EL AURA (2005) de Fabián Bielinsky

EL OJO DEL OBSERVADOR

Maximiliano Curcio
El Aura es para Bielinsky la continuación y la evolución profesional luego de su genial Nueve Reinas. La puerta indudablemente quedaba abierta a una exquisita carrera como realizador que ya marcaba signos de una autoría elaborada y que, con gran lamento y frustración queda trunca por culpa de su inesperada partida. Con El Aura Bielinsky entrega un sólido producto enmarcado en el género policial, con una producción cuidada hasta el más mínimo detalle y eso es lo que la hace una gran película. Desde su puesta en escena, su musicalizacion, su dirección de actores y su narrativa, todo en un contexto que por su paisaje inunda y sumerge al espectador en esos bosques interminables. El film adquiere sin duda un magnetismo muy especial y que atrapa de igual manera -si bien no remiten- al thriller urbano que fue Nueve Reinas con la febril y caótica Buenos Aires como escenario.

Gran merito de Bielinsky es la muy trabajada y elaborada puesta en escena. El sur que muestra la película ambienta al film con una textura cinéfila que explora paisajes salvajes, territorio de ciervos y cazadores que parecen esconder un misterio. Este misterio que alberga el bosque interminable es el facto omnipresente de los miedos, de las obsesiones, de los fracasos y los dilemas morales que como lenguaje cinematográfico impone el film. Narrativamente la historia se centra en este personaje tan intimista, un taxidermista autista, epiléptico que actúa y se mueve con paciencia, con mesura, casi en cámara lenta. En un registro que va más allá de la percepción común, con infinita pasividad embalsama y disecciona animales. Con la misma meticulosidad se obsesiona día a día para planear el crimen perfecto. Con una memoria fotográfica registra cada movimiento, anticipa cada jugada, se sabe un paso adelante del resto y eso lo hace distinto. Pero en su parsimonia es incapaz de devolver un golpe, de levantar la voz, de contraatacar.
Por eso ese reto personal se convierte en una cuestión de coraje, de desafiarse a sí mismo y en esa batalla interna se balancea en seguir al corazón o a la razón. Y en ese instante de duda se define la acción que compromete al destino del film. Como un efecto domino cada acción que toma su personaje lo compromete aun más con el crimen y cada decisión que toma lo hace profundizar aun más en un camino sin retorno que cuestiona su moralidad y su honestidad. Y en ese balanceo el film encuentra sus puntos de inflexión y comienza a fluir, casi sin imperfecciones, sorprende, atrapa, envuelve, crea climas fascinantes. Allí aparece un abanico de personajes que rodea al protagonista y enriquece la historia: un despreciable misógino e infiel taxidermista, una mujer abandonada y perdida en el mundo, un poderoso con poca paciencia e implacable en los negocios, dos ladrones de oficio y un hombre misterioso que acaba de morir llevándose su secreto consigo.
La construcción del personaje de Darin – cuya figura se instituye como garantía de repercusión y éxito internacional inmediato- es brillante. En su intimismo y parquedad logra transmitir todo lo que su personaje vive, siente, percibe y expresa con su mirada tan solo. En este expresionismo controlado que Darin logra hacer evolucionar a medida de su personaje impacta cuadro a cuadro y captura la esencia que tan bien logra transmitir Bielinsky desde el comienzo mismo, que nos adentra en la tan particular psicología de este taxidermista voyeurista que imagina ser protagonista de la vida de otros del cual desconocemos su nombre; el mismo busca su identidad desafiándose permanentemente a animarse a lo imposible de lo soñado.
A lo largo del film aprendemos cada uno de sus movimientos y como se encuentra de cara a una situación en su vida que se le va de las manos más allá de lo calculado. De ahí en mas, y sin perder sutilidad, el film se encamina a terrenos más reconocibles del policial clásico y homogéneo, con características noir de héroes fracasados y maleantes malogrados. El final estará a la altura de lo esperado y quedará abierto en su concepción, librado a la conclusión del espectador sin quitarle brillantez a un film orquestado de forma operística para un despliegue de maestría que va en un crescendo constante. Un orgullo como exponente nacional de cine en estado puro.

 

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