desde los personajes hasta las acciones, pasando por los escenarios e incluso objetos del set. De hecho, calca literalmente varias secuencias e incluso duplica muchos diálogos.

Numerosos planos y secuencias se han calcado de la original

El director neoyorkino camina sobre terreno firme en todo momento y en las escasas ocasiones en las que introduce alguna variante acierta, como en la secuencia en la gasolinera o la brillante escena del paso elevado. Entonces, ¿qué es lo que diferencia Let me in de Let the right one in? Podría parecer una tomadura de pelo decir que la principal diferencia son los actores, pero lo cierto es que son un importante eje en el film de Matt Reeves. En primer lugar, la joven pareja protagonista formada por Kodi Smit-McPhee y Chloe Moretz se imantan con una impresionante intensad, en mi opinión mayor a la que alcanzan los actores de la película de Tomas Alfredson. Eso sí, el muchacho es mucho más delicado e inocente, menos lúgubre que su predecesor. Pero, sobre todo, la fascinación que imprime Richard Jenkins al personaje del cuidador/lacayo de la melancólica y jovencísima vampiresa logra sobredimensionar el halo trágico de la relación entre ambos. Y, entretanto, Reeves suaviza la ambigüedad sexual de la original y coquetea con la reflexión en torno a la existencia del mal, su naturaleza y su concepción desde la fe cristiana.

En definitiva, Let me in es plenamente consciente de su propósito comercial sin por ello renunciar a revelarse como buen cine, de modo que los amantes de Let the right one in podamos agradecer que no haya que lamentar ninguna ‘lost in translation’ y los incautos que no hayan visto la obra original puedan maravillarse ante esta notable película.

Y mientras esto sucede, en el horizonte se atisban remakes americanos de Martyrs, El secreto de sus ojos o la saga Millenium. Incluso se habla desde hace más de dos años de una versión hollywoodiense de Los cronocrímenes y El Orfanato. ¿Más vale malo conocido que bueno por conocer? Ya se sabe, el tiempo lo dirá.

 

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Comments
2 Respuestas to “NOT LOST IN TRANSLATION – ‘DÉJAME ENTRAR’, de Matt Reeves”
  1. Chuchi dice:
    Este remake, aunque no sea de mala calidad, sólo busca sacar dinero aprovechando el tirón que pueda tener la historia original. Es más, debería estar prohibido hacer un remake en tan poco tiempo como sucede con “Déjame entrar”. Vamos, a mí la peli sueca tampoco me maravilló tanto como se ha dicho por la crítica, pero sí que me parece que no ha pasado el suficiente tiempo para que una adaptación más comercial y con más poder mediático tapone la obra original. Es mi opinión.
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