CRÓNICA DE UNA AUSENCIA – ‘VILLA AMALIA’, de Benoît Jacquot


VILLA AMALIA (2009) de Benoît Jacquot

Quién no ha deseado abandonarlo todo, evaporarse y renacer de sus cenizas en otro tiempo y en otro lugar. Nos convencemos de la existencia de un justo magnetismo que nos guiará, al fin, hasta ese hábitat etéreo. Allí “comenzaremos de nuevo”. Podremos ser quienes queramos ser, quienes siempre hemos querido ser. Haremos todo aquello que nunca nos atrevimos a hacer y nos aseguraremos de no volver a repetir nuestros antiguos errores.
Sin embargo, son muy pocos quienes realmente quieren, pueden o deben emprender esa huida. Decepcionados, combatimos la rutina y el inmovilismo satisfaciendo nuestro anhelo con tímidas mutaciones. Cambiamos de pareja, de amigos, de trabajo o de domicilio. Pero esa revolución acaba convirtiéndose en la forzosa reverberación de una vida anterior.
Lo que plantea Villa Amalia, sin embargo, es un auténtico nuevo comienzo, efectivo e irreversible. Ann Hidden, una pianista quincuagenaria que descubre la infidelidad de su pareja, toma su apellido como sino y, literalmente, se oculta, desaparece. Abandona su vida anterior, borra sus huellas y huye asegurándose de eliminar todo rastro. Ann acomete un viaje de expiación incierto, o, como sabiamente señala Sergi Sánchez, “hace de su destino un folio en blanco”. Se desvanece en el grisáceo París y emerge, finalmente, en el cristalino Mediterráneo, en la Costa Amalfitana. El paisaje volcánico de la isla de Ischia ofrece a esta autoexiliada el anonimato, el sosiego, el vacío. Tal vez, al fin, sea este su destino (en todas sus acepciones).
La cinta de Benoît Jacquot es exigente con el espectador. Su tempo pausado, su montaje fragmentado y su narración sintética genera tantas expectativas como dudas. La extrañeza y la incertidumbre acompañan al espectador durante su seguimiento de la protagonista y, a pesar del buen pulso de Jacquot, el film sería inconcebible sin la magnética presencia de Isabelle Huppert
La actriz francesa encarna en la piel de Ann un hiriente retrato de la ambigüedad. Su apariencia lánguida y frágil contrasta con la fulminante profundidad de su mirada pétrea, mientras que su sensual atractivo difiere de su áspera frialdad.
Tanto Jacquot como su coguionista Julien Boivent son plenamente conscientes de la extraordinaria calidad interpretativa de Huppert, una de las mejores actrices europeas de la actualidad, y escriben un complejo papel a su medida en esta adaptación de la novela de Pascal Quignard. No en vano, Villa Amelia es la quinta colaboración entre el cineasta y la actriz, fruto de la que han nacido films como Ningún escándalo (Pas de scandale, 1999) o La escuela de la carne (L’ecole de la chair, 1998).
Ficha de la película


 

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