JIM JARMUSCH: LA SOLEDAD URBANA

LA SOLEDAD URBANA: Extraños en el paraiso (1984), Bajo el peso de la ley (1986) y Mystery train (1989) de Jim Jarmusch

Me enferma la palabra “independiente”. Cada vez que escucho adjetivos como “caprichoso” o “arriesgado” saco mi revólver. Esas palabras se han convertido en etiquetas que le colocan a los productos para poder venderlos. Todo aquel que hace la película que quiere hacer, y que no es definida por el análisis de mercado, es entonces “independiente”. Mis películas son hechas a mano. No son pulidas. Como si hubieran sido hechas en un garaje. Son, de alguna manera, productos artesanales.

Jim Jarmusch

Romper con la forma estándar de inicio, nudo y desenlace y mostrar un estilo narrativo distinto es la seña de identidad de Jim Jarmusch. El cineasta estadounidense se ha convertido en uno de los más importantes representantes del verdadero cine independiente contemporáneo. Fiel a sí mismo y siempre reconocible se merece el adjetivo de autor, ya que detrás de cada una de sus obras se siente su presencia y su estilo sincero y auténtico.

En este trabajo hablaré de tres de sus obras que forman una especie de trilogía: Extraños en el paraíso (Stranger than paradise, 1984), Bajo el peso de la ley (Down by the law, 1986) y Mystery train que cerró el ciclo en 1989. Estos tres filmes hablan de uno de los temas predilectos del director: la soledad del hombre contemporáneo, el vacío existencial que sufre y la abrumadora vida sin sentido de las ciudades estadounidenses.

“Una comedia-negra semi-neorrealista”, así es como define Jarmusch a Extraños en el paraíso, su segundo largometraje. Este filme, con el que ganó la Camera d’Or en el Festival de Cannes, cuenta las aventuras de dos amigos neoyorkinos y la prima húngara de uno de ellos que, al haber ganado dinero en un timo de cartas, deciden ir a recoger a su prima a Cleveland (Ohio) y, después de pasar unos días allí, aprovechan el dinero que les queda para ir a Florida junto a ella, por la que ambos se sienten fascinados. A través de sus vivencias en Nueva York, Ohio y Florida los espectadores indagan y observan la atmósfera decadente de las ciudades de Estados Unidos. Los protagonistas van de un lugar a otro en un viaje que es tanto búsqueda como huida. La puesta en escena marca el ritmo de la película: la película está dividida en tres cortos y cada uno de ellos se basa en planos secuencias con un principio y fin en fundido a negro. Esto aporta a Extraños en el paraíso un carácter discontinuo, en el que no se trata de mantener al espectador enganchado a la trama, sino de que se pregunte por lo que sienten los personajes y por sus actitudes. Hay dos elementos que destacan en casi todas las películas del director de Dead man (1995): la fotografía y la música. Extraños en el paraíso, rodada en un blanco y negro deslocalizador, crea imágenes más cercanas al arte de la fotografía que al propio cine. Esta desorientación que se crea a través del uso del color tiene su sentido narrativo: no importan donde vayan, para los personajes del filme todo parece lo mismo, ya sea en el gélido invierno de Cleveland o en las paradisíacas playas de Florida: su desarraigo y su inconsistente vida no se alivian por ir de un lugar a otro. En un momento de la película, Eddie le dice a su amigo Willie: “vas de un sitio a otro y todo te parece lo mismo”. Esto es lo que quiere expresar el director de Ohio: no importa dónde te encuentres, todo es idéntico si antes no te has encontrado a ti mismo.

Jim JarmuschPor otra parte, la música es esencial en el filme, tanto en el plano diegético (Eva, la prima de Willie, siempre va acompañada de su cassette con la misma canción) como en el extradiegético que muestra la pesadez y la inestabilidad del carácter de los personajes con una banda sonora interpretada por John Lurie, personaje principal tanto en esta película como en la comentaré posteriormente, Bajo el peso de la ley. Jarmusch es un amante de la música y, de hecho, perteneció a un grupo durante varios años que tuvo que abandonar para dedicarse en cuerpo y alma el cine. Sin embargo, ese rasgo melómano siempre está presente en sus películas, tanto en la creación de las bandas sonoras, compuestas por reconocidos músicos (especialmente deslumbrante la de Dead man compuesta por Neil Young) como en los efectos de sonidos, a los que presta una especial atención.

