DIARIO ZOMBI DE UN GALLEGO EN SITGES (II) – 43 Festival Internacional de Cine Fantástico

LOS ZOMBIS APATRULLAN LA CIUDAD: DÍA III. Sábado, 9 de octubre

Cuatro días y dieciséis películas después de mi llegada a Sitges todavía no he visto ni un sólo zombi en pantalla. Ni uno. Haberlos hailos, pero aún se me resisten. Eso no quiere decir que no los haya visto fuera de la pantalla. Es más, vi muchas de esas películas sin zombis completamente rodeado de zombis, en salas llenas de ellos. Chupacerebros que al salir del cine engrosaban las filas del masivo ejército de muertos vivientes que ayer invadió las calles de esta ciudad mediterránea.

En efecto, ayer se celebró la Zombie Walk, es decir, la marcha zombi. Cientos de muertos vivientes tomaron Sitges a lo largo de todo el día y noche, dando lugar a escenas de lo más romerianas: media docena de zombis acecha a unas adolescentes que se refugian tras la verja de una lencería, otro grupo de zombis baila sobre las mesas de una terraza, una pareja de no muertos se enrolla a saco sobre el capó de un coche, otros se hacen fotos con un matrimonio de guiris quincuagenarios… Son zombis un tanto domésticos, pero zombis no obstante. En Sitges, la peña es de método.

Sin embargo, los gritos más ensordecedores que se escucharon ayer aquí no procedían de las inocentes víctimas de los chuparecebros, sino de enfervorecidas adolescentes con las hormonas disparadas que se daban codazos y tiraban de los pelos por fotografiar a un guaperas que resultó ser uno de los actores de la saga Crepúsculo. Los aullidos de las teenagers eran escalofriantes… Pero, por favor, hablemos de cine.

El día de ayer comenzó para mí con La casa muda, una cinta de terror uruguaya rodada con una cámara fotográfica Canon Mark II como un único plano secuencia de 78 minutos. El director de la película, el debutante Gustavo Hernández, nos explicaba en la sala que la trama del film está inspirada en un hecho real: un crimen que quedó sin resolver en los años cuarenta en Uruguay, en el que la policía halló en una casa aislada dos cadáveres y numerosas fotografías.

Como era de esperar el mayor interés de esta cinta viene suscitado no por el resultado, sino por el proceso. En otras palabras, no prestamos atención tanto a qué ha hecho sino a cómo lo ha hecho. Es inevitable que busquemos el truco, la trampa, ese frame negro en el que el director haya podido cortar. Y los hay, por supuesto, aunque eso no tenga en realidad demasiada importancia.

Esta película está contada, por lo tanto, en tiempo real, un factor que beneficia la narración al favorecer al espectador el “meterse en la piel” de su protagonista, de la que la cámara no se separa ni un sólo momento. Descubrimos cada nuevo acontecimiento al mismo tiempo que ella y del mismo modo que ella. Al contrario que en propuestas como La bruja de Blair, [·REC] o Cloverfield, la cámara no es diegética en La casa muda, por lo que se acentúa la sensación de peligro de la joven, encerrada en una casa abandonada junto al asesino de su padre.

A pesar de la encomiable dificultad de este laborioso proyecto el resultado se antoja poco convincente, poco impactante, poco inquietante. La narración va perdiendo fuerza a medida que avanza hasta desembocar en un final absurdo, confuso e incluso injustificado.

Al igual que el viernes, también ayer continué la tarde con sesión doble de cine oriental. En primer lugar disfruté a lo grande de la arrolladora Legend of the Fist: The return of Chen Zhen, una impresionante y explosiva película hongkonesa de artes marciales dirigida por Andrew Lau y protagonizada por el célebre Donnie Yen. El film comienza con una apoteósica secuencia bélica ambientada en Francia durante la Primera Guerra Mundial, en la que un comando chino liderado por el legendario Chen Zen aniquila al adversario alemán.

A continuación nos trasladamos a Shanghai, a la fastuosa sala de fiestas Casablanca, en la que cada noche se reúnen militares, diplomáticos, empresarios y espías de todos los bandos: chino, japonés, francés o británico. Entre ellos se mezcla Chen Zen (al que todos dan por muerto), oculto tras dos personalidades falsas: de día se hace pasar por un carismático hombre de negocios y por la noche combate a los despiadados invasores nipones bajo la apariencia de un héroe enmascarado redentor.

A partir de este momento la película adquiere un aire tan trepidante como demagógico, en el que la magnificencia y espectacularidad de las secuencias de acción se oponen al maniqueísmo populista de unos diálogos exageradamente patrióticos.

Tras Legend of the fist vi la también hongkonesa Fire of Conscience, de Dante Lam, un interesante thriller policiaco que comienza con un hipnótico prólogo en el que vemos dos imponentes secuencias congeladas a través del conocido efecto ‘bullet time’. En este film los destinos de dos policías con métodos de trabajo radicalmente diferentes se entrecruzan de modo que ambos se ven obligados a trabajar codo a codo para poder resolver sus respectivos casos, sumergiéndose así en una compleja, sombría y violenta maraña de ambición, sabotaje y traición.

 

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Comments
Una respuesta to “DIARIO ZOMBI DE UN GALLEGO EN SITGES (II) – 43 Festival Internacional de Cine Fantástico”
  1. Cuando ni en Sitges hay ya zombies, ¿qué nos queda esperar?….
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