SEMINCI 2009 – DOC-MUSIC


TIEMPO DE MÚSICA
Julio C. Piñeiro
Como en cada edición, la cuidada y variada selección de documentales la podemos encontrar dentro de la sección Tiempo de Historia, aunque esta vez, hay una importante presencia de la música y sus diferentes temáticas.
Historia de un grupo de rock, proyección especial fuera de concurso, es la primera propuesta documental del cineasta vasco Juanma Bajo Ulloa (director de la mítica Airbag o más recientemente Frágil). Todo empezó cuando éste recibió el encargo por parte de Mariano Casanova, cantante y alma del grupo de rock zaragozano Distrito 14, de grabar su último concierto, con el que ponían punto y final a 26 años de carrera. Una carrera con altibajos, de proyección internacional (vemos sus grabaciones y conciertos en EE.UU. o Cuba), nacida dentro del boom de los ’80, pero que nunca llegó a tener ese explosión definitiva a la fama, que sí han tenido otras formaciones a las que, musicalmente, no les tiene nada que envidiar.
Muy pronto, Bajo Ulloa se dio cuenta de que ese concierto, inicialmente previsto para lanzar en DVD junto al último disco, se iba a convertir en una película. La verdad es que alterna diferentes tipos de material a lo largo del metraje, desde el concierto, las entrevistas íntimas y personales, e interesantes imágenes de archivo. El planteamiento adoptado por el cineasta es diametralmente opuesto al del fenómeno Spinal Tap y a todo lo que aquel supuso. La principal premisa del documental es la contraposición del concepto de éxito como realización personal, como el haber hecho lo que uno quería, con respecto a la idea de éxito más extendida en el imaginario occidental, sobre todo en cuanto a la música: superventas, discos de platino o conciertos multitudinarios en todo el mundo, aparte ya de los rancios tópicos del sexo salvaje y promiscuo, las drogas como fuente de energía y el vivir peligrosamente porque sí.

Las características audiovisuales más destacadas son una realización muy particular, presente sobre todo en las entrevistas, donde ‘descompone’ a los entrevistados, a las personas, en pequeños y numerosos planos detalle, como buceando en sus interiores, y de esta manera los testimonios y las anécdotas que éstos cuentan resultan más profundos, cálidos y cercanos. Por otra parte, un hábil montaje, con la base del propio concierto alternado con las entrevistas y con el material de archivo, que va logrando una emoción progresiva, llegando a un clímax, el final del concierto, equiparable al que se produce al ver al “olimpo” de los músicos en el número final de El último vals, de Martin Scorsese.
En definitiva, Historia de un grupo de rock es un homenaje a Distrito 14, y por extensión a todos esos grupos que suenan en la radio, nos resultan agradables, pero no identificamos, que les ha faltado un pequeño empujón para alcanzar la celebridad, pero que ni mucho menos carecen de éxito, ya que han hecho realmente lo que han querido y lo que les ha gustado. El propio Juanma Bajo Ulloa afirmaba que, de alguna manera, está dialéctica está también presente en su carrera de cineasta, en la que ha habido grandes momentos y también lagunas, pero que nunca se ha entregado realmente a la industria y a los cánones que esta impone, siempre ha preferido realizar sus proyectos personales, lo que le gustaba. No ha hecho todo lo que ha querido, pero sí ha querido todo lo que ha hecho. ¿Acaso no es mejor este éxito que la fama?
It might get loud supone la consagración de su director, David Guggenheim, ganador del Oscar en 2007 por el documental Una verdad incómoda, que con las series de TV ha tenido la cal (Deadwood) y la arena (el inexplicable remake de Melrose place), y sus largometrajes (Rumores que matan, Grace) no terminaron de convencer.
Para esta ocasión, el cineasta juntó a tres de los mejores guitarristas de la historia del rock: Jimmy Page (Led Zeppelin), The Edge (U2) y Jack White (The White Stripes y actualmente The Dead Weather), tres generaciones, tres estilos, tres propuestas bastante diferentes entre sí, pero al fin y al cabo, tres virtuosos con interesantes puntos en común. Con ellos organiza una ‘cumbre’ intimista de la guitarra, y mete a los tres dentro de un viejo almacén con sofás y amplificadores.
Se trata del relato de la búsqueda de un sonido inigualable y personal, de llegar a conseguir que el espectador escuche lo que ellos escuchan en su mente. A la hora de buscar su propia senda, si fijaron en lo que había en la época en la que empezaron, se intentaron quedar con lo que les gustaba, pero sobre todo, lo que tenían muy claro era lo que no les gustaba, a lo que no se querían parecer. Page huyó a toda costa del pop meloso imperante en los ’60, The Edge se desmarcó de los solos interminables y megalómanos característicos de los ’70 y White manifestó su aversión por el predominio del bajo de mediados de los ’80.
El director se sirve de material muy variado (imágenes de archivo, situaciones creadas y hasta animaciones), y construye un puzzle con las filias y fobias de estos virtuosos, haciendo hincapié en sus fantasmas personales. Es indescriptible la sensación de Page cuando viaja de nuevo al lugar donde compuso Stairway to Heaven, el arraigo que el conflicto irlandés tiene en las entrañas de The Edge (germen de la mítica Sunday bloody sunday) o la obsesión enfermiza por la música que asola a Jack White desde niño, como se puede ver en la animación que recrea la ‘habitación-estudio’ que se montó en su temprana adolescencia.
La experimentación e innovación continua de Jimmy Page, la búsqueda minuciosa del sonido perfecto de The Edge y la actitud punk constante de Jack White confluyen en un soberbio clímax final, esa jam-session en la que acaban tocando juntos un tema ideal para la ocasión: The Weight, de The Band: ¿os suena?
Destacar asimismo otras interesantes propuestas, como El sistema, documental de los alemanes Paul Smaczny y Maria Stodtmeier, en la línea de El milagro de Candeal de Trueba, que nos lleva a las escuelas de música creadas por José Antonio Abreu en las zonas desfavorecidas de Caracas, cambiando la vida de miles de niños. Y Pianomania: en busca del sonido perfecto, en el que los también alemanes Robert Cibis y Lilian Franck nos traen a la luz una figura siempre anónima pero imprescindible: la del afinador de piano, con su minuciosidad y perfeccionismo sin parangón.
 

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