Dos años después de estrenar Extraños en el paraíso, realizó la segunda película de esta serie, Bajo el peso de la ley, donde continúa explorando la superficialidad de la existencia y la incapacidad de comunicación del individuo contemporáneo. En esta ocasión son tres personajes masculinos interpretados por John Lurie, Tom Waits y Roberto Benigni los protagonistas de la obra. Tres hombres que, por distintas situaciones, (más bien trampas que les han tendido) comparten celda en la cárcel de la prisión de Luisiana. Gracias a un plan del italiano Bob consiguen escapar de la cárcel. No obstante, no sabían que se enfrentaban a importantes problemas de supervivencia una vez fuera de la prisión, en los pantanosos y salvajes territorios por los que se mueven. Bajo el peso de la ley es la más cómica de las tres películas y consigue una maravillosa combinación entre lo lírico y lo poético, logrando así formar una fábula minimalista sobre la vida y las relaciones humanas entre los tres presos. Los tres hombres son claros ejemplos de personajes jarmuschianos, tres perdedores, que intentan de manera insistente no pensar en la realidad, evitar el presente pensando siempre en el futuro. Así la prostituta que duerme con Jack le espeta: “Siempre piensas en el mañana porque andas jodiendo el presente”.

Con esta película Jarmusch reinventa el género carcelario ya que lo que menos le importa son las peripecias o la vida que se lleva en una prisión. De hecho, la explicación del plan de huida la obvia con una elipsis. Eso no es lo esencial, no es necesario saber la estrategia que les hace escapar, lo que le interesa al cineasta es mostrarnos lo que nunca vemos en las películas, es decir, los momentos y los diálogos que aparentemente no tienen transcendencia y que en los filmes que siguen las reglas generales del cine los esconden a través de las elipsis.

El filme, aunque no lo esté de manera formal, parece dividido en pequeños cortometrajes. Jim Jarmusch adora este tipo de estructura: pequeños fragmentos de realidad unidos. Ese carácter discontinuo que es muy palpable en Extraños en el paraíso lo vuelve a ser aquí. La realidad de fuera, los paisajes y la arquitectura, fría, temible, insociable,… vuelve a ser otro de los puntos más importantes de la obra. Su visión existencial, en mi opinión, es en Bajo el peso de la ley aún más notable que en Extraños en el paraíso y Mystery train. De una manera muy alegórica el final nos da la conclusión final de Jarmusch: Jack y Zack, después de haberse despedido de Bob, siguen su camino buscando un lugar donde empezar una nueva vida. Al llegar a un cruce de caminos tienen que elegir entre la derecha y la izquierda. Ante esta situación, se quedan pensativos pero finalmente se separan. “Cada uno que siga un camino distinto”, parece decirnos el director cuando los dos personajes separan definitivamente su trayectoria vital,… porque al fin y al cabo, son unos solitarios que, al mismo tiempo que intentan escapar de esa vida, no saben ni quieren vivir de otra manera.

En 1989 cierra la trilogía rodando Mystery train, su película narrativamente más compleja y la más diferente respecto a las dos anteriores. Jarmusch prueba esta vez con el uso del color, reflejando de este modo el peculiar y extravagante argumento del filme: compuesto por tres historias independientes que ocurren simultáneamente en el mismo lugar, el Arcade Hotel de Memphis. Sólo un detalle, que será descubierto a medida que pasan los minutos, les une: la presencia, de uno u otro modo, del Rey del Rock, Elvis Presley.

En la primera historia, titulada Lejos de Yokohama, vemos a una pareja de jóvenes japoneses, Jun y Mizuko que llegan a Memphis a pasar unos días de vacaciones, especialmente atraídos por la figura del Rey del Rock que vivió y murió en su mansión Graceland de Memphis. Este corto está formado, escena tras escena, por lo que se conoce como “tiempos muertos”, es decir, tiempos sin transcendencia. Estos minutos son aprovechados por Jarmusch para mostrarnos la solitaria ciudad de Memphis: antes de que se hospeden en el hotel Arcade, hacen un recorrido por la ciudad, que destila melancolía y pasividad. La pareja japonesa pasa la noche en el hotel hablando sobre las diferencias y similitudes entre Memphis y Yokohama y comparando la figura y el mito de Elvis con otros grandes objetos o personas de leyenda: la Estatua de la Libertad, Madonna,…

