BUSCANDO A ERIC – Looking for Eric (2009) de Ken Loach

ES UN AVIÓN… ES UN PÁJARO... ¡ES CANTONA!

A pesar de que a menudo incurrimos en el equívoco de clasificar como hooligan a cualquier aficionado inglés, es importante discernir entre este término y el de supporter. Mientras el primero, en efecto, responde exclusivamente al perfil de "hincha británico de comportamiento violento y agresivo", según la definición de la RAE, supporter es el equivalente anglosajón de aficionado, seguidor o fan. Buscando a Eric, último film de Ken Loach, es un homenaje a la figura del supporter, ese amante incondicional que venera sus colores domingo tras domingo con inagotable pasión y devoción.

Eric Bishop es un pobre diablo afligido y melancólico que se gana el pan como cartero en Manchester. La vida de Eric es una auténtica ruina y ni siquiera puede permitirse realizar la única cosa que lo haría feliz: ver un partido de su amado Manchester United en Old Trafford, el llamado Teatro de los Sueños.

Depresivo, solitario, desgastado, apagado, nostálgico… Eric trata de consolarse narrando sus desdichas a un póster en tamaño real de la persona por la que más admiración siente en el mundo: el carismático Eric Cantona, quien, tras una noche de marihuana, sale del póster para erigirse en confidente y ángel de la guardia del protagonista.

La prolífica dupla formada por el realizador Ken Loach y su guionista habitual, Paul Laverty, parte de esta singular y ligera premisa para construir una entrañable comedia que apela con calidez, humanidad y optimismo a valores como la amistad, la familia, la camaradería, el compromiso o la esperanza.

Loach y Laverty conciben la amable y peculiar amistad entre los dos Erics para indagar en la naturaleza de las relaciones humanas a partir de factores como la admiración, la autoestima, la pérdida, el arrepentimiento, la fe, la incomunicación, el fracaso, la perseverancia o el aliento.

Buscando a Eric es también una reflexión acerca de la madurez, el envejecimiento y la vitalidad de una cuadrilla de vivarachos quincuagenarios que basan su relación en la unión, apoyo mutuo, la nobleza y la lealtad. Se trata de personajes cercanos, honestos, espontáneos, casi siempre socarrones y a menudo ordinarios. En fin, abueletes de carne y hueso que se empeñan en demostrar que les queda cuerda para rato. Especialmente divertido es el voluntarioso cartero adicto a los libros de autoayuda.

Ken Loach demuestra con esta cinta que, cuando no se pone trascendental, también puede ser deliciosamente entretenido.

Ficha técnica

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