CONSPIRACIÓN PLANETARIA A LO PULP FICTION – Llega ‘THE EVENT’

Seguimos con la semana grande de los estrenos catódicos. Que no os alarme el título, no me estoy emocionando de más, para nada, pero enseguida os expongo la razón. Lo cierto es que este piloto, ante el que no contemplaba grandes expectativas, me ha dejado buenas impresiones, y no parece tender tanto a ese destino efímero que muchos le auguraban, a que enseguida se agotase y entrase en un espiral de embrollo y tedio. El sambenito de “nueva FlashForward” se le empieza a desprender.

La principal baza reside en que el gran misterio, la gran incógnita, adquiere una dimensión mucho más compleja a partir de un sensacional e inesperado cliffhanger. Ese evento de marras que bautiza a la serie no es aquello que parece ser en un principio: la aparente predictabilidad no es más que un gran mcguffin, una manera de relajar a los espectadores más ambiciosos y analíticos para luego espetarles en toda la boca un mayúsculo WTF (en el buen sentido del término).

El misterio ya empieza a adquirir tono, dimensión y estilo en esa confusa primera secuencia, presentada a modo de vídeo viral (no, no está Abrams detrás para nada, al menos en esta serie no). Aunque sin duda, lo más atractivo de esta intriga serial, o al menos del piloto, es su intrincada fórmula narrativa, como he dicho, al estilo y semejanza de Pulp Fiction , pero llevado a un escenario global y disperso, a diferencia de esa espacio más reducido y cercano de la obra maestra de Tarantino. En otras palabras, el argumento se muestra ampliamente fragmentado. Por un lado, con diferentes historias de personajes, aparentemente sin conexión directa, que se cruzan en algún momento (todavía no sabemos si es que estaban destinadas a cruzarse) y convergen hacia un mismo destino fatal, e idas y venidas en la línea temporal. Simultáneamente, esas diferentes tramas se presentan a su vez temporalmente dispersas, con numerosas idas y venidas en sus respectivas líneas temporales.

Podemos clasificar lo que llevamos visto en dos grandes megatramas. Una más amplia, desarrollada en un lapso de 13 meses, en el que diferentes elementos del tejido político y la inteligencia confidencial toman parte, cada uno a su moda, en una conspiración que, aparentemente, parece encaminarse a un único fin, directamente relacionado con la figura del presidente. Y una más reducida, de naturaleza más “terrenal” y cotidiana, a lo largo de un periodo de 11 días (me refiero siempre hasta el momento del cliffhanger), la de los individuos anónimos e inocentes que acaban atrapados sin remedio en las zarpas de ese gran complot. Es en esta última donde tiene lugar la historia de nuestro principal protagonista, Sean Walker (Jason Ritter) un tipo corriente, en un momento muy feliz de su vida que se le viene abajo de un instante a otro, cuando su novia desaparece de manera repentina e inexplicable y su familia política recibe una visita inesperada, con un imprevisible y chocante resultado.

Desde este momento nos inundan las preguntas, los enigmas, las necesidad de encontrar todas las piezas que aún faltan del puzzle. ¿Estas personas, aparentemente corrientes, han sido atrapadas en este tinglado de manera casual o realmente hay algo oculto con respecto a ellos o su entorno más cercano? ¿Quién es y qué esconde esa enigmática Sophia (Laura Innes) que el presidente saca de ese secretísimo complejo carcelario de Alaska? ¿Qué circunstancias y motivos han rodeado a la desparición de Leila (Sarah Roehmer), la novia de Sean? ¿Quiénes eran esos hombres que irrumpieron en casa de los padres de Leila? ¿Cómo acabó el padre donde acabó? Aún es pronto, pero creo que esta serie nos hará teorizar bastante, aunque no creo que tanto como aquella que nos dejó allá por el mes de mayo pero de cuya sombra no nos damos desprendido ni de lejos.

Afirmo esto último porque lo mejor aún está por llegar. En una ficción serial, el ingrediente indispensable de un buen piloto es un cliffhanger medianamente logrado. Pues bien, en este caso, The Event ha hecho los deberes a conciencia, ofreciéndonos un giro final sobrenatural que, como ya he dicho, redimensiona el alcance y la naturaleza de la intriga y el misterio, y prácticamente echa por tierra todo lo que hemos podido ver hasta entonces. Esa conspiración de marras y su inminente efecto final, algo ya bastante complejo de por sí, y lo que nos ha tenido en vilo durante todo el episodio, parece no ser más que el detonante de algo mucho mayor, el auténtico “evento”, de lo que hasta ahora sólo hemos podido ver una milésima parte. Pero esa tal Sophia sabe lo que se está cociendo, ella tendrá las claves.

A modo de anécdota, destacar la huella tan exagerada de la obamamanía, al presentarnos a un presidente hispano, más concretamente cubano, Elías Martínez, encarnado por el afroamericano Blair Underwood (Sexy money). Ese tiene de hispano lo que Scarlett Johansson de saharaui.

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