Un fantasma es el título del segundo corto de Mystery train. En él, como en todas las películas aquí comentadas, Jarmusch vuelve a la figura del extranjero, esta vez se trata de una joven italiana que espera un vuelo en Memphis para transportar el cadáver de su marido de vuelta a Roma. Después de volver a hacer un recorrido por las depresivas calles de Memphis y de dejarse engañar dos veces, se hospeda en el hotel Arcade. Allí comparte habitación con una chica de la ciudad que va a huir al día siguiente para intentar olvidar a su ex novio “Elvis”, personaje delincuente que será protagonista en el siguiente corto. Durante la noche en el hotel, a Luisa, la mujer italiana, se le aparece el fantasma del verdadero Elvis. Simplemente se disculpa por haber aparecido en el lugar equivocado y vuelve a desaparecer. Luisa, después de está mística experiencia, queda inmersa en un estado de alucinación durante toda la noche. Al día siguiente, las dos mujeres se despiden y, justo antes de abandonar la habitación, al igual que la pareja asiática, escuchan un disparo de pistola.

Por último, el tercer corto titulado Perdidos en el espacio nos da la clave de unión entre los tres episodios independientes. Este capítulo comienza con el protagonista, Johnny, y su amigo en un bar emborrachándose. Johnny está especialmente deprimido porque, además de perder su trabajo, también ha perdido a su novia (la compañera de habitación de Luisa en el corto anterior). Por culpa del alcohol y el mal genio se pone a “juguetear”en el bar con un pistola cargada. Su amigo llama a otros compañeros para que acudan a calmarle antes de que sea demasiado tarde. Cuando por fin lo consiguen sacar del bar, hacen una parada en una licorería donde, casi de manera inconsciente, dispara al dueño en el pecho y lo mata. Los tres amigos salen corriendo y huyen del lugar. No saben donde ir, pero finalmente van al hotel donde se concentran todos los personajes de Mystery train, al Arcade. El dueño del hotel es el cuñado de uno de ellos y les deja, sin hacerles preguntas, una habitación para que se refugien. Allí, tras pasar la noche totalmente alcoholizados, Johnny intenta suicidarse, el hermano de su ex novia (que es uno de los dos amigos que le acompañan) lo intenta parar y se lleva accidentalmente el disparo en una pierna. A partir de este momento, huyen intentado buscar un hospital donde no los atrape la policía. En los últimos minutos de la película, el coche en el que huyen los tres protagonistas de este último corto se cruza con el tren en el que la pareja de japoneses vuelven de las vacaciones y en el que va también Dee Dee, la ex novia de Johnny, en busca de otro entorno donde vivir.

En Mystery train la figura de un mito tan potente como Elvis da significado de tres maneras distintas a las vidas de los personajes principales, totalmente independientes entre ellos. Jarmusch con su gusto por revisar su país, en esta cinta disfruta tratando el mítico sur de Estados Unidos ligado al blues y el rock. La figura del mayor mito musical de la historia del sur de Estados Unidos funciona en tres niveles diferentes. En el primero y más simple, como un chiste que sirve de conexión entre los tres cortometrajes durante todo el rodaje, especialmente en dos casos: la figura del rey en un cuadro en todas las habitaciones del hotel a la que, ni mucho menos, se ignora y la canción Blue moon que en las tres historias escuchan los protagonistas.

Jarmusch también muestra como la cultura japonesa siente profunda admiración por los mitos, las fábulas y leyendas de Estados Unidos. Pero no desde un sentido de interés por la investigación o por la Historia, sino abrazando únicamente la vertiente más superficial, la que se ve en la televisión, la que se estampa en las camisetas. Así Mizuko, la joven japonesa, dedica parte de la noche en el hotel a seguir completando un álbum que elabora cuidadosamente, donde compara el rostro de Elvis con estatuas populares y con otros mitos similares (la Estatua de la Libertad, Madonna, etc.). Por ello, viven del mito, de la superficialidad, de la realidad fantástica que esconden todas las figuras que fascinan a los individuos por el hecho de que han fascinado a muchos tiempo atrás.

Mientras que la pareja de japoneses se mueven en busca del mito, Luisa, la mujer italiana protagonista de la segunda historia, entra en Memphis por casualidad. No obstante, a ella también le afectan las peculiares tradiciones del sur de Estados Unidos. El director de Flores rotas (Broken flowers, 2005) nos muestra como cada persona que pisa el sur de Estados Unidos entra en contacto con su legado histórico, voluntaria o involuntariamente. De hecho, en un bar un hombre le cuenta una gran historia sobre un encuentro que tuvo con el verdadero Elvis, en el que le regaló un peine para que se lo diera precisamente a ella, a una chica llegada de Roma. Lógicamente, la joven italiana no se lo cree, y aún así, para quitárselo de encima, le da el dinero que le pide. Posteriormente, en el hotel ve al verdadero fantasma… ¿es fantasía? ¿es realidad? ¿no es la realidad más que las fantasías que crea nuestra mente? Esto es lo que parece preguntarse Jarmusch. Si la figura de Elvis era admirada por la pareja japonesa, en el tercer corto se da la visión inversa de la estrella de rock. Johnny, debido a su aspecto físico muy similar al de Elvis, no soporta verlo, y lo primero que hace al llegar al hotel es pedirle a su compañero que dé la vuelta al cuadro en el que aparece el rostro de la estrella, que está harto de ver su cara en todos lados. Así, en Mystery train la figura-mito pasa de ser adorada a ser despreciada, pero nunca indiferente.

En este filme todos los personajes parecen estar algo dementes, desequilibrados, y aunque son completamente distintos entre ellos, sí hay una frase que se repite en los tres grupos de los distintos cortos: “¡Vaya hotel, ni siquiera tiene tele!”. La televisión y los medios que ayudan a abstenerse de sus vacías y solitarias vidas, este objeto es el que buscan para seguir pasando sus días, apartados de la realidad.

Después de este resumen de las tres películas, ahora haré una síntesis, del porqué las he englobado juntas y de sus características comunes, también presentes, aunque en menor medida, en casi toda la filmografía de Jarmusch. En esta trilogía, como dije al inicio, se nos habla de la soledad existencial del hombre. Los personajes de este autor no tienen ni moral de héroes ni de antihéroes: son seres escépticos que no creen en nada, ni siquiera en sí mismos. Por eso, para poder sobrevivir espiritualmente, o bien se agarran a la capa más superficial de la vida (en el caso de Mystery train) o se embarcan en un viaje por una vida sin sentido, en un camino de huida y búsqueda infinito (más especialmente visible en Extraños en el paraíso y Bajo el peso de la ley). Sus personajes viven en una continua y profunda desilusión y ni siquiera los viajes que realizan de un lugar a otro les aportan un aire nuevo a su interior.

Con este ciclo de películas Jarmusch también nos ofrece una mirada irónica de los Estados Unidos de la década de los ’80. Nos habla de la farsa del “sueño americano”, de la decadencia en las ciudades, de la falta de optimismo, de las almas sin dueño, y fundamentalmente, de la falta de comunicación existente entre los distintos individuos y las terribles consecuencias que esto acarrea.

Este problema de la falta de comunicación lo representa en estas tres películas con la figura del extranjero: Eva, la prima de Hungría (Extraños en el paraíso), Bob, el preso italiano (Bajo el peso de la ley) y la pareja de japoneses y la mujer italiana (Mystery train). El intruso en tierras de Norteamérica le sirve de medio para exponer ciertos aspectos de la cultura de su país. En las tres películas vemos las diferencias entre las distintas culturas, pero al mismo tiempo, parece que el director nos lanza la siguiente pregunta: ¿No son en el fondo todos los sitios iguales? ¿No son sólo diferencias externas, aparentes?

Esta idea de el individuo en tierras extrañas no se limita sólo a las distintas naciones o territorios, sino más bien al sentimiento de ser extranjero en tu propia casa, extraño en tu propio origen, en tu país. Así, el personaje de Willie defiende a ultranza que es americano y no quiere saber nada de su país de origen, Hungría, ni siquiera oír hablar en su idioma nativo.

Por ello, los personajes jarmuschianos son seres egocéntricos e individualistas. Esto se debe a su desarraigo, no poseen el sentimiento de pertenencia a nadie ni a nada y por ello padecen la soledad y el vacío del que no son capaces de liberarse. A esta insociabilidad y a la falta de comunicación están dedicados el resto de recursos cinematográficos de las tres películas. Para empezar, su carácter discontinuo. Sus filmes no tienen un engranaje exacto, no se siguen por la regla de causa-efecto. Al contrario, son escenas casi independientes que se unen para formar una historia nueva. En ellas abundan los silencios, los diálogos rotos. Sus películas parecen en ocasiones pura improvisación, a pesar de que Jarmusch, como gran literato que es, cuida al máximo los guiones y los diálogos.

Otro rasgo ligado con el anterior que, en mi opinión, es el más característico del director, es la elaboración de las secuencias a partir de los tiempos muertos. Respecto a esto, el mismo Jarmusch explica lo siguiente: “Hago películas sobre las pequeñas cosas que ocurren entre los seres humanos. En la mayoría de las películas, si un chico recibe una llamada de teléfono de su novia, el siguiente plano que se insertará en la sala de montaje será el del chico llegando a la puerta de la casa de su novia. Sin embargo, yo estoy más interesado en lo que le ocurre de camino a la casa que en las otras dos secuencias. ¿Qué vio el chico en el tren? ¿Qué comió? A mí me interesa lo que ocurre en el medio”.

La intención de mostrar la realidad sin adornos lo llevan a una puesta en escena minimalista pero por ello no deja de ser poética. La fotografía hace que, en muchas de las películas de este autor, cada fotograma sea una postal, una obra de arte sobre la pura realidad. Pero si hay que reconocerle una virtud a Jim Jarmusch, es su actitud perfeccionista y su ambición por controlar absolutamente todos los aspectos de la obra. En cierta ocasión declaró que no entendía cómo ciertos cineastas sólo usan como inspiración otras películas. Para él, todo lo que rodea su vida le vale de influencia. Por eso, otra de las grandes cualidades de esta trilogía es la representación de la arquitectura típica de la zona donde rueda. Los personajes que recorren las calles más desoladoras crean una especie de simbiosis entre las callejuelas por donde van y sus estados de ánimo.

Por último, como anteriormente mencioné, la música es esencial en la obra de Jarmusch, tanto que llegó a declarar que si los Ramones no hubieran existido, probablemente no hubiera filmado ninguna película. Algunos de sus filmes parecen hechos exclusivamente para poder utilizar las melodías que él adora. Siempre ha defendido su modo tan personal de crear a partir de la música: escuchar canciones y dejar que la mente cree a partir de lo que despierta en ella la música. No es casualidad que en Extraños en el paraíso, en los primeros minutos, antes de que diga ni una sola palabra, vemos a Eva que pone en su casete “su canción”, que la acompaña mientras da el primer paseo por Nueva York. También es significante que en Bajo el peso de la ley los dos protagonistas, John Lurie y Tom Waits, en la vida real sean músicos muy del gusto del cineasta y que los ha solicitado como compositores para algunas de sus películas. Sin olvidar que uno de los momentos claves de unión entre las tres historias de Mystery train se produce cuando, cada grupo de personajes, en su propia historia, escucha la canción Blue moon de Elvis Presley.

Por ello, por esta trilogía y por el resto de su filmografía, se puede, sin miedo y sin pecar de valentía, declarar a Jarmusch como un cineasta independiente, un verdadero artesano que elabora sus películas para expresar lo que el siente, lo que el piensa y lo que a él le apetece contar. Gana dinero para hacer películas y no hace películas para ganar dinero. Así, mediante sus películas, como a los verdaderos autores, se conoce a Jim Jarmusch, un hombre con alma de poeta, de músico y, sobre todo, de cineasta.

Para finalizar, expongo una declaración que termina de explicar, en palabras del propio director, su visión del cine y, por tanto, de la vida.

Pregunta: Muchos de tus personajes parecen estar tocados por la soledad y la melancolía, ¿qué expresas con esto?

Respuesta: “Mi propia soledad y melancolía (risas). Esto es parte de la vida y siempre me he sentido como un forastero en muchas formas, ¡estoy seguro que no puedes imaginar porqué! Pero en la misma forma que utilizo el humor, la incomunicación y cosas que surgen de malentendidos. Todas esas cosas coexisten, entonces, trato de que coexistan en un personaje o en una película”.

 